EDITORIAL

La privatización del agua y la crisis hídrica ya son una realidad

Las recientes protestas que están aconteciendo en el estado de Jalisco, donde los habitantes exigen al gobierno de Pablo Lemus Navarro que mejore la distribución del vital líquido en la entidad, ya que el agua contaminada y con rastros fecales está llegando a los hogares.

En dicha protesta, los manifestantes dejan en evidencia la mala calidad del agua: residuos con químicos, de color café y mal olor, entre otros aspectos insalubres y desagradables. También, se alude que esto es consecuencia de la privatización del agua, ya que grandes consorcios transnacionales están acaparando los recursos hídricos; peor aún, el agua potable y de mejor calidad solo está al servicio de clases sociales privilegiadas.

Ahora bien, las concesiones del agua, su mala distribución y poco tratamiento, ya son un problema frecuente en varios estados de México; simplemente, en Chiapas, que es uno de los estados con mayor riqueza hídrica, carece de infraestructura necesaria para que su distribución sea más justa y que los mantos acuíferos que están disponibles no sean contaminados; este último caso, ya afecta a comunidades enteras y ha dejado secuelas muy graves.

En el tema del tratamiento de residuos, muchas empresas poco o nada les interesa la conciencia ambiental; de hecho, los lixiviados y demás contaminantes ya tuvieron secuelas en la población, no vayamos tan lejos, tan solo rememorar lo que Veolia hizo acá en Tuxtla, afectando a comunidades y colonias, con grandes consecuencias para la salud de esos habitantes y que hasta el momento no ha tenido consecuencias legales.

Con respecto a la disponibilidad del agua, los adeudos que los propios municipios tienen con la Conagua y los sistemas municipales de agua potable, también perjudican en la construcción, mantenimiento de la infraestructura, que esta no se debe descuidar.

Parece irónico que Carlos Morales pretenda retornar a las arcas municipales con una coordinación municipal, cuando fue el responsable del reciente desabasto de agua que tuvo la capital chiapaneca, al dejar adeudos en SMAPA y no mejorar la red de tuberías: eso sí, él y sus paleros con drama y con “mucha indignación” culparon a la actual administración municipal de Tuxtla Gutiérrez de ese gran problema que él heredó.

Entonces, que el desabasto y poco mantenimiento a las redes hidráulicas ya afecta a varios estados no es casualidad, ya que el tan denominado “día cero” en México cada día está más cerca y las grandes metrópolis mexicanas ya están pagando las consecuencias; no sólo es Jalisco, Monterrey y la propio Ciudad de México cada vez tienen problemas bastante serios en la distribución equitativa del agua y en las periferias, donde la situación es peor.

Otro punto a considerar, es el volumen y metro cúbicos que son extraídos por particulares y empresas transnacionales, en especial las embotelladoras de bebidas y licores, que rebasan por muchos los límites establecidos, afectando considerablemente los mantos acuíferos, ríos, arroyos y demás fuentes hídricas, por lo que en temporada de sequía el agua no está disponible para los habitantes; San Cristóbal de Las Casas es un claro ejemplo de lo ya mencionado.

No basta con que los habitantes recurran a los servicios de pipa, cuando el recibo llega a tiempo y se cobra como si esta llegara, el agua al final de cuentas ya es un derecho humano, por ello las negligencias administrativas y el poco rigor para su distribución, demuestra una completa violación a los derechos ciudadanos.

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