EDITORIAL

El arribo de la caravana migrante no es del agrado de los connacionales

No debemos descartar la aversión y desprecio de los propios chiapanecos y mexicanos hacia las personas en el contexto de movilidad. A pesar de que nuestros paisanos sufren el racismo allá en Estados Unidos, no los exime de que ellos mismos ejerzan la xenofobia y discriminación.

La reciente nueva caravana migrantes que arribó hace unos días desde Tapachula, para dispersarse por el territorio mexicano, mismo que ha sido reforzado por ciertos lideres migrantes, ya que acceder a Estados Unidos resulta imposible, ya sea por las deportaciones ya impuestas o porque a muchos migrantes les resulta más lucrativa transitar por territorio mexicano.

Esta situación, desde luego ha generado mucha molestia por los propios mexicanos, mismos que han visto el tema de las movilidades sociales como un problema de salud pública y de inseguridad; basta ver como ciertas colonias acá en Tuxtla y Tapachula, al ser un centro donde estos grupos humanos se han asentado, han sido señalados como lugares inseguros o focos de infección.

Sumado a este desencanto, en redes sociales circulan noticias falsas sobre que el gobierno de México, con los programas de viviendas dignas, dará morada a la población migrante: esto desde luego es falso, son “fake news” que vienen circulando tiempo atrás, pero sirven para medir el odio y la furia de los paisanos hacia los migrantes, sobre todo cuando expresan que “porque primero a esos migrantes, y no ve las necesidades de los mexicanos”.

Recordemos que el actuar del gobierno mexicano, acorde a la Doctrina Estrada, de hermanar a los pueblos del mundo y ser solidarios, no es del todo del agrado de cierto grupo político, es especial de la oposición, misma que ve en los venezolanos, cubanos y demás connacionales latinoamericanos, un reflejo de lo que es México, vertiendo un desprecio y clasismo, donde señalan la miseria humana es una moneda de conveniencia.

Al parecer la migración tiene serios problemas y privilegios de clases: mientras al blanco occidental le aplauden su presencia en el país, augurando que la adquisición de bienes y servicios traerá consigo mejoras, sin tener en cuenta que su presencia gentrifica los barrios y despoja a las comunidades; cuando los asentamientos son dados por personas provenientes de países menos favorables que México, rápidamente se les señala de invasores y que su presencia proliferará el hampa.

Por ello, que el gobierno de la Cuarta Transformación brinde ayuda a migrantes venezolanos y cubanos, respectivamente, es una garantía de discursos de odio, que se replicarán con noticias falsas, amenazando con una invasión de estos al territorio mexicano.

De cierta manera, el propio mexicano es racista y clasista que el norteamericano que votó por Donald Trump; eso sí, cuando la cacería de brujas por parte de ICE y demás acciones de dicho mandatario se ponen férreas, eso sí todos somos “latinoamericanos” o peor aún, “Made in México”.

Ahora bien, el actuar de los migrantes con la sociedad mexicana hasta cierto punto ha sido hostil: las redes sociales han permitido la proliferación de vídeos, declaraciones o dichos de los migrantes que “exigen” muchos privilegios sobre los propios mexicanos ¿Acaso olvidamos aquellos primeros vídeos de una migrante hondureña que desprecia la comida mexicana, insinuando que merecían algo mejor? O, como bien documentan en la frontera sur y en el Soconusco, a los migrantes les conviene mejor establecerse en México, pese a las lentitudes burocráticas, al menos tendrán una mejor vida de la que tenían en su país de origen.

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