La eutanasia no es un asunto ético sino se hace justicia
La eutanasia como el aborto, ya no deben ser vistos como asuntos morales y religiosos, sino como planteamientos éticos y de justicia.
El caso de la española Noelia Castillo, a simple vista puede abrir el debate de la bioética sobre el uso de la eutanasia, como una muerte voluntaria y digna en cierta forma, pero los hechos que llevaron a esta chica al suicidio, deberían ser lo cuestionable, no el uso de ese método para una muerte voluntaria.
Claro, sectores conservadores y la misma sociedad española que peca de arcaica con su tradición católica, condenó la decisión de esta chica, que por omisiones de la justicia y el prejuicio de la misma sociedad la llevaron al suicidio, que al final de cuentas la llevaron a perder la movilidad y estar condenada a una silla de ruedas.
Los intentos de quitase la vida, orilló a esta chica a solicitar a la justicia la eutanasia, a lo que el padre de esta se opuso y llevo esta situación ante juzgados, hasta que finalmente las autoridades le dieron al veredicto a Noelia, misma que hace poco recibió la eutanasia.
Claro, los puritanos podrán condenarla hasta tratarla de pecadora, pero lo cierto es que esta decisión de la chica, es una falla de la sociedad que, primero lo juzgó cuando fue violentada y peor, aún, cuando la justicia pudo condenar a sus agresores la abandonó: por ello, esas situaciones injustas orillaron a que ella, siendo tan joven perdiera las ganas de vivir.
Entonces, la decisión de Noelia es un fracaso de por parte de la sociedad española, que no la protegió y menos la defendió cuando pudo hacer justicia.
Aquí no puede debatirse si la eutanasia es ética o no, si lo que llevó a esta decisión fue un fallo garrafal; tampoco, pueden entrar argumentos religiosos sobre si el suicidio o no es un pecado, sobre todo si esas instituciones juzgan a la víctima por un crimen que le perpetraron.
Ahora bien, que la Iglesia condene los asuntos de la bioética y el aborto, solo nos deja en claro que dicha institución, que mucho tiempo estuvo a cargo de las leyes y la moral, hoy en día su opinión solo es una ornamenta espiritual y ni siquiera es tomada en cuenta para las grandes decisiones del mundo. No es de extrañar, que condene estos actos, ya que la decisión sobre el cuerpo de uno es personal, no es propiedad de una instancia religiosa que tanto daño le ha hecho a la humanidad.
Otro punto a considerar, es que la sociedad sin importar la nacionalidad sigue juzgando a las víctimas, cuando el prejuicio y desdén recaer en quienes perpetraron esos hechos atroces: en los violadores y abusivos, hacia ellos debe centrarse las condenas, no en los inocentes.
La violencia sexual deja grandes heridas psicológicas a quienes la padecen, y esto se agrava cuando la justicia es nula, es impune y si se le suman los prejuicios de gente arcaica, los suicidios y demás situaciones continuarán.
Chiapas y México no están exentos de estos casos: tan solo basta recordar el feminicidio de Mariana “N” hace cinco años, quien durante sus prácticas profesionales como estudiante de la Facultad de Medicina de la UNACH, fue víctima de hostigamiento sexual, y cuando denunció esto ¿Qué hicieron las autoridades educativas? Permitieron que el abusador continuara sus labores, lo que llevó a que esta chica se quitará la vida.
Ambos casos, el de Noelia y Mariana mostraron la vulnerabilidad a la que están atenidas las mujeres, sobre todo cuando enfrentan violencia sexual: enfrentar la ineptitud del sistema judicial, el prejuicio de la sociedad que vanagloria y premia al violentador, y la soledad por el siniestro.




