Valoremos la democracia
En el barrio hay un dicho que dice: “se la está haciendo cansada”, el cual se refiere a que ya se sabe el final del hecho, de la novela o de la película. Hoy, en la práctica, es justo lo que está realizando el encargado de construir la Reforma Electoral, Pablo Gómez.
Ha permitido que los actores políticos, organizaciones y el propio Instituto Nacional Electoral se desgasten en foros y mesas de trabajo para concretar propuestas a la Reforma Electoral que enviará al Congreso federal la presidenta Claudia Sheinbaum.
Sin embargo, pasará lo mismo que en la película que se viene desarrollando en la Cuarta Transformación: simulaciones de foros y, al final, no se toman en cuenta las propuestas. La iniciativa que manda el Ejecutivo federal va directo a votación, sin que los legisladores —encargados de analizarla e incluso de vetarla si no se ajusta a los nuevos tiempos o si tiene ventajas “escondidas”— le muevan una coma al documento.
Por ello no causa extrañeza a los medios de comunicación que estas mismas maniobras, que se realizaban en los tiempos de bonanza del PRI, hoy estén en práctica por el partido Morena, conformado en un noventa y nueve punto nueve por ciento por aquellos militantes del Revolucionario Institucional que decidieron cambiar de marca o logotipo, sin esconder su forma de operar los asuntos torales del país.
Hace un par de días, el propio INE entregó 241 propuestas de reforma a la Comisión Presidencial, en las que defienden su presupuesto, la permanencia de los plurinominales y la corrección de la sobrerrepresentación.
Tres temas básicos para organizar elecciones, pues sin dinero no habría certeza; que exista representatividad en el Congreso para que un solo partido no tome las decisiones del país, es decir, que haya contrapesos; y, quizá lo más importante, que se respete la ley para la adjudicación de las plurinominales, donde en este último punto el Poder Legislativo ha hecho de las suyas para adjudicarse el control de ambas cámaras.
En lo que se coincide es en lo dicho por la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, quien señaló que, al estar sometido a las decisiones del sistema político mexicano, el Instituto que encabeza “ha sabido adecuarse a las reformas y esta no será la excepción”; es decir, se ajustará a lo que finalmente exprese el contenido del documento.
En total, son casi 400 iniciativas las que tiene por escrito la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral y en más de la mitad se infiere la modificación de los mecanismos de representación o ajustes al financiamiento y a la fiscalización de los recursos que se destinan a los partidos políticos o al sistema electoral.
En otras 51 iniciativas o propuestas se pide cambiar la asignación de plurinominales en el Congreso de la Unión, principalmente para reducir o eliminar esos espacios, mientras que en por lo menos 21 propuestas se solicita específicamente la reducción del financiamiento a los partidos políticos.
Sin embargo, llama la atención que haya una que propone asignar las curules mediante sorteo. Esto sí que es una locura, pues de lo que se trata es de contar con personajes de calidad moral, capacidad y conocimientos para desempeñar un encargo que implica ser legislador o senador federal con altura de miras.
Chiapas ya tiene la amarga experiencia de sujetos que hoy se creen influencers con cargo al erario, ya que se desempeñan como diputados, como es el caso de Guillermo Santiago, quien parece tomar una curul como un juego de niños. Basta revisar cada publicación que realiza este personaje, quien se asume ciegamente como un prototipo de ejemplo productivo, pero cuyos comentarios en redes sociales lo describen como alguien carente de criterio.
Lamentablemente, casos como este seguirán presentándose en la política y, aunque hoy la presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López rabadán, exhorte a que se incluyan propuestas —aun cuando provengan de la oposición, como el PAN—, su petición no será atendida.
También habría que señalar que en el anecdotario quedará la postura fijada por el presidente del PRI, Alejandro Cárdenas, respecto a la declaración de Pablo Gómez cuando afirmó que el Instituto Nacional Electoral no debe ser autónomo. Para el dirigente priista, esto es una confesión descarada de las intenciones de Morena: consolidar una dictadura en México. “En el PRI decimos no a la reforma electoral, mejor llamada la Ley Maduro”.
Todos estos esfuerzos serán en vano. En marzo, como se ha contemplado, la Reforma Electoral será aprobada, y es lógico que muchos piensen que el país siga los pasos de una Venezuela que hoy se columpia en su propio desgaste, producto de una dictadura que desde el poder mexicano no se quiere reconocer.
Insistimos: el PRI estuvo 80 años en el poder, el PAN apenas dos sexenios intermedios y Morena va en el segundo año de su segundo sexenio; sin embargo, las afrentas ya empiezan a trastocar el límite de los ciudadanos, más aún si no se toma en cuenta la postura nada juiciosa del presidente Donald Trump. Valoremos la democracia; nada nos cuesta, si de lo que se trata es de que México avance y no retroceda.




