EDITORIAL

La desfachatez de Pinot en el Cobach

En Chiapas hay un dicho que sintetiza con crudeza la cultura popular: “Hay que ser cochi, pero no tan trompudo”. La frase no solo sobrevive al paso del tiempo, sino que cobra vigencia plena cuando se analiza la conducta de Víctor Manuel Pinot Juárez, actual secretario general del sindicato “Causa Cobach”, un personaje que se niega a abandonar el escenario sindical pese a haber sido derrotado y exhibido.

Se trata del mismo dirigente que encarnó durante años las viejas prácticas del sindicalismo rancio: perpetuarse en el poder, administrar cuotas como patrimonio personal y operar en la oscuridad. Perdió las elecciones internas en el Colegio de Bachilleres, pero eso no le impidió colarse nuevamente en la grilla sindical, aferrado al manejo del dinero de los trabajadores como si fuera un botín personal.

Resulta ofensivo escucharlo pontificar que los sindicatos existen para defender a la clase trabajadora y no para enriquecer a sus líderes. El cinismo alcanza niveles grotescos cuando quien lo afirma carga con un historial de abusos, saqueos y denuncias. Qué fácil es hablar de ética cuando se tiene un expediente tan largo como la lista de agravios que dejó a su paso.

En su afán por mantenerse vigente, Pinot comete una torpeza mayúscula al descalificar las manifestaciones de las secciones 7 y 40 del magisterio, así como del sector Salud, sección 50, asegurando que solo los mueve el interés. Como si él fuera la excepción. Como si la memoria colectiva no recordara que encabezó paros y protestas que dejaron sin clases a miles de estudiantes, cerrando escuelas y oficinas administrativas sin el menor remordimiento.

Si el sindicalismo no fuera un negocio, el Cobach no estaría fragmentado en seis sindicatos distintos. Esta pulverización no es casualidad: responde a la lógica perversa de lucrar con la representación laboral. Es el mismo modelo de los partidos políticos satélite, creados no para fortalecer la democracia, sino para vivir de las prerrogativas.

La directora general del Cobach, Viridiana Figueroa García, debe enfrentar un escenario absurdo al negociar no con un sindicato, sino con cinco más. Y aquí el problema no es la libertad sindical, sino una legislación laxa que, mediante vericuetos legaloides, permite la creación de organizaciones con apenas 70 afiliados —o menos— como “Causa Cobach”, que en los hechos no representa ni a una mínima fracción de los trabajadores.

Pinot no improvisa. Durante 18 años controló el Sindicato Único Independiente del Colegio de Bachilleres de Chiapas (SUICOBACH). Conoce el sistema, sabe cómo doblarlo y cómo explotar sus vacíos. ¿A quién pretende engañar ahora con su discurso de renovación? A nadie. Todos saben que no busca justicia laboral, sino recuperar espacios perdidos.

De no haber caído en actos de corrupción, aún seguiría al frente del sindicato. Pero su caída no fue producto de una conspiración, sino del hartazgo de los propios trabajadores que le dieron su confianza y terminaron traicionados.

Sabe cómo operar las cuotas sindicales, sabe cómo presionar a la autoridad y sabe cómo victimizarse cuando ya no tiene respaldo. Se autoproclama defensor de derechos laborales, pero la realidad lo desmintió en las urnas: fue abandonado, relegado y rechazado.

En redes sociales se desmontó otra de sus mentiras: “Causa Cobach” no tiene 70 agremiados. El Centro Federal de Registro Laboral reconoce apenas a 27 afiliados. Un sindicato fantasma con aspiraciones de gigante.

Su pasado oscuro intenta maquillarlo con un regreso disfrazado de gestor honesto, pero las denuncias laborales y penales lo persiguen. La pregunta obligada es por qué las autoridades permiten que siga engañando, por qué los expedientes no avanzan y por qué la ley parece dormida cuando se trata de personajes con largo historial de irregularidades.

Ahí está el expediente archivado R.A. 2375-101-0204-2021, radicado ante la Fiscalía de Distrito Metropolitano, por peculado, abuso de confianza, suplantación de identidad y falsificación de documentos, con un presunto desfalco superior a los 192 millones de pesos. O el expediente ASE/UAI/SIB0023/2021 de la Auditoría Superior del Estado, que lo señala por el manejo unilateral de recursos sindicales en cuentas personales.

Los mismos trabajadores que alguna vez lo respaldaron hoy lo señalan con indignación. No por ingenuidad, sino por cansancio. Pinot no es tonto: sabe que donde hay cuotas, hay poder y dinero. Lo verdaderamente preocupante no es su intento de regresar, sino que el sistema aún se lo permita.

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