EDITORIAL

La doble moral de la Corte

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha entrado en un laberinto del que no podrá salir tan fácilmente, desde el momento en que se decidió cambiar, por la vía de la elección, a todos los juzgadores del Poder Judicial Federal. Atraviesa hoy una crisis de credibilidad que ella misma ha provocado.

No por la capacidad jurídica de quienes la integran, sino el doble discurso que practican, pues para llegar al poder prometieron no ser iguales a los anteriores y, a solo cuatro meses de su toma de protesta, se han visto envueltos en una serie de escándalos de credibilidad y honestidad que dificultan cualquier intento de despotricar contra sus antecesores.

El tema de las camionetas blindadas, con un costo de casi dos millones y medio de pesos —incluido el blindaje—, es el golpe certero que ellos mismos se aplicaron y que los exhibe como un ente que no cambia para honrar la austeridad que el sistema político, supuestamente, ordenó llevar como bandera para estar del lado del pueblo.

Por ello, hoy hay que tener muy en cuenta la embestida ciudadana que criticó la forma en que se conducen los ministros; es decir, no fue la oposición ni fueron los organismos no gubernamentales los que detonaron la ola de comentarios adversos, sino el verdadero pueblo.

Por esa razón, aunque hayan reculado en su intento de usar las camionetas, el sesgo que tomó el tema debe llevar a la Corte a reflexionar que no todo “es color de rosa”, que cada una de sus acciones, ante el trabajo reporteril profesional de quienes buscan la noticia —especialmente aquella que ofende a la ciudadanía—, está prácticamente monitoreada.

Al pueblo ya no se le engaña tan fácilmente y esta forma de argumentar que cuidan los recursos del pueblo es simplemente una epopeya mal consensuada y mal asimilada.

Recular no se traduce en perdón hacia los magistrados, ni siquiera porque la propia presidenta de México haya dicho que estuvo bien la decisión de estrenar un vehículo nuevo blindado. Y si en algo estamos de acuerdo es en lo que dijo el senador VIP, en el sentido de que los ministros son “una comedia de errores”. Y vaya que lo dice una persona que de la noche a la mañana salió de la pobreza para convertirse en un hombre empoderado de la política, con una casa valuada en 12 millones de pesos.

En su discurso, los ministros y ministras de la Corte aducen que regresan las camionetas para acatar la decisión del pueblo mexicano, pero acusan que sus antecesores se llevaron cinco unidades que tenían asignadas, aunque las pagaron como parte de su liquidación.

En la conferencia de prensa que encabezó el ministro Hugo Aguilar se evidenció su falta de tacto político, pues al afirmar que la austeridad no es un acto simbólico, sino una política de administración responsable que se ejerce con equilibrio, falta a la verdad y, en los hechos, su mensaje resulta contraproducente.

A menos que tenga razón y se le vea utilizando el Metro de la Ciudad de México para trasladarse a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pero ahí está el doble discurso, ya que no cuadra la explicación de cómo inicialmente se compran camionetas blindadas y luego se desechan, para después no descartar el uso del transporte público. Entonces, ¿dónde queda la seguridad?

Si se es justo, el problema no radica en que resulte escandaloso ni en negarles el uso de lo necesario para su seguridad, sino en el doble discurso de atacar el despilfarro del ayer y hoy caer en lo mismo. Se les critica con argumentos y ahora tendrán que demostrar ecuanimidad en favor del pueblo en sus dictámenes. Es decir, estarán más vigilados que aquellos que se dedican a delinquir para que entreguen cuentas claras.

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