La importancia de la protesta I PARTE

Jeremy Corbyn

El derecho a protestar, el derecho a la libertad de expresión y el derecho a ser escuchado son absolutamente esenciales en cualquier sociedad democrática. Por eso, estos derechos están claramente consagrados, tanto en la Declaración Universal de Derechos Humanos como en el Convenio Europeo de Derechos Humanos.

La historia de Gran Bretaña es en sí misma una historia de protestas, protestas que provocaron cambios fundamentales que han dado lugar a nuestra constitución única. Somos el único país del mundo que ha tenido una forma de gobierno continua durante más de mil años, y son las protestas las que han marcado grandes cambios en nuestros acuerdos constitucionales. Quizás las más significativas fueran las revueltas campesinas de 1381. La Guerra Civil inglesa, en la que las fuerzas de la monarquía quedaron derrotadas de forma decisiva, provocó asimismo la separación fundamental de poderes entre la Corona y el Parlamento, y el derecho del Parlamento a prevalecer sobre el rey, a lo que siguió la Carta de Derechos [Bill of Rights] de 1688.

Posteriormente, las grandes manifestaciones contra el poder abrumador del ejecutivo frente a las comunidades de la clase trabajadora que se levantaron a finales del siglo XVIII y principios del XIX constituyeron un factor importante en el desarrollo de nuestra economía. Entre los ejemplos más destacados se encuentran la matanza de Peterloo de 1819, los levantamientos que tuvieron lugar en las zonas mineras del noreste, en las comunidades mineras de Shropshire y, por supuesto, los numerosos levantamientos que tuvieron lugar en el sur de Gales durante ese mismo periodo. Todos ellos los impulsaron personas que reclamaban su derecho a ser escuchadas y su derecho a la libertad de expresión, y de hecho contribuyeron a acelerar la Gran Ley de Reforma de 1832.

Las manifestaciones cartistas de mediados del siglo XIX fueron también un ejemplo sorprendente del poder de la protesta popular para provocar cambios políticos significativos. De hecho, todas las reivindicaciones de los cartistas se cumplieron en un plazo de setenta años, salvo su petición de elecciones parlamentarias anuales. Por lo tanto, el derecho a la protesta está hoy consagrado en las leyes, y las grandes protestas, como las de las sufragistas antes de la Primera Guerra Mundial, se veneran hoy como ejemplos emblemáticos del poder popular para provocar cambios.

Las líderes de las sufragistas son hoy ensalzadas como heroínas nacionales. Con la legislación antiterrorista que propone el Gobierno habrían acabado en la cárcel por sus acciones. Creo que nuestra ministra del Interior debería reflexionar un momento sobre la historia de este país: cómo lograron las mujeres el derecho al voto y cómo llegamos a los procesos democráticos que disfrutamos.

Una vida de protestas

He participado en muchas protestas a lo largo de los años. Son demasiadas para mencionarlas en un solo artículo como este, pero algunas protestas destacan por encima de las demás. Una de ellas tuvo lugar en El Salvador en la década de 1980. Había viajado hasta allí como parte de una delegación en solidaridad con los sindicatos salvadoreños en su manifestación del Primero de Mayo. Los organizadores tuvieron la amabilidad de confeccionar una pancarta para nuestra pequeña delegación —«Solidaridad de los británicos con el Pueblo de El Salvador»— y nos la dieron para que la desplegáramos. Era una pancarta muy ancha que ocupaba toda la calle. Me pareció un poco exagerado, pero insistieron. Así que llevamos la pancarta hasta el final de la manifestación para sumarnos mostrando nuestro apoyo. Entonces los organizadores se acercaron corriendo y nos dijeron: «¡No, no, tienen ustedes que ponerse delante!». Yo protesté diciendo que éramos invitados, que estábamos allí en solidaridad, que no estábamos allí para encabezar la marcha. Pero ellos insistieron diciendo: «Está aquí la policía. Probablemente disparen contra nosotros, pero lo probable es que no tiren contra ustedes. ¿Podrían situarse en la cabeza de la manifestación, por favor?». Y eso fue lo que hicimos.

Desde entonces he participado en muchas protestas. Muchos lectores de Tribune recordarán protestas estudiantiles sucedidas a lo largo de los años (en muchas de las cuales he tomado parte), que a menudo tenían que ver con la pobreza estudiantil y, más recientemente, con las tasas de matrícula. John McDonnell, yo mismo y otros colegas del grupo Campaña Socialista del Parlamento nos sumamos a todas esas protestas mucho antes de que yo me convirtiera en líder del Partido Laborista. Y como líder del Partido Laborista, apoyé asimismo las protestas, sobre todo las manifestaciones de los médicos en formación y su conflicto con el gobierno de entonces por sus pésimas condiciones salariales y laborales.

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