Karla García / Diario de Chiapas
En el municipio de Zinacantán, un grupo de 70 mujeres artesanas ha encontrado en el turismo alternativo una estrategia para fortalecer la venta directa de sus productos y evitar prácticas como el regateo y la intermediación.
Se trata de la cooperativa Mujeres Sembrando la Vida, integrada por artesanas de siete comunidades, quienes además de elaborar textiles tradicionales, ofrecen a los visitantes una experiencia de convivencia que incluye la demostración de técnicas como el bordado a mano, bordado a máquina, brocado y el uso del telar de cintura.
María Yolanda Hernández Gómez, integrante de la cooperativa, explicó que este modelo permite a los turistas conocer de cerca el proceso de elaboración de cada pieza, lo que contribuye a darle un valor agregado al trabajo artesanal.
“Invitamos a que nos visiten, que puedan convivir con la familia, conocer cómo trabajamos y también consumir comida tradicional que preparamos en casa, aunque este servicio debe reservarse con anticipación”, señaló.
Detalló que, a diferencia de otros espacios en la cabecera municipal donde la visita suele ser breve, en la cooperativa se promueve un intercambio más cercano, donde los visitantes pueden permanecer más tiempo, hacer preguntas y comprender el contexto cultural del trabajo textil.
Hernández Gómez indicó que esta modalidad también ha sido clave para combatir el regateo, una práctica que durante años afectó los ingresos de las artesanas.“Buscamos que compren a precio justo, explicamos el proceso y la calidad de nuestras piezas, para que entiendan por qué tienen ese valor”, afirmó.
Antes de organizarse como cooperativa, explicó, muchas artesanas vendían sus productos a intermediarios o a compañeras ubicadas en el centro del municipio, lo que reducía significativamente sus ganancias. “Antes nos pagaban 500 pesos o menos, y la mayor parte de la ganancia se la quedaban otras personas”, comentó.
Actualmente, el uso de redes sociales y herramientas digitales como mapas en línea ha facilitado que los turistas lleguen directamente a sus hogares, aunque no se encuentren en zonas céntricas.
En cuanto a los precios, las piezas más pequeñas pueden adquirirse desde 100 pesos, mientras que los textiles más elaborados, como los huipiles emplumados, alcanzan costos de entre 10 mil y 12 mil pesos, dependiendo de su complejidad.
De cara al periodo vacacional de Semana Santa, la cooperativa informó que mantendrá abiertas sus puertas todos los días, aunque reconocen que al llegar sin previo aviso, limita la posibilidad de ofrecer el servicio de alimentos.




