Editorial

Que te coman el mandado en tus deberes, que pena ajena

Las recientes declaraciones de la diputada presidenta del Congreso de Chiapas, Alejandra Gómez Mendoza, acerca de la inoperancia y falta de voluntad de la diputada Sahara Munira para atender la Comisión de Feminicidios, como bien dicen: “da pena ajena”.

Como hemos documentado, la reciente legislatura está sumando esfuerzos, no solo por parte de las diputadas y diputados que encabezan la coalición “Haremos Historia” (con excepciones deshonrosas, como es el caso de los herederos del rutilismo) al igual que la oposición, de sacar adelante iniciativas de ley que mejorarán y darán certeza legal a los grandes proyectos de Chiapas, más aún esas que estaban en la congeladora en legislaturas pasadas.

Pero, nos topamos con una realidad, más aún con el tema de que la violencia de género, los feminicidios y los retrasos legislativos para la comunidad LGBTQ+ ¿Qué se está haciendo? Nada, al menos por parte de la diputada que encabeza dicha comisión, la mencionada Sahara Munira.

Precisamente, en la declaración que hizo la diputada presidenta, acerca de que su compañera “no tiene voluntad”, nos deja entrever como ciertas usurpaciones no contribuyen y perjudican a quienes deberían ser representados.

Lo más destacado de las declaraciones de la Alejandra Gómez Mendoza, es como asumió la responsabilidad de quien debería hacerse cargo; en este sentido, mencionó que previamente se dialogó con Sahara para ver la forma de moverla a una comisión en la que estuviera más cómoda, lo cierto es que no hizo nada y otros diputados y diputadas están haciendo su chamba, aun perteneciendo a comisiones ajenas.

Para ponernos en contexto, hay que mencionar el caso de la diputada Luz María Castilla, quien llegó al Congreso del Estado por la vía plurinominal, representando a las personas con discapacidad, pero desde que asumió el cargo ha realizado foros, consultas y se ha encargado de dar visibilidad y voz a quien representa; por eso es importante que estos escaños sean tomados por personas que representen a minorías, ya que estas tendrán el contexto y sabrán de las necesidades que le competen a su comunidad o grupo.

Ahora bien, la polémica con la designación de Sahara Munira como persona de la comunidad LGBTQ+, generó más polémicas e indignación, que un logro inclusivo; claro, fue lamentable que la activista Tere Ocampos, quien ya es reconocida por la comunidad y tiene una trayectoria más que probada, no ocupará ese puesto, el cual lo merecía con creces. La diputada en cuestión, solo pretendió asumirse como parte de esa comunidad de manera subjetiva, sin comprobar activismo o demás.

Este caso en particular tiene que ver con la reciente reforma electoral, sobre todo en el tema de las diputaciones plurinominales, que bien pueden ser un paso para la inclusión, donde representantes de minorías puedan acceder a las tribunas y participar, pero con estos casos de usurpación y que solo llegan a “calentar bancas”, hace pensar que los “pluris” solo son el pretexto para que parásitos de la política sigan gozando del erario público.

Sahara Munira brilla por su ausencia: precisamente estas páginas del Editorial abordamos el caso de una convocatoria acerca de un foro relacionado a la comunidad LGBTQ+, donde la propia Tere Ocampos presidio ese evento, demostrando una vez más que ella era quien debería estar en el puesto. Por cierto ¿Dónde estaba Sahara? No se sabe, al menos no hizo convocatoria, se ha negado a reunirse con colectivos, tal y como lo hizo recientemente con la Fundación Karla Velasco.

Eso sí, de acuerdo a fuentes cercanas, a la diputada se le ve más en el baño maquillándose, que presentando iniciativas de ley o atender a quienes dice representar.

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