Editorial

¡Qué descaro de Carlos Morales Vázquez!

Acaba de pasar una celebración que nos llevó a la reflexión, a fomentar la fe en nosotros mismos de que podemos salir adelante, pese a los obstáculos que hayamos padecido durante este año que está por terminar.

Sí, en verdad es lo mejor que podemos hacer, pero hay voces de sujetos cuya burla hacia los chiapanecos no tiene madre. Proferir palabras de “esperanza” debe provenir de personas con sentido humanista, de representantes del bien, de hombres y mujeres que nos hagan recordar lo bueno que hayan sido con sus gobernados, cuando ese haya sido el caso.

Pero referirnos a Carlos Morales Vázquez, alcalde de Tuxtla Gutiérrez durante seis años, de 2018 a 2024, quien hizo y deshizo a su rechingada gana sin que fuera observado en sus movimientos, no tiene comparación.

Bueno, aclaramos: sí fue observado por las irregularidades en las cuentas públicas que presentó durante sus dos trienios, pero que haya sido molestado por las legislaturas LXVII y LXVIII, eso nunca pasó. Gracias a la benevolencia del Poder Legislativo y del propio Poder Ejecutivo, que le perdonaron todas sus transas, hoy incluso sigue burlándose de los tuxtlecos, principalmente al calentar la silla como delegado de la Conafor en Chiapas.

Quizá sus burlas se deban a la amistad que dice tener con la presidenta de México, y por ello hoy es uno de los políticos sinvergüenzas que gozan de impunidad. De ser cierto, lo mínimo que debería hacer Claudia Sheinbaum Pardo es ordenar a las autoridades de Chiapas que se le practique una auditoría o, como se dijo al inicio de la presente administración municipal, que se den a conocer los resultados de las auditorías emprendidas a finales de 2024 en el ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez.

Los tuxtlecos ya han hecho saber en redes sociales su desagrado por la prepotencia con la que se conduce el exalcalde. En las transmisiones que suele realizar para presumir logros o mandar mensajes de reflexión, siempre recibe respuestas de reprobación, la califican como persona non grata, de desagrado por ser un fantoche.

De todo ello no tiene la culpa el tuxtleco que, pese a que con su voto lo eligió en un primer momento, en la elección de 2018, y a que en 2021 Carlos Morales se robó la reelección, sino de las autoridades que le permitieron hacer sus maquiavélicas transas con los dineros del pueblo.

No es necesario recordar la enorme lista de ilícitos que cometió sin que el Congreso del Estado, la Fiscalía General del Estado o el gobernante en turno lo llamaran a cuentas. Todo se debe a que otra de sus recomendaciones provenía de su amistad con Manuela Obrador, prima del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Toda una fichita para seguir robando a sus anchas, con la venia del primer círculo.

Ante ello, ¿qué pueden hacer hoy los tuxtlecos? Pues nada: seguir callando y observando cómo se ejerce el poder, cómo las clases más desprotegidas siguen siendo pisoteadas

Hoy, muy pomposamente, se le escucha, después de once meses de haber asumido la titularidad de la Conafor, salir en redes sociales para dar su mensaje de Navidad. La hipocresía no tiene madre, dicen los internautas, pues ahora viene a restregar en la cara de la población a la que fregó durante su administración municipal que las fiestas decembrinas son para estar en familia, para agradecer lo vivido y para reencontrarnos.

No pues, si es así, ¿quién puede tener tranquilidad, dar abrazos sinceros y desear buenos momentos con solo recordar la burla que les hace al aparecer en videos como una persona “santa”?

Está claro que Carlos Morales Vázquez sumó esfuerzos, pero para construir un imperio personal como alcalde y darse una mejor calidad de vida. De eso no hay duda. Entonces, ¿con qué humildad lo desea?, ¿con qué autoridad lo anhela?

El descaro está presente en un personaje que llegó para pisotear, burlarse y enriquecerse. La autoridad no tiene que hacer nada extraordinario: solo dar a conocer los resultados de las auditorías y aplicar la ley. No hay de otra. Mientras no lo haga, seguirá siendo cómplice de las atrocidades de este sinvergüenza que le arruinó el desarrollo a Tuxtla Gutiérrez.

La autoridad no necesita realizar acciones extraordinarias, sino cumplir con su obligación básica de informar y aplicar la ley. Mientras no se transparenten las auditorías y no se finquen responsabilidades, la impunidad seguirá siendo el sello de un sistema que permite que personajes cuestionados continúen ejerciendo poder.

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