El INE, con Taddei, hunde la democracia
El Instituto Nacional Electoral (INE), desde finales del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, ya tenía delineada una forma de operar ligada al partido en el poder. Para ello trabajó durante mucho tiempo el expresidente, quien se encargó de hacerle la vida de cuadritos al entonces consejero presidente, Lorenzo Córdova Vianello. Este resistió los embates, pero ya no pudo hacer nada cuando concluyó el periodo para el que fue designado, en 2023.
Desde entonces, la resistencia que había mostrado el INE como contrapeso frente a los ataques provenientes de Palacio Nacional —expresados en las conferencias mañaneras y secundados desde el Poder Legislativo— terminó por doblegarse. Los hechos así lo indican. Más allá de los resultados obtenidos en las urnas, el mayor golpe a la democracia fue la postura que asumieron los consejeros, encabezados por Guadalupe Taddei, al aprobar lo que muchos consideran una aberrante decisión: la sobrerrepresentación con la que hoy México es gobernado por un solo partido. Según la oposición, ello encamina al país hacia una forma de gobierno cercana a la dictadura o la tiranía.
Esto último podría no concretarse; es decir, podría quedarse en una advertencia. Sin embargo, las señales que se observan en la práctica son un llamado para que la ciudadanía tome cartas en el asunto y acuda a las urnas en 2027, con el fin de desarticular la actual configuración legislativa, que impide la existencia de contrapesos en el ejercicio del poder.
Recientemente concluyó la gestión de tres consejeros del INE, lo que abrió la puerta a cientos de aspirantes que buscan integrarse a este órgano colegiado, cuya obligación es actuar con imparcialidad. No obstante, dado que la mayoría de sus integrantes son afines a Morena, la democracia, según esta visión, se encuentra comprometida.
Hoy se sabe que el 10 por ciento de los 395 aspirantes que concluyeron satisfactoriamente su registro presenta perfiles cercanos a la autodenominada Cuarta Transformación (4T). Algunos han ocupado cargos públicos o mantienen vínculos con figuras políticas de Morena. Diversos medios han señalado que entre estos perfiles podrían surgir quienes disputen los cargos de consejeros electorales.
Por ello, más que enumerar nombres, resulta relevante cuestionar si su desempeño se apegará a los principios de ética e imparcialidad necesarios para abordar los temas fundamentales que sostienen la vida democrática.
La duda, sin embargo, prevalece por encima de cualquier postura que pueda expresarse en este espacio. Incluso al interior del propio INE, algunos consejeros no afines al oficialismo advierten que, bajo la presidencia de Guadalupe Taddei, el instituto se debilita y se encienden alertas sobre un posible giro autoritario.
El consejero electoral Jaime Rivera Velázquez, cuyo encargo concluyó el pasado 4 de abril, ha señalado que no desea “ser ave de mal agüero ni profeta”, pero sí manifiesta su preocupación por “varios signos de regresión” hacia un sistema de poder autoritario en México, que evocaría prácticas electorales propias de la década de 1980.
En los hechos, su advertencia no parece infundada. Se vislumbra un escenario en el que los partidos de oposición tendrían dificultades para competir en condiciones equitativas, incluso si lograran triunfos en las urnas en 2027.
Ejemplos no faltan: desde la reciente decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de rechazar el análisis de la impugnación contra los llamados “súper poderes” de Guadalupe Taddei en el INE, hasta el uso del llamado “acordeón” en procesos de votación para la elección de integrantes del Poder Judicial, considerado por algunos como una de las prácticas más graves en materia de irregularidades electorales.
La autonomía del INE, por la que tanto se luchó, hoy parece estar a la deriva. La mayoría de los consejeros con afinidad a Morena no muestran, desde esta perspectiva, rasgos de objetividad e imparcialidad, sino de subordinación al partido en el poder.
La democracia parece encontrarse al borde del abismo y, salvo un cambio significativo, la ciudadanía podría terminar por acostumbrarse —como algunos consideran que ya ocurre— a no intervenir, opinar o protestar frente a las decisiones de las mayorías en los poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo.
Conforme se acerque la próxima elección, la actuación del INE y de los órganos electorales “autónomos” de la federación permitirá confirmar si lo aquí expuesto es una exageración o, simplemente, parte de la realidad que nos ha tocado vivir.




