EDITORIAL

Llevar la fiesta en paz

En los últimos tiempos existe una profunda preocupación por el desbordado número de comentarios homofóbicos que circulan en distintos espacios públicos y digitales. Estos mensajes, cargados de odio, se traducen en ataques directos contra la comunidad de la diversidad sexual, vulnerando su dignidad y su derecho a vivir sin discriminación.

La Constitución es clara al respecto: nadie debe ser discriminado por su preferencia u orientación sexual. Este principio no es una concesión, sino una garantía fundamental que protege a todas las personas por igual y que debe ser respetada en cualquier contexto social, cultural o festivo.

Ahora que la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo está en su apogeo, la celebración ha sido blanco de críticas por la supuesta deformación de su contexto original y tradicional, debido a que la “arrechura” se salió de control.

Cuando decimos “arrechura”, nos referimos a una palabra que se “etiquetó” para que todos los que asistan a los festejos se contagien de alegría y hagan temblar el cuerpo al ritmo de la música que se escucha del tambor y el pito, elementos principales que acompañan a parachicos, chiapanecas y los famosos chuntás, que forman parte del escenario tradicional de la Fiesta Grande.

Sin embargo, como bien se dice en las redes sociales, la escenografía ha cambiado de sentido, y muchos de quienes llegan y participan han tomado la fiesta como un acto de borrachera, de desfiguros en las calles o incluso como escenarios de violencia que ensucian el “alma” de quienes hicieron posible, durante decenas de años, este magno festejo que contribuyó en gran parte a que el municipio de Chiapa de Corzo fuera considerado Pueblo Mágico.

Hoy todo mundo opina, y las redes sociales forman parte de ese escaparate para señalar que quienes integran diversas agrupaciones de la diversidad sexual son los responsables de haber descontextualizado la esencia de la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo.

Es cierto que hay desfiguros, como se ha señalado, pero tampoco se trata de echarle la culpa a un sector que, desde la época del innombrable José Patrocinio González Garrido, se ha venido defendiendo de imputaciones sin sustento y de la violencia que ha sufrido.

Hoy, a una semana de haber iniciado la fiesta, la comunidad LGBTTTIQ+, en defensa de las tradiciones —como lo cita la Red por la Inclusión de la Diversidad en Chiapas— y ante la serie de calumnias hacia su sector, emitió un pronunciamiento público respecto a los mensajes de exclusión, discriminación y estigmatización de las diversidades sexuales y de género que les atribuyen, donde se les culpa de deformar y de ser responsables de romper con la esencia de la Fiesta Grande.

La Red extendió un comunicado oficial para denunciar los discursos de odio y la violencia simbólica dirigidos contra la comunidad de la diversidad sexual. Destaca que la preservación de las expresiones culturales no debe ser utilizada como pretexto para vulnerar derechos humanos.

“La Fiesta Grande es un espacio de identidad colectiva que históricamente ha representado la diversidad cultural del pueblo chiapaneco, por lo que debe vivirse desde el respeto, la inclusión y la convivencia pacífica”, precisa.

La propia comunidad reconoce que la defensa del sentido cultural de figuras tradicionales, como los chuntás, es legítima y necesaria para preservar la identidad colectiva. Sin embargo, esa defensa no puede convertirse en un mecanismo de exclusión. La cultura es un espacio vivo y compartido, y en esa dinámica nadie debería ser marginado ni impedido de participar por quién es o a quién ama.

Como bien lo señalan en su posicionamiento público, la diversidad sexual siempre ha existido, aunque durante mucho tiempo fue relegada al silencio, a la sombra y al miedo. Hoy, las personas de la comunidad LGBTIQ+ reclaman su derecho a vivir y expresarse libremente, sin ser perseguidas ni atacadas por su orientación o identidad sexual.

Cuando se ignoran las voces de la disidencia y se minimizan los excesos de odio, advierten, se cae en prácticas de LGBTIQ+fobia que no pueden justificarse como defensa cultural. En esos casos, no se está protegiendo una tradición, sino reproduciendo discursos que excluyen y dañan.

“Porque sin derechos humanos no hay tradición que preservar, sin comunidad no hay fiesta, y sin respeto no existe cultura que pueda sostenerse en el tiempo”, reza una de las partes, como sentencia para no seguir siendo blanco de críticas.

Algo tendrá que hacer la propia organización de la festividad y la sociedad de Chiapa de Corzo para reorientar el sentido de esta celebración que está dañando su imagen. Que la comunidad sexual aclare posturas también debe ser ejemplo de que, si se está utilizando su figura y su entorno en contra de sus principios, se denuncie de inmediato. Ojalá que, por el bien de todos, la fiesta se lleve en paz.

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