Los dilemas y diretes de la reforma electoral
Al fin la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, presentó de manera formal uno de los preliminares de lo que será la reforma electoral; como hemos venido informando, no ha sido del agrado de la clase política, eso incluye aliados y oposición por igual.
Durante meses, esta iniciativa de ley estuvo en discusión; desde luego, fue la comidilla y un pretexto para la crítica mordaz por parte de la oposición, que más de una vez manifestó, daría hegemonía Morena.
Además, en la 4T la reforma no fue del agrado, sobre todo para el PT y el PVEM, quienes ven amenazados sus curules y escaños en las próximas elecciones; claro, esto ha generado fricciones importantes, ya que otras iniciativas de ley no han pasado, ya que los aliados clave no han votado o han tenido que negociar con ellos.
Por una parte, la ciudadanía celebra esta reforma; en este sentido, los escaños y espacios en las cámaras serán por medio del voto, y evitará que personajes que jamás han ganado nada en las urnas sigan viviendo del erario como reyes; al menos así lo interpretado la sociedad civil, que se pondrá fin a derroches y a la manutención, si podemos decirlo así, de parásitos de la clase política, que jamás han pedido el voto o caminado con la gente.
No hace falta nombrar a personajes del escenario local, tan solo voltear a ver a la actual legislatura local, siendo el caso de Sahara Murina José Flores, quien usurpó una candidatura de una minoría sexual y según testimonios en el Congreso del Estado, está más preocupada por estar en el baño, maquillarse y arreglarse, que mandar iniciativas de ley, siendo su curul y espacio una burla para todos.
En el tema de los plurinominales, estos surgieron durante el sexenio de José López Portillo, que tras una iniciativa de ley, permitió que aquellos partidos de oposición, sobre todo de izquierda o de carácter comunista, los cuales eran ilegales y sufrían represión, pudieran acceder a un espacio de poder, para así equilibrar de alguna manera la participación democrática y los contrapesos.
Si bien es cierto que esta iniciativa tuvo repercusiones para la transición democrática del 2000, esto fue la antesala para que muchos personajes sin oficio ni profesión, como los personajes de la farándula, tuvieran un espacio de representación política sin hacer nada. De esta manera, tirando por la borda momentos significativos en la vida democrática de nuestro país.
Lo cierto es que las candidaturas plurinominales, permitió que elites, caciques y demás parásitos de la clase política, que jamás han hecho trabajo territorial, de calle o tienen una estructura sólida dentro de su partido, accedan a estos espacios.
Eso sí, como excepciones honrosas permitió que personas pertenecientes a minorías pudieran acceder y dar voz a aquellos que jamás la tuvieron.
Ahora bien ¿Esta iniciativa pretende dar hegemonía a un partido o grupo de poder? La reforma como tal busca reducir esos gastos grotescos antes y después de la campaña, sobre todo que le cuestan a la ciudadanía; también es cierto, al limitar a los plurinominales, se quitan contrapesos, pero si estas oposiciones no son críticas, son vende patrias y sus participaciones nadie las toma en cuenta, su escaño tan solo es una ornamenta muy cara.
Eso sí, quitar contrapesos y oposiciones permitirá una hegemonía incontrolable ya sea de un partido o de sus aliados, lo que sería un retroceso a la vida democrática del país, lo cual tanta sangre y vidas ha costado ¿Acaso olvidamos el porfiriato, la hegemonía partidista del siglo XX y los fraudes electorales?




