EDITORIAL

Venezuela y su lápida hacia México

La situación que padece Venezuela con la detención del dictador Nicolás Maduro no sorprende a nadie; sin embargo, sí tiene un trasfondo político en el que otras naciones no ponen sus barbas a remojar. Sus dirigentes, más que presidentes, parecen verduleras —con todo respeto a quienes se dedican a esta actividad— por las consecuencias de sus posturas, que son todo menos conciliación, diálogo y visión de futuro.

Es cierto que, a Estados Unidos y a su presidente, Donald Trump, no les interesa en lo más mínimo lo que haya hecho el tirano Nicolás Maduro, ni las burlas que éste haya proferido y que provocaron la ira del mandatario estadounidense, sino el manejo del país para beneficiarse o apropiarse del oro negro, la principal fuente económica de Venezuela y de gran parte de Sudamérica.

Por ello, se han alzado voces de alerta desde partidos políticos, organizaciones sociales, el sector empresarial y diversas asociaciones, que señalan como un error que el expresidente Andrés Manuel López Obrador haya salido de su madriguera para opinar en contra de la invasión emprendida por Trump en Venezuela.

En el fondo, su liderazgo moral y político hoy pasa a segundo plano, porque no representa a México, ya que actualmente hay una presidenta que debe asumir ese rol y que ya externó, a nombre de los mexicanos, que no está de acuerdo con la detención de Maduro.

Este papel de asumir una postura política en contra de una potencia mundial debe reconsiderarse y tomarse con mucho cuidado; no porque el país vecino del norte vaya a hacer lo mismo con México, sino por las repercusiones políticas, diplomáticas y comerciales que pudiera asumir el presidente Trump, quien, dicho sea de paso, con sus alocadas decisiones que ponen a “temblar” al mundo, bien podría idear otras medidas que no nos harían pasar un buen momento.

Los partidos de oposición han aprovechado la coyuntura para remitirse a la historia reciente y criticar a AMLO, a quien acusan de actuar con “autocomplacencia y de escuchar el canto de las sirenas, olvidando que la efímera victoria de hoy puede ser la contundente derrota del mañana, pues su política fue de imposición, de ruptura de los equilibrios democráticos en México, de apoderarse de instituciones que no eran afines a su movimiento y a su gobierno”.

Es cierto que la forma en que operó Estados Unidos no fue la adecuada; sin embargo, la mayoría del mundo lo sabe, aunque no lo exprese abiertamente, e incluso los propios venezolanos reconocen que Nicolás Maduro y Hugo Chávez mantuvieron sometido al pueblo, reprimieron, encarcelaron a opositores, desmantelaron instituciones que no eran afines al régimen dictatorial, silenciaron a los medios y rompieron los equilibrios democráticos.

México, a partir de este antecedente, debe evaluar cuidadosamente lo que está haciendo con su política exterior en la era de la Cuarta Transformación.

Creemos que el silencio debe ser la principal arma para no meterse en camisa de once varas, pues tan solo imaginar que el presidente Trump tome en serio la postura crítica del gobierno de México podría traer consecuencias dolorosas.

Además, habría que considerar que actualmente Estados Unidos cuenta con información abundante derivada de las declaraciones de capos detenidos recientemente y que están siendo juzgados por la justicia norteamericana.

En México, pareciera no entenderse que abrir la boca y fijar posturas sin sentido no ayuda ni abona a la paz y tranquilidad del país. Los estadounidenses tienen mucha tela de dónde cortar y, por tanto, sería mejor cerrar el pico para evitar que lo dicho termine por estrellarse en nuestra propia cara.

Ya tenemos suficiente con la revuelta provocada por el crimen organizado como para, además, colocarnos una lápida en la espalda.

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