El reto no es restringir el uso del celular, si no despertar el pensamiento crítico y la imaginación
Este martes 3 de noviembre de 2026 entró en vigor en México la regulación federal que restringe el uso de teléfonos celulares y dispositivos con pantalla en las escuelas, publicada a través del Acuerdo 09/09/26 en el Diario Oficial de la Federación por la Secretaría de Educación Pública (SEP). Según el titular de la SEP, Mario Delgado Carrillo, esta restricción tendrá lugar en las primarias y secundarias durante las clases y el receso.
El mayor reto de esta regulación que se está dando a nivel nacional es lograr que las infancias y adolescencias usen el tiempo sin celular en actividades que despierten su imaginación y en juegos lúdicos. Un desafío que va a recaer en la plantilla de docentes de todo el país. A través de las redes sociales, la SEP invitó al personal docente a incentivar los juegos de mesa, la lectura y las actividades deportivas durante los recesos para fomentar la imaginación de los alumnos.
Esta lucha será asumida por 2.2 millones de docentes en 263.6 mil escuelas públicas y privadas de todo el país, para atender a 34.1 millones de estudiantes que integran el Sistema Educativo Nacional.
Cabe recordar que, como soporte de esta regulación, las y los docentes cuentan con lineamientos para el uso de dispositivos digitales en los planteles educativos de todo el país, resultado de un proceso de diálogo y consulta en el que participaron docentes, especialistas, autoridades educativas, universidades y organismos internacionales.
El problema es grande y fuerte porque hay que hacerles frente a décadas de influencia del internet, los videojuegos, programas violentos y sinnúmero de “influencers” que inyectan ideologías y pensamientos que no siempre conllevan a escenarios positivos. Y ahora, con la inteligencia artificial, cuyo alcance es sumamente peligroso.
Ha sido documentados los casos donde jóvenes adultos han sido influenciados por la inteligencia artificial para cometer actos atroces como quitarse la vida. Un verdadero problema de salud mental.
Otro caso reciente es el registrado en Tapachula, donde un alumno de la Escuela Secundaria Soconusco, ubicada en la colonia de San José El Edén, intentó realizar un atentado en su escuela. El hecho generó preocupación entre los padres de familia sobre un presunto plan de un alumno para atacar a su maestro de Matemáticas, aparentemente por conflictos relacionados con situaciones de bullying.
De acuerdo con versiones que comenzaron a circular en redes sociales, los hechos habrían ocurrido el pasado 22 de octubre, aunque fue hasta este martes cuando la situación se hizo pública.
Según los señalamientos, el estudiante presuntamente habría ingresado al plantel con diversos objetos, entre ellos un pasamontañas, una pistola de balines, una navaja, gasolina y supuestos artefactos explosivos de fabricación casera, los cuales aparentemente estarían relacionados con el presunto plan.
La situación habría sido detectada oportunamente por un prefecto de la institución, quien presuntamente se percató de lo que ocurría y evitó que el caso pudiera tener consecuencias mayores.
Aunque el alumno fue expulsado, la dirección no denunció los hechos ante las autoridades y los alumnos afirman que las amenazas continúan.
Casos como los de este alumno abundan en los centros educativos y en gran parte se debe a que las y los niños y jóvenes están expuestos a los mensajes de odio y violencia que imperan en el entorno digital. Muchas veces esta exposición se da sin ninguna vigilancia ni pensamiento crítico y es justo ahí donde se debe trabajar con las infancias y adolescencias.
Las y los maestros de educación básica y media superior tienen la tarea de sustituir las pantallas por actividades que fomenten el análisis y la crítica, que son cualidades que se desarrollan en la niñez con el pensamiento lógico matemático y los juegos de cálculo mental.
Habrá que ver cómo se desarrolla y qué resultados se obtienen de la entrada en vigor de esta regulación en las escuelas de educación básica. Evaluar si incide en el desarrollo cognitivo y emocional de las infancias y adolescencias. Identificar qué podría estar haciendo falta para acompañar estas medidas, ya que, como todo fenómeno social, hay diversos factores que intervienen en la educación de las y los niños.




