J. EDUARDO PINEDA ARENAS
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Cada joven que sale de Chiapas buscando oportunidades lleva consigo algo más que sus maletas: conocimientos, aspiraciones y capacidades que podrían contribuir a construir nuestro futuro.
Decimoquinta Ley del Liderazgo Estratégico Territorial
*Un territorio convierte la educación en desarrollo cuando logra crear oportunidades para que el talento que forma también pueda crecer, producir y prosperar dentro de él. *
Imaginemos a una familia de Tapachula.
Durante años hizo sacrificios para que su hijo estudiara.
Pagó transporte, libros, alimentación y todo lo necesario para que terminara una carrera.
Finalmente, el muchacho se gradúa.
Y entonces llega la pregunta:
¿Dónde vas a trabajar?
Busca oportunidades. Encuentra algunas, pero quizá ninguna corresponde a su preparación, sus expectativas o al futuro que imagina.
Un día anuncia:
“Me voy a Monterrey”.
La familia siente orgullo porque consiguió una oportunidad.
Pero también tristeza porque tendrá que marcharse.
Y Chiapas enfrenta una pregunta económica que pocas veces nos hacemos:
*¿Para qué, en nuestro territorio, terminamos formando a nuestros jóvenes? *
Desde luego, cada persona tiene derecho a buscar su futuro donde quiera.
La movilidad también permite aprender, conocer otras realidades y regresar con experiencia.
*El problema aparece cuando marcharse deja de ser una elección y comienza a convertirse en la única alternativa razonable para progresar. *
En nuestras investigaciones sobre capital humano y sobre la sociedad del Soconusco estamos estudiando precisamente esa posibilidad.
Quizá las aspiraciones de muchos jóvenes estén creciendo más rápido que las oportunidades que nuestra economía puede ofrecerles.
Todavía debemos medirlo.
Pero la pregunta merece atención.
Porque podemos ampliar universidades, mejorar programas, preparar técnicos e ingenieros y descubrir después que buena parte de las oportunidades para aprovechar esa preparación se encuentran fuera.
*La fuga de talento puede comenzar mucho antes de que un joven se marche: comienza cuando deja de imaginar que puede construir su futuro aquí. *
Y aquí aparece una responsabilidad que va más allá de las universidades.
*También corresponde a los empresarios. *
¿Estamos creando empleos donde el conocimiento tenga valor?
¿Ofrecemos oportunidades para aprender, crecer y asumir responsabilidades?
¿Sabemos reconocer el talento cuando lo encontramos?
¿O seguimos buscando trabajadores preparados para actividades que apenas les permiten utilizar una pequeña parte de sus capacidades?
Hay una relación que conviene comprender.
Las empresas necesitan trabajadores competentes para crecer.
Pero los trabajadores también necesitan empresas capaces de crecer para desarrollar sus competencias.
*Si una de las dos partes permanece estancada, la otra termina buscando oportunidades en otro lugar. *
Por eso la solución no consiste solamente en formar más profesionistas.
También necesitamos construir una economía que demande mejores profesionistas.
* Agroindustrias.
* Transformación pesquera.
* Logística.
* Tecnología.
* Servicios especializados.
* Empresas que desarrollen productos, marcas y mercados.
Y oportunidades para que los propios jóvenes emprendan.
*Aquí el gobierno tiene una responsabilidad estratégica: orientar infraestructura, financiamiento y políticas productivas hacia actividades que puedan generar empleos de mayor valor. *
Las universidades, anticipar las capacidades que esas actividades necesitarán.
Y las empresas, abrir oportunidades reales de formación, especialización y crecimiento.
Pero también debemos escuchar a los jóvenes.
* Quizá algunos buscan mejores salarios.
* Otros, reconocimiento.
* Otros, independencia.
* Otros, un ambiente de trabajo distinto.
* Y algunos simplemente quieren conocer el mundo.
Necesitamos entender esas diferencias antes de pretender resolverlas.
Porque el objetivo tampoco debe ser impedir que nuestros jóvenes se marchen.
Debe ser construir un territorio al que también quieran quedarse, regresar o venir.
Ése sería un cambio extraordinario para Tapachula, el Soconusco y Chiapas.
Dejar de pensar solamente cuántos profesionistas estamos formando.
Y comenzar a preguntarnos *cuántas oportunidades estamos construyendo para que puedan desarrollar aquí todo lo que aprendieron. *
*El verdadero reto no es evitar que nuestros jóvenes conozcan el mundo. Es conseguir que, después de conocerlo, también encuentren razones para construir su futuro en Chiapas. *




