Eduardo Ruiz-Healy

Drogas en México, dinero en EEUU y armas en Europa

En junio de este año fueron arrestados cuatro mexicanos en la República Checa. El Departamento de Justicia de Estados Unidos (DJ) asegura que los cuatro son integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y que negociaban ese país europeo la compra de ametralladoras, lanzagranadas, morteros y cartuchos para llevarlos a México y usarlos contra rivales, policías, militares y civiles.

Dos eran enviados de altos mandos del CJNG, uno operaba un laboratorio de fentanilo en México y el cuarto era un traficante de drogas y armas. Las negociaciones comenzaron en febrero y continuaron luego de la muerte de Nemesio Oseguera, El Mencho, ocurrido ese mes, según el DJ y la DEA. La red del cártel internacional continuó operando sin su fundador y líder principal, lo que demuestra su solidez estructural.

No sólo llama la atención el armamento. También la forma de pago: fentanilo y metanfetamina que envíe a EEUU. El camino era global. Drogas hechas en México, vendidas en Estados Unidos para comprar armas en Europa que acaban en México.

Hace años, Europol y la DEA descubrieron algo de lo que Chequia es el último episodio. Las organizaciones criminales mexicanas trabajan en red con las europeas para traficar cocaína y metanfetaminas, fabricar estupefacientes sintéticos y transportar dinero. Un hombre buscado por los Países Bajos por supuesta coordinación en territorio neerlandés de la producción de drogas para organizaciones mexicanas fue detenido en Colombia en 2023. Las investigaciones le atribuyen la posesión de 2,5 toneladas de metanfetamina y el envío de 20 millones de euros a México y Colombia.

El crimen transnacional tiende cada vez más a ser una red de servicios. Un grupo controla un puerto, otro transporta, otro produce, otro distribuye, otro consigue las armas y otros blanquean las ganancias delictivas.

La UE calcula que el crimen organizado maneja unos 139.000 millones de euros al año. De ese dinero, una parte debe ocultarse o ir a la economía formal. Europol calcula que el 86% de las redes criminales más peligrosas utilizan negocios legales y reconoce que existen lavadores profesionales que venden sus servicios a delincuentes. Sin embargo, Europa apenas incauta alrededor del 2% de las propiedades que proceden del crimen.

En el lavado de dinero participan abogados, contadores, asesores financieros, corredores de bienes raíces y empresarios dispuestos a ocultar el origen o el beneficiario final del dinero, porque una estructura financiera de ese tamaño requiere amplios conocimientos que no se improvisan.

El CJNG no necesita tomar Rotterdam, Amberes o Praga. Busca que alguien le transporte una mercancía, le monte un laboratorio, le consiga armas o le blanquee dinero, a cambio de una comisión. Si se cae una pieza busca otra. Por eso, no basta con atrapar a los capos, sicarios y operadores.

El caso checo origine preguntas: ¿Quién autorizó la compra de ese armamento? ¿Para qué querían los lanzagranadas y los morteros? ¿Y cómo pensaban llevarlos a México? ¿Quién sería el que financió y ocultó las operaciones?

El CJNG ya no es sólo un cártel mexicano. Forma parte de una economía criminal global donde las drogas son el producto principal, las armas un bien de consumo, el lavado de dinero un servicio y las fronteras un obstáculo logístico.

Twitter: @ruizhealy

ruizhealytimes.com

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