Marco Alvarado / Diario de Chiapas
Al menos 269 especies de plantas vasculares endémicas de Chiapas se encuentran en alguna categoría de riesgo, según la NOM-059-SEMARNAT-2010.
Principalmente por saqueo y tráfico ilegal, las orquídeas, cícadas y bromelias encabezan la lista, al ser plantas de gran belleza o rareza, para las que existe un mercado negro.
Si bien hay esfuerzos importantes en el Jardín Botánico “Dr. Faustino Miranda” en Tuxtla Gutiérrez para la reproducción de estas especies, y la Reserva de la Biósfera El Triunfo actúa como el último gran refugio para muchas de ellas, estas especies están en la mira de los extractores, a tal punto que muchas están en el más alto riesgo de peligro de extinción o en peligro crítico.
Las cícadas encabezan la lista, que se caracterizan por tener un tronco robusto y hojas similares a las de las palmeras o helechos, produciendo conos en lugar de flores.
Se les considera auténticos fósiles vivientes, ya que su origen se data en 280 millones de años, es decir, ya existían durante la era de los dinosaurios.
Este grupo es de los más amenazados, debido a su crecimiento extremadamente lento y su alto valor en el mercado negro.
La palma cícada chiapaneca, endémica de la Sierra Madre, está en peligro crítico, debido a su distribución restringida.
Al igual que otra planta de aspecto primitivo: la ceratozamia mirandae, que se localiza en áreas muy específicas de la Depresión Central y la Sierra Madre.
Ceratozamia norstogii es una de las cícadas más raras y buscadas por coleccionistas, limitada a bosques de pino-encino en zonas muy reducidas.
La Orquídea tigrillo de las nubes está considerada en peligro de extinción, y sólo habita en los bosques de niebla, un ecosistema que está desapareciendo rápidamente.
De las palmas camedor, la chamaedorea glaucifolia, una palma muy estilizada y codiciada para ornato, aparece en la lista.
La depredación humana incluso pone en riesgo de extinción a la lacandonia schismatica, una de las plantas más extrañas del mundo, ya que tiene los órganos sexuales invertidos.
Su riesgo es máximo por ser microendémica de un área pequeñísima en la Selva Lacandona; cualquier cambio en su entorno podría extinguirla para siempre




