Editorial

El espejo

Después de armar y ejecutar todos sus “proyectos de futuro”, ahora resulta que el poderoso presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, no es el león como lo pintan, pues ha reconocido que sus adversarios podrían demolerlo políticamente el próximo año si su partido no logra obtener la mayoría en las elecciones intermedias que se realizarán en noviembre próximo y que, a la postre, podrían aplicarle la llave maestra: el juicio político.

En su más reciente invasión a Venezuela, donde fue detenido el presidente de ese país, el dictador Nicolás Maduro, el presidente Trump no las ha visto todas consigo, pese a que la mayoría del mundo aprobó que se haya hecho preso al tirano venezolano.

Es decir, en el fondo, salvo pocas excepciones, la forma en que se detuvo al dictador fue más una acción de película, donde seguramente Rambo asesoró a la milicia norteamericana y donde el pueblo de Venezuela hasta bailó de gusto.

Pasada la revuelta, los entramados políticos y la mediación de fuerzas harán que la nueva presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez Gómez, no las tenga todas a su favor, pues su suerte estará siempre sujeta a los caprichos del magnate o al humor con el que amanezca.

Fuera de este y otros frentes que durante el año seguramente protagonizará Trump en el mundo, lo que verdaderamente le preocupa es no terminar su mandato como un ídolo mundial, sino ser enjuiciado por sus operaciones militares, que han dejado muchos muertos, como es el caso de los ataques a embarcaciones con droga —supuestamente— y el asesinato a mansalva de los guardias que custodiaban a Maduro, que a la postre resultaron ser una élite de cubanos.

Por ello, y por su política económica, al enfrentarse a todas las naciones del mundo mediante la aplicación de aranceles —situación que ha provocado que su país esté en crisis, aunque digan lo contrario—, su Partido Republicano estará a prueba con la elección total de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.

En su triunfo de 2024, Trump arrasó; pero hoy, como se observa, su popularidad entre los propios estadounidenses no es buena debido a las decisiones tomadas. Por tanto, el temor que ya hizo público el presidente es que, si pierden las elecciones intermedias de noviembre próximo, los demócratas, con una mayoría legislativa, lo destituyan.

“Hay que ganar las elecciones intermedias”, dijo Trump en un retiro de la bancada republicana, pues de lo contrario, “encontrarán alguna razón para destituirme; me van a destituir”. Y efectivamente, uno de los problemas que enfrentan los republicanos rumbo a los comicios es que “los electores simplemente no reconocen los logros de su administración”.

El presidente tiene una aprobación de desempeño por debajo del 40%, y la desaprobación es mayor en el manejo de la economía. En total, solo el 36% de la población aprueba su gestión.

Sin hacer las famosas comparaciones odiosas, el gobierno mexicano debe poner sus barbas a remojar, ya que en las elecciones intermedias —donde se eligen diputados federales y locales— la Cámara de Diputados puede cambiar su configuración, obtenida de mala manera mediante una supuesta sobrerrepresentación legislativa que se adjudicó de forma directa, que no le otorgaron las urnas, pero sí violando la Constitución.

Además, las encuestas se han revelado contra el sistema político en turno, no necesariamente contra la presidenta de México; sin embargo, su inacción para investigar casos de corrupción, como el del Tren Maya —cuya obra mal hecha ya cobró varias vidas—, el caso de La Barredora, el no mandar a llamar a investigar al coordinador de los senadores, Adán Augusto López Hernández, a quien sindican de estar coludido con este grupo criminal, así como el tema del huachicol fiscal, entre muchos otros casos, la tienen contra la pared y restándole momios a su forma de gobernar.

Si a ello se le agrega la desaparición de los organismos autónomos y la cooptación del Poder Judicial Federal —sin mencionar al Congreso de la Unión, que desde la adjudicación de la sobrerrepresentación quedó bajo el control del Ejecutivo—, entonces la decisión que tomen los mexicanos en junio de 2027 puede ser un espejo de lo que veamos en noviembre de este año en la Unión Americana.

Por lo pronto, mucho tendrá que hacer la Cuarta Transformación para no ver caer la votación en los comicios venideros y entregar el poder muy pronto, como le ocurrió a Acción Nacional, que solo gobernó dos sexenios con Vicente Fox y Felipe Calderón, hoy duramente cuestionado por el gobierno actual.

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