Cafetómano.

Bernardo Figueroa.

Melgar: El aliado que aprendió a decir no

En política, decir “sí” siempre es cómodo. Decir “no”, cuando se tienen los votos decisivos, es ejercer poder. Y eso es exactamente lo que hoy está haciendo el senador Luis Armando Melgar Bravo frente a la eventual Reforma Electoral anunciada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Durante años, el Partido Verde Ecologista de México fue tratado como un acompañante automático del bloque mayoritario. Útil, funcional, silencioso. Esa etapa parece haber quedado atrás. En el debate actual, Melgar no solo ha fijado postura: ha reposicionado al Verde como un actor con voz propia, capaz de condicionar, matizar o incluso frenar una reforma constitucional si ésta amenaza el equilibrio democrático.

El senador no ha hablado desde la estridencia ni desde la ruptura. Su mensaje ha sido más sofisticado —y por eso más incómodo—: el Partido Verde no está en contra de una Reforma Electoral, está en contra de una mala reforma. La diferencia no es semántica, es política. Reducir plurinominales, debilitar a los partidos medianos o concentrar el poder electoral en una sola fuerza no es modernizar el sistema; es simplificarlo peligrosamente.

Melgar entiende algo que en el oficialismo a veces se subestima: las mayorías se administran, no se imponen. Morena puede ganar elecciones, pero no puede rediseñar sola las reglas del juego. Para eso necesita votos adicionales, y esos votos hoy pasan por el Partido Verde. No es un chantaje; es aritmética constitucional y estructural.

EL PESO DEL PARTIDO VERDE.

El valor político de Melgar no está únicamente en su curul, sino en lo que representa. Es un senador con anclaje territorial, con lectura nacional y con una narrativa que rompe el estereotipo del Verde como partido satélite. Desde Chiapas, pero con proyección nacional, ha dejado claro que las alianzas no son contratos de obediencia ciega, sino acuerdos entre fuerzas que se reconocen como necesarias y se tratan como pares.

Por eso su postura ha generado ruido y reflexión. Porque al marcar límites, Melgar obliga a Morena a hacer lo que menos le gusta al poder consolidado: negociar en serio. No en mesas decorativas, sino en el contenido de la reforma y de lo que viene detrás de ella. Y ese es, quizá, su mayor aporte a la gobernabilidad: recordar que sin consensos reales no hay reformas duraderas.

El Partido Verde, bajo esta lógica, dejó de comportarse como partido bisagra, pero Melgar actúa como algo más: como un político responsable, intérprete de los costos futuros. Él sabe que una reforma que reduzca la pluralidad hoy será el pretexto perfecto para la revancha política mañana. Y sabe también que debilitar a los partidos medianos es, en los hechos, debilitar al propio sistema que permitió la alternancia y la estabilidad.

Así, mientras algunos ven en su postura una “rebeldía”, otros empiezan a leerla como lo que realmente es: una señal de madurez política. El Verde ya no quiere ser un partido que acompaña decisiones; quiere ser un partido protagonista, que fija posturas claras. Y Melgar es hoy el rostro más visible de esa transición.

Al final, la discusión sobre la Reforma Electoral ha revelado algo más profundo: el poder ya no se ejerce solo desde la mayoría, sino desde la capacidad de poner límites. En ese tablero, Luis Armando Melgar Bravo no está jugando a la oposición ni a la sumisión. Está jugando a la política real. Y en tiempos donde abundan los aplausos automáticos, eso, paradójicamente, también es una forma de gobernar.

GOBERNAR CON PROFESIONALES.

Los recientes movimientos en el gabinete legal y ampliado del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, no deben leerse como simples ajustes administrativos. Son, en realidad una señal política clara: en el ejercicio del poder público ya no hay margen para equivocaciones ni para la improvisación, no se tolera el abuso, y no hay cabida para quienes confunden lo público con lo privado.

Uno de los mayores riesgos para cualquier titular de una dependencia —llámese secretario o director general—, no está en los factores externos, sino en la conformación de su propio equipo. Rodearse de amigos, cuates, viejos conocidos, “compañeritos de la primaria” o quienes jugaban teto, puede ser cómodo, pero casi siempre resulta caro. Es costoso para la administración pública, para la credibilidad del proyecto político y, sobre todo, para la ciudadanía.

Los recientes cambios realizados por el gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, tras escándalos mediáticos que exhibieron excesos y conductas inaceptables de algunos servidores públicos, vuelven a poner sobre la mesa una verdad incómoda: la lealtad personal jamás sustituye al conocimiento, la experiencia ni al criterio técnico. Dirigir una dependencia no es un ejercicio de camaradería; es un acto de responsabilidad institucional. Tristemente, son los amigos los que te hunden, los que te hacen infiernitos.

El problema de meter a los amigos a la nómina, es que muchos de ellos aconsejan desde la ambición personal, desde el rugido de las tripas, no desde el conocimiento de causa, ni la experiencia. Ven el cargo como trampolín, el presupuesto como herramienta de posicionamiento y la función pública como botín temporal. No analizan impactos, no prevén consecuencias, no entienden la complejidad del aparato estatal. Solo calculan beneficios personales.

Por eso, incluso las grandes familias de poder en la historia entendieron algo que hoy muchos incrustados en gobiernos parecen olvidar. Las familias italianas del renacimiento y de etapas posteriores, como los Medici —por citar una—, no tomaban decisiones estratégicas solo entre parientes o círculos cerrados. Incorporaban consejeros externos, juristas, financieros, estrategas y diplomáticos que no compartían lazos de sangre, afinidades, ni intereses emocionales con el clan. ¿La razón? Simple: el externo ve lo que el cercano no quiere o no puede ver.

El consejero externo no debe favores, no arrastra historias personales de cómo jugaban tenta en el receso, ni compite por herencias políticas. Su valor está en la frialdad del análisis, en la experiencia acumulada y en la capacidad de advertir riesgos antes de que se conviertan en crisis. Las familias italianas sabían que el poder se pierde cuando se confunde el afecto con el criterio, y que las decisiones tomadas desde la complacencia suelen ser las más costosas.

LAS MALAS COMPAÑÍAS.

Cuando los espacios de decisión se llenan de personas sin formación, sin experiencia en el sector que encabezan y sin comprensión del marco legal, los errores dejan de ser accidentes y se convierten en patrones. Y entonces aparecen los excesos, los abusos, la discrecionalidad y esa peligrosa idea de que los recursos públicos pertenecen a quien los administra y no a la sociedad.

Los que trascienden no son los que se rodean de incondicionales, sino los que se atreven a rodearse de gente que sabe más que él en su área, que cuestiona, que advierte riesgos y que entiende que el cargo no es para quedar bien, sino para dar resultados al superior. Los equipos profesionales incomodan, pero evitan crisis; los equipos de amigos aplauden, y llegan a hundir proyectos políticos.

Los recientes relevos en el gabinete chiapaneco envían un mensaje que no debe ignorarse: el proyecto de gobierno está por encima de las relaciones personales. Nadie debe rodearse —si quieren permanecer— en el cargo, solo por amistades, compadrazgos o historias compartidas, sino por profesionales, con capacidad probada, con resultados medibles, y sobre todo, con apetitos controlados.

Porque al final, los titulares no se desgastan por falta de discurso y acciones, sino por malas decisiones internas. Y pocas decisiones son tan dañinas como confundir los espacios gubernamentales con un club de amigos. En el servicio público, la confianza es importante, pero la prudencia y la competencia son indispensables.

Desde el Café: ¿Será que la Dorys, la Llerrys y la Rica, tendrán un segundo aire en la Nueva Era?… En el marco del programa Chiapas Puede, el director general del Instituto de Capacitación y Vinculación Tecnológica del Estado de Chiapas (Icatech), César Espinosa Morales, informó que durante 2025 el instituto alfabetizó a 4 mil 10 personas y detalló que este año, se tiene la meta de beneficiar a 10 mil mujeres y hombres con acciones de alfabetización… Finalmente, de un balazo, Segundo Guillén asumió la titularidad de dicha Secretaría en sustitución Maru Culebro. Ahora sí, toda la cancha es suya… Nos dicen que Miss Simpatía nunca escuchó; desde mayo del año pasado muchas voces le sugirieron despachará a su círculo cercano que la tenía intoxicada; por no escuchar, ayer la despacharon a ella… A quien mandaron a echarle un ojito a la Universidad Politécnica de Tapachula, es a Andrés Sánchez, quien dejó la Subsecretaría de Turismo, para ser el nuevo rector de la UPTap en sustitución de Javier Yau Dorry, que fue otro que también nunca quiso “escuchal”; ahora, “chinito solo velá una auditolia” … El secretario de Economía y del Trabajo, Luis Pedrero González, encabezó la firma del Convenio de Colaboración con el Consejo Estatal de Notarios, como acción estratégica que permitirá la formalización de nuevas empresas mediante orientación, asesoría legal y servicios notariales a costo preferencial… La directora del Colegio de Bachilleres de Chiapas (Cobach), Viridiana Figueroa García y la directora del Instituto de Administración Pública del Estado de Chiapas (IAP Chiapas), Lysette Raquel Lameiro Camacho firmaron un convenio de colaboración institucional que busca impulsar la formación académica, la profesionalización y el fortalecimiento de la gestión pública…

Para terminar: “Cualquier nación que decida que la única manera de alcanzar la paz es a través de métodos pacíficos, pronto será parte de otra nación”. Lo dijo Richard Nixon.

Son cuestiones del oficio, sigue sin ser nada personal.

cafetomano@hotmail.com

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