Marco Alvarado / Diario de Chiapas
Para quienes visitan Chiapas hay opciones en cada rincón de su geografía.
Si bien Chiapa de Corzo ha sido durante mucho tiempo el estandarte de esta identidad, y del que más se habla por estos días, el estado tiene un total de seis Pueblos Mágicos.
Por ejemplo, un punto obligado es San Cristóbal de Las Casas. Considerado por muchos como el más emblemático, este destino ofrece arquitectura colonial y calles empedradas.
Pero su verdadero valor reside en ser el epicentro de las comunidades indígenas de los Altos; un punto de encuentro donde la artesanía y la gastronomía local laten con una fuerza vibrante.
A una hora y media por carretera está Comitán de Domínguez, que se erige no sólo por su clima envidiable, sino por su peso histórico como la “Cuna de la Independencia” de Chiapas y Centroamérica.
Entre templos como el de San Caralampio y la cercanía de las imponentes Lagunas de Montebello, Comitán equilibra el rigor del pasado neoclásico con la belleza natural de sus alrededores.
Para quienes buscan un entorno selvático, Palenque es la opción. Famoso mundialmente por su zona arqueológica maya, este pueblo es el umbral hacia maravillas naturales como las cascadas de Agua Azul y Misol-Há, consolidándose como el destino predilecto para el ecoturismo.
Sin embargo, la “magia” de Chiapas sigue expandiéndose. En 2023, dos nuevas localidades se sumaron a este selecto grupo: Copainalá y Ocozocoautla de Espinosa.
El primero cautiva por su arquitectura virreinal y sus raíces zoques que se funden con lo colonial; el segundo, conocido como “Coita”, es hogar del Carnaval Zoque Coiteco, una de las festividades más antiguas y singulares del país.
Ocozocoautla también reta a los aventureros con la Sima de las Cotorras, un abismo natural que es testimonio de la fuerza geológica de la región.
La relevancia de Chiapas ha cruzado fronteras, obteniendo el reconocimiento de la Unesco por su vasto patrimonio inmaterial. La gastronomía estatal es pieza clave de la Cocina Tradicional Mexicana, aportando al mundo técnicas milenarias como la nixtamalización y el uso del metate.
Sabores de ingredientes únicos como el chipilín, el cacao y el tascalate, junto a una variedad de más de cien tipos de tamales, convierten cada comida en un acto ritual.
Este misticismo se extiende a las comunidades de San Juan Chamula y Zinacantán. En estos municipios, las fiestas dedicadas a los muertos y los ritos cotidianos fusionan la cosmogonía maya prehispánica con el catolicismo, creando una atmósfera espiritual que no tiene réplica en ninguna otra parte del mundo.




