EDITORIAL

Día de Muertos, una oportunidad de preservar la memoria colectiva y resignificar la pérdida

El Día de Muertos, una tradición con gran arraigo en la cultura mexicana, es una gran oportunidad para celebrar la vida, disfrutar de los seres queridos, así como recordar con amor y cariño a quienes partieron de este plano terrenal.

En Tuxtla Gutiérrez, estas fechas se celebran con una mezcla de multiculturalidad a través de altares de varios niveles y elementos diversos, pedida de dulces, y disfraces. Jorge Alejandro Sánchez Flores, cronista municipal de Tuxtla Gutiérrez, explicó que las celebraciones actuales conservan elementos de las tradiciones prehispánicas y de las costumbres católicas que llegaron con los españoles, sin embargo, señaló que la forma de colocar las ofrendas y la manera en que las familias viven estas fechas han cambiado con el paso de las generaciones.

Recordó que anteriormente las familias zoques acostumbraban colocar una mesa en sus viviendas, cubierta con un mantel blanco, fotografías de sus difuntos, veladoras, flores y alimentos que les gustaban en vida. Entre las ofrendas también había dulces tradicionales, como los de garbanzo, y comida preparada en casa para recibir simbólicamente a las almas.

Ahora, explicó, es común encontrar altares de tres, siete o hasta nueve niveles, principalmente en concursos escolares y actividades culturales. Cada nivel representa distintos espacios, como el cielo, la tierra y el inframundo, aunque el cronista aclaró que el altar tradicional de Tuxtla era una mesa sencilla.

Otra de las costumbres que ha cambiado es la de pedir “calabacita tía” el primero de noviembre. Sánchez Flores recordó que, durante su infancia, niñas y niños recorrían las calles en grupos de amigos, con un bote y una piedra para hacer ruido, mientras las familias les ofrecían calabaza en dulce preparada en casa, frutas y, en ocasiones, tamales.

Actualmente, señaló que en muchos casos se entregan dulces y algunos menores salen acompañados de sus padres, además de incorporar disfraces y prácticas relacionadas con Halloween.

El montaje de un altar, con todos elementos que cada región y cultura le otorgan, brinda la oportunidad al mexicano de aceptar la muerte y la pérdida con resignación solemne. Algo que de acuerdo con Leslie Nineth Alvarado Nazar, tanatóloga adscrita al Hospital de Especialidades Vida Mejor del ISSSTECH, “cuando tú ves su foto en un altar, sabes lo que está significando, el duelo es aprender a que el vínculo cambia, ya no está físicamente, pero en mi corazón y en mis recuerdos está vivo para mí”.

Se trata de un ritual que permite a las familias mexicanas rendir tributo y mantener un vínculo emocional con sus seres queridos.

Es importante destacar que las festividades del 1 y 2 de noviembre otorgan a México una identidad cultural que lo distingue ante el mundo. Resulta increíble entender cómo una nación es capaz de celebrar la muerte cuando, en principio, la pérdida de un ser querido representa dolor, tristeza y ausencia. Mientras que en otras culturas hablar de la muerte sigue siendo un tema incómodo e incluso un tabú, en México se le recuerda, se le honra y se le recibe simbólicamente con música, flores, alimentos y ofrendas.

Esta manera tan particular de relacionarse con la muerte forma parte de una de las expresiones más profundas de nuestra identidad. No se trata de celebrar la pérdida, sino de mantener vivo el recuerdo de quienes ya no están, de reconocer su legado y de encontrar, a través de las tradiciones, una forma de acortar simbólicamente la distancia entre la vida y la muerte.

A esta riqueza se suma la diversidad cultural de nuestro país, pues cada región de la República Mexicana imprime características propias a estas celebraciones mediante su música, gastronomía, vestimenta, rituales, decoración y formas de rendir homenaje a sus difuntos.

Por ello, el Día de Muertos no debe reducirse a una fecha de descanso o a un atractivo turístico. Es una herencia cultural que merece preservarse y transmitirse a las nuevas generaciones. En tiempos en los que las costumbres tienden a transformarse y las nuevas generaciones adoptan influencias de otras culturas, mantener vivas estas tradiciones también significa defender nuestra memoria colectiva, reconocer nuestras raíces y sentir orgullo por una identidad que ha trascendido fronteras.

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