Juventud perdida

De acuerdo con reportes médicos recientes, cada semana se atienden en promedio hasta tres casos de intentos de suicidio en Tuxtla Gutiérrez

Cinthia Ruiz/ Diario de Chiapas

Los intentos de suicidio entre adolescentes y adultos jóvenes se han convertido en una señal de alerta para el sector salud en Tuxtla Gutiérrez.

 De acuerdo con reportes médicos recientes, cada semana se atienden en promedio hasta tres casos, principalmente en personas menores de 18 años y jóvenes de entre 18 y 30 años, una tendencia que refleja problemáticas profundas vinculadas al entorno social, familiar y emocional.

La mayoría de los casos corresponde a adolescentes de entre 13 y 17 años, así como a jóvenes adultos, quienes presentan antecedentes de conflictos en su contexto inmediato, dificultades emocionales persistentes o padecimientos psicológicos previos. En varios de estos casos, los pacientes ya se encontraban bajo tratamiento médico o psicológico, lo que evidencia la complejidad del problema y la necesidad de un acompañamiento integral y constante.

El doctor Javier Arturo Sánchez, director médico de la Cruz Roja Mexicana en Tuxtla Gutiérrez, señaló que la forma más común de intento de suicidio es la intoxicación por fármacos. Entre las sustancias más utilizadas se encuentran medicamentos de uso cotidiano, como el paracetamol, hasta otros que pueden provocar daños sistémicos severos. También se han atendido pacientes con lesiones en muñecas y, en casos más graves, intoxicaciones por sustancias agroquímicas, como herbicidas.

En el ámbito clínico, se ha identificado que gran parte de los pacientes presenta trastornos de ansiedad generalizada en fase de crisis, condición que, sin una atención oportuna, puede escalar rápidamente a conductas de alto riesgo. Especialistas advierten que estas crisis no suelen surgir de manera aislada, sino que están relacionadas con presiones sociales, conflictos familiares, problemas escolares, violencia o situaciones de abandono emocional.

Ante este panorama, personal médico subraya la importancia de detectar señales de alerta, fortalecer la atención en salud mental y promover redes de apoyo tanto en el hogar como en las escuelas. La prevención, coinciden, no solo depende de la atención hospitalaria, sino de una respuesta social que permita escuchar, acompañar y atender a tiempo a quienes atraviesan crisis emocionales, antes de que estas se traduzcan en intentos que pongan en riesgo su vida.

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