Asesoría Legal

El año se está acabando, y con él, México también

Lic. Julio Cesar Zamudio — Director Corporativo Mercadotecnia De México

El año que termina no se despide con estruendo, sino con cansancio, no fue un año de grandes sorpresas, sino de confirmaciones, hemos confirmado que como país seguimos caminando con prisa, pero sin claridad, hablando mucho, pero escuchando poco, exigiendo cambios, pero evitando responsabilidades, no fue un año fácil para la gente común, para quien se levanta temprano, para quien estira el gasto, para quien trabaja más horas por el mismo ingreso, las cifras macroeconómicas pueden sonar optimista, pero en la mesa familiar la realidad se mide de otra forma, alcanza o no alcanza, y para millones de mexicanos, no alcanza.

El desgaste no ha sido solo económico, hay un cansancio emocional evidente, la violencia verbal se normalizó, la paciencia se agotó y el diálogo se volvió excepción, vivimos en una sociedad reactiva, donde se responde antes de pensar y se juzga antes de entender, no estamos enojados por naturaleza, estamos agotados por acumulación, la inseguridad, por su parte, dejó de ser noticia y se convirtió en rutina, cientos de reporteros asesinados por hacer su trabajo y entorpecer labores corruptas de funcionarios y empleados de diversas dependencias, en México diariamente silencian a los reporteros, muchos dicen que es la labor más peligrosa que se puede ejercer, no es así, México es el más peligroso para ejercer como reportero, de hecho, está dentro de los primeros 3 lugares a nivel mundial en materia de inseguridad, pero, esta actitud ya no sorprende, preocupa, tienes que estar del lado del gobierno y hablar bien de él, de lo contrario, si dices la verdad te silencian o te fincan delitos falsos y te pudres en prisión, el miedo no siempre se expresa en estadísticas, sino en silencios, en desconfianza y en esa sensación de estar siempre alerta, cuando el miedo se vuelve parte de la vida diaria, algo profundo se ha roto, ahora bien, en el terreno político, el año reafirmó una tendencia peligrosa, la polarización, todo se reduce a bandos, a etiquetas, a descalificaciones rápidas, se perdió el matiz, el análisis, y, sobre todo, la autocrítica, la política dejó de ser un espacio de soluciones para convertirse en un campo de confrontación permanente, el ciudadano común, observa, se cansa y se distancia, por el momento no hay espacio para los jóvenes porque en la política todo está monopolizado, tan solo podemos ver ejemplos de diputados federales que estuvieron más de 2 legislaturas y esta que corre que es la tercera y si no quitan el tiempo, se vuelven dinosaurios, son acaparadores, las redes sociales también amplificaron ese tema y lo convirtieron en fenómeno, nunca habíamos tenido tanta información disponible al momento, y nunca había sido tan difícil distinguir la verdad, la viralidad se confundió con certeza, la opinión con conocimiento y el escándalo con relevancia, en medio de ese ruido, la reflexión quedó arrinconada, sin embargo, no todo fue retroceso, si algo quedó claro este año es que el país sigue en pie gracias a su gente, a las familias que sostienen todo sin reflectores, a quienes emprenden por necesidad, a quienes ayudan sin publicarlo, a quienes siguen creyendo que vale la pena hacer lo correcto, incluso cuando parece que no da resultados inmediatos, esa resistencia silenciosa es la que no aparece en medios de comunicación, en realidad deberíamos hacer una pausa y preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo, no todo depende del gobierno, pero tampoco todo es responsabilidad individual, el verdadero cambio comienza cuando dejamos de buscar culpables, y empezamos a asumir nuestro papel, el año se está yendo, pero los problemas no se reinician con el calendario, lo único que puede cambiar es nuestra forma de cómo enfrentarlos, ojalá que el próximo año no nos encuentre más divididos ni más cansados, sino más conscientes, más críticos y saber aceptarla, más dispuestos a reconstruir lo que el desgaste ha ido erosionando, porque al final, nuestro querido México no se debe medir por sus discursos, sino por la dignidad con la que su gente enfrenta la realidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *