¿Es en serio? Salgado en el catálogo de hombre ejemplar o de los innombrables?

¿Es pertinente un homenaje a Félix Salgado Macedonio? La propuesta ha generado desconcierto en diversos sectores, sobre todo al plantearse su reconocimiento junto a figuras históricas como Lucio Cabañas, Genaro Vázquez y Juan García Costilla. En un contexto político y social complejo como el de Guerrero, la decisión invita a examinar con detenimiento qué criterios se utilizan para distinguir trayectorias públicas.

Salgado Macedonio ha tenido una presencia sostenida en la política guerrerense y nacional. No obstante, también ha estado rodeado de controversias relevantes. Más allá de afinidades partidistas, es indispensable analizar si su legado —aún debatido— es compatible con un homenaje institucional. Su trayectoria reciente, marcada por disputas internas, acusaciones públicas y la percepción de prácticas de nepotismo, abre cuestionamientos sobre la coherencia de tal reconocimiento.

Uno de los puntos más sensibles son las denuncias de violación sexual que, aunque no han derivado en sentencias y en algunos casos fueron archivadas o consideradas prescritas, continúan siendo motivo de debate público. El hecho de que estos procesos no hayan avanzado judicialmente no elimina su impacto social ni la responsabilidad de valorar éticamente la figura del homenajeado, sobre todo en un país donde la violencia de género es un problema estructural.

Otro aspecto relevante es la dinámica política en Guerrero. Salgado ha sido candidato a la gubernatura en varias ocasiones y, aunque no logró consolidar su aspiración, su influencia en la vida política del estado es innegable. La llegada de su hija a la gubernatura, Evelyn Salgado, alimentó sospechas de continuidad política familiar, lo que algunos interpretaron como contradicción respecto a los compromisos públicos de combatir el nepotismo. Este elemento, más que un señalamiento moral, plantea interrogantes sobre la congruencia institucional y la claridad en la separación de intereses personales y funciones públicas.

Además, en un territorio donde la violencia es persistente y los actores públicos suelen estar bajo constante escrutinio, cualquier figura política cargada de controversias requiere un análisis particularmente riguroso antes de recibir un reconocimiento oficial. Las instituciones que proponen estos homenajes deberían asegurar que sus decisiones se basen en criterios transparentes y en valoraciones históricas amplias, no únicamente en vínculos coyunturales.

Si bien es posible que parte de la comunidad universitaria o política considere que Salgado Macedonio ha aportado a la vida pública del estado, también es válido preguntarse si dicho aporte es suficiente —y suficientemente claro— como para colocarlo en el mismo nivel simbólico que otras figuras cuya trayectoria se reconoce más ampliamente por su lucha social o su contribución histórica.

Un homenaje público no solo reconoce a una persona; también envía un mensaje sobre los valores que una institución pretende destacar. Por ello, antes de concretar decisiones de este tipo, conviene evaluar con profundidad las implicaciones éticas, históricas y sociales. De otro modo, se corre el riesgo de trivializar tanto el reconocimiento como la historia de quienes han dedicado su vida a causas colectivas de manera incuestionable.

Quizás en su momento el ahora senador y frustrado aspirante a gobernar Guerrero haya sido un verdadero líder de izquierda; pero lo que es ahora es, simplemente, de acuerdo con los hechos que lo rodean y que son públicos, asentados en cientos de miles de páginas de medios impresos, revistas y medios electrónicos, un hombre sin criterio, ambicioso, que, a pesar de su edad, busca de nuevo heredar el timón del gobierno que ha sido manchado por la sublevación guerrillera y que hoy es dominado por grupos delincuenciales.

Además, es un adversario de la presidenta de la República al no acatar la disposición que en su momento hizo Claudia Sheinbaum, de que el nepotismo quedaba atrás. Y aunque la mayoría del Congreso de la Unión aprobó que se aplicara hasta 2030, Macedonio se mueve como pez en el agua, sin moral por delante, para heredar la corona que hoy ostenta su vástago.

¿O no es grotesco que un personaje de la política que ha sido relacionado con grupos criminales de Guerrero sea próximamente homenajeado como un héroe, teniendo bajo su sombra acusaciones serias que lo convierten en un hombre de “bajos instintos”?

Ejemplos de ello hay varios. En diciembre de 2016, una mujer —cuyas iniciales son J.D.G.— que trabajó con Félix Salgado Macedonio en el periódico La Jornada Guerrero, presentó una denuncia penal en su contra ante la Fiscalía por el delito de violación agravada. B.C.M., otra de las agraviadas, denunció haber sido violada hace más de dos décadas, tiempo que le favoreció al senador porque la Fiscalía dijo que el hecho había prescrito.

De acuerdo con su declaración ministerial, “la mujer contó que fue violada por Salgado Macedonio en 1998, cuando era candidato a gobernador por el PRD por segunda ocasión. En ese entonces —declaró la mujer— era menor de edad, tenía 17 años”.

Marxitania Ortega, escritora, no se guardó nada y selló su denuncia pública diciendo que, en una presentación de su novela en el Centro Cultural Acapulco, Salgado, estando ebrio, se acercó a ella de la peor manera, lasciva, con un abrazo impropio, por decir lo menos. “¿Saben ustedes qué se siente en momentos así? Mucho asco”.

Si, aun así, con esta negativa trayectoria —sin detallar todo lo que en aquella entidad se cuenta de él—, es reconocido como un hombre ejemplar, no cabe duda de que estaríamos despidiendo los ejemplos de trayectorias honrosas y transparentes, para dar paso a reconocer a hombres y mujeres que, más que recibir honores, deberían estar escritos en el catálogo de los innombrables.

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