Entre la espada y la pared por obra del Tren Interoceánico
Mal y de malas resulta la suspensión del recorrido del Tren Interoceánico por las rutas que atravesaban los estados de Chiapas, Oaxaca y Veracruz. El ferrocarril ha sido, por tradición, un medio de transporte en el que predominan las distancias cortas y el acceso a zonas de difícil comunicación; además, representa una alternativa para disfrutar de los grandes paisajes que el territorio mexicano ofrece como parte de su riqueza cultural y turística.
Desde Veracruz hasta el centro y norte del país, el servicio ferroviario de carga ha sido tan efectivo y económico que las grandes empresas continúan utilizándolo para trasladar productos y mercancías, desde automóviles descargados en los distintos puertos de la geografía mexicana hasta insumos empleados por las ensambladoras de autos, por citar un ejemplo.
En el puerto jarocho, en la zona de muelles, los barcos descargan mercancía proveniente de Asia, Europa y otros continentes, la cual es trasladada al centro del estado o hacia otras entidades del país, sin que hasta el día de hoy se tenga conocimiento de descarrilamientos de vagones en esas operaciones.
El pasado 28 de diciembre, el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec informó que, aquella mañana de domingo, la máquina principal del tren descarriló a la altura de Nizanda, Oaxaca, sobre la Línea Z. En los vagones de pasajeros viajaban 241 personas y nueve integrantes de la tripulación.
La decisión del gobierno federal de suspender este servicio, apenas un par de semanas después de haber sido puesto en marcha por la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum —el 21 de noviembre de 2025—, afecta a cientos de pasajeros que se encontraban ilusionados con la reactivación de este medio de transporte.
El fondo de la decisión pone en entredicho la obra, en el sentido de que existían fallas estructurales que podrían poner en peligro la vida de los pasajeros, como ocurrió aquel fatídico 28 de diciembre, y no precisamente se trata de una broma del Día de los Santos Inocentes.
La construcción del Tren Interoceánico inició durante el periodo del expresidente Andrés Manuel López Obrador y fue considerada y promocionada como una de las obras insignia que el exmandatario presumió como un servicio básico para el pueblo.
Sin embargo, lamentablemente existen muchas voces que cuestionan la construcción de las vías férreas, señalando, mediante audios y reportajes ampliamente difundidos a lo largo de 2025, a quienes tuvieron a su cargo la obra.
Sin duda, la mejor decisión fue cancelar el recorrido del tren para garantizar la vida de las personas ante la posibilidad de otro percance. No obstante, el verdadero cuestionamiento es por qué no se actúa y se llama a declarar, al menos, a quienes han sido señalados de estar involucrados en una obra supuestamente realizada con materiales de segunda mano.
Independientemente de que hoy la Línea Z —que cubre el trayecto de Tehuantepec, Oaxaca, a Coatzacoalcos, Veracruz—, la ruta hacia Pakal Ná en Palenque, Chiapas, así como la Línea K —de Tehuantepec a Tonalá, pasando por la estación de Arriaga, ambos municipios de Chiapas— se encuentren suspendidas, en los hechos la realidad parece dar la razón a quienes advirtieron en su momento sobre la corrupción que prevalecía en la obra.
De acuerdo con la Secretaría de Marina y el Sindicato de Ferrocarrileros, no existe una fecha definida para que se reactive el servicio, ya que se está llevando a cabo una revisión exhaustiva de las vías, lo cual tomará mucho tiempo. Además, se debe considerar la opinión de los habitantes de las zonas por donde atraviesa la línea del tren, particularmente en Chiapas, quienes argumentan que existen tramos abandonados pese a que el servicio fue puesto en marcha.
Lo que hoy se sabe es que en Arriaga continúan los trabajos en las líneas del ferrocarril que servirán para realizar cambios en la infraestructura. Sin embargo, hay cruces inconclusos y semáforos instalados que no funcionan, ya que no fueron colocados en su totalidad en todos los cruces de calles, quedando a la espera de que el sistema opere de manera integral.
A la presidenta le corresponde poner orden en esta obra y ahora sí, como se dice en el argot político, aunque esté entre la espada y la pared, tendrá que actuar caiga quien caiga. No tiene otra opción, pues de no hacerlo su popularidad podría comenzar a decaer, como ocurrió a finales del año pasado, aunque, además, no se trata de popularidad, sino de justicia.




