EDITORIAL

Pese a la inclusión, las neurodiversidades siguen en el olvido

Dentro de las minorías y grupos vulnerables, aquellos que son considerados neurodivergentes: miembros de la comunidad autista, o diagnosticados con TEA o TDHA, siguen enfrentando múltiples barreras, no solo de discriminación, intolerancia, sino prejuicios hacia sus conductas.

Si bien los sectores públicos y privados han establecido los denominados “espacios azules” y realizan campañas sobre la concientización del autismo, los otros neurotipos siguen siendo desconocidas y son tomadas como conductas antisociales.

Basta con revisar las estadísticas educativas y los reportes, cuando esos denominados “niños problema”, que fueron diagnosticados con una neurodiversidad de manera tardía, son excluidos por los programas escolares, considerados los raros y muchas veces son propensos a recibir el denominado “bullying”.

Entonces, esta diferencia al no ser nombrada, fue motivo para prejuicios y escarnio por parte de la sociedad y gobiernos. Para hablar de inclusión, sobre todo para enunciar a las minorías y sus diversidades, es preciso que se practique la tolerancia.

Hoy, 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, la cual fue instaurada en el año 2007 por la ONU. Si bien en los noventa estos trastornos estaban siendo nombrados clínicamente a finales de los años ochenta y resto de los noventa, sus estudios, diagnósticos, avances y concientización, tomaron forma en lo que va del siglo XXI.

 Pero, estos padecimientos han existido a lo largo de la historia, lo malo es que fueron considerados como rasgos de locura, maldición o como parte de algo “profano” o “hereje”; por ello, en el pasado aquellos que eran parte de esa comunidad, sufrieron los inconvenientes de una sociedad que no los nombraba o entendía, al igual que el resto de las minorías o grupo vulnerables.

Claro, esta situación hoy en día no ha cambiado, tan solo basta revisar los testimonios de quienes pertenecen a esa comunidad, y la forma en que han afrontado los diferentes tipos de violencia a los que han estado expuestos.

Eso sin contar a los familiares de infancias o cuidadores, quienes también en muchos aspectos terminan sufriendo la violencia que la sociedad ejerce hacia ellos: resulta incómodo y lamentable que las maternidades neurodivergentes hayan sido parte de las estadísticas lamentables del feminicidio: lo sucedido con Luz Raquel Padilla y Joceline Tapia, demuestran la fragilidad a la que están atenidas las madres cuidadoras de estas infancias vulnerables.

La intolerancia que persiste entorno al desconocimiento de estos neurotipos, va a perpetrar estas formas de violencias y discriminación; no bastante con hacer campañas o marchas azules, sino se sigue concientizando sobre ese problema.

Curiosamente, la actual legislatura del Congreso del Estado de Chiapas, ha realizado las gestiones para la denominada Ley Autista, si bien ya es un avance presentarla y hasta cierto ya ha planteado protocolos educativos, psicológicos o clínicos, la realidad es otro, ya que ciertas barreras o dogmas persisten entorno a esa comunidad.

En esta fecha, no basta con subirse al tren “azul”, si en la práctica se sigue discriminando no solo a las personas con autismo, sino a los otros neurotipos, mismos que son discriminados bajo conceptos arcaicos.

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