Letras Desnudas

Mario Caballero

¿De cuántos millones estamos hablando?

7,055 CARACTERES

Sería demasiado ingenuo pensar que Omar Gómez Cruz no se dio cuenta del baile de millones de pesos que hubo bajo sus narices durante el tiempo que tuteló la Secretaría de Salud Estatal. Pero dándole el beneficio de la duda, preguntemos: ¿qué pasó entonces?

Una de dos. O cometió el absurdo pecado de confiar demasiado en sus colaboradores o es que la cabeza le sirve nada más para ponerse la gorrita.

Como sea, el asunto es que su colaborador de mayor confianza le tomó el pelo a niveles astronómicos. Mientras él se desvelaba haciendo… este… este… bueno, lo que sea que haga un secretario de Salud para pasar desapercibido en los libros de historia, su exsecretario particular no se servía con la cuchara grande: se metió directo a la cocina con una retroexcavadora. Y él ni en cuenta.

Está tomada de pelo nos da una gran lección: hay que saber escoger bien a los amigos.

SERGIO CARRILLO

¿De dónde carajos conoció Omar Cruz a Sergio Esteban Carrillo Pérez, hoy Sergio “N”?

La verdad, no se sabe. Pero antes de asumir el cargo de secretario particular del secretario de Salud, no contaba con antecedentes de carrera política de alto nivel ni experiencia previa en finanzas o compras públicas gubernamentales.

Un secretario particular muchas veces se convierte en una persona muy poderosa. No sólo maneja la agenda pública y privada del titular, sino controla el acceso directo al funcionario y administra el flujo de información clave. Aunque de manera formal es un cargo de apoyo administrativo, en la práctica actúa como el principal “filtro” del poder, lo que le otorga una enorme influencia indirecta.

El secretario particular llega al punto de decidir qué documentos, reportes o tarjetas informativas llegan al escritorio de su jefe y en qué orden de prioridad. Otras veces las instrucciones del alto funcionario son transmitidas verbalmente a través de él, lo que genera temor entre los subordinados. Y es muy frecuente que se tome atribuciones que no le pertenecen, como congelar un proyecto, retrasar una firma u ordenar el uso de los recursos públicos.

Sergio Carrillo se creyó superpoderoso, capaz de detener trenes con las manos y hacer desparecer presupuestos con la mente. Empero, como se dice ahora en los pasillos del poder: “no lo supo hacer”. Enloqueció. Terminó tan ridículamente desquiciado que el poder se le subió a las cejas, convenciéndose a sí mismo de que, además de intocable, era guapo. Ahí que los señalamientos en su contra por presunto acoso sexual fueran un secreto a voces en la dependencia.

De acuerdo con sus declaraciones patrimoniales, Carrillo no tenía mérito alguno para desempeñar el puesto más que ser amigo de Omar Gómez. Es ingeniero en Sistemas Computacionales y antes de asumir la secretaría particular pasó por áreas informáticas, desarrollo de sistemas y puestos técnicos dentro de instituciones de salud. Su carrera laboral nunca tuvo relación con el manejo de licitaciones ni con la administración de presupuestos masivos, funciones que tampoco le pertenecían, pero las ejecutó.

LA RETROEXCAVADORA

Varias fuentes señalan que fue el cabecilla detrás de la red de corrupción en la que participaron Rosario Esmeralda “N”, exdirectora de Infraestructura en Salud; Snar Rodrigo “N”, exsubdirector de recursos materiales y servicios generales; Cleofas “N”, jefe del departamento de servicios generales, y Soneli “N”, exjefa de departamento de recursos materiales.

Todos fueron vinculados a proceso por delitos como ejercicio ilegal del servicio público, abuso de autoridad y ejercicio abusivo de funciones. Fueron aprehendidos luego de las denuncias por irregularidades y desvío de recursos en el presupuesto de la Secretaría de Salud.

Sergio Carrillo fue el último en ser detenido. Al menos por ahora. Está acusado por su presunta responsabilidad en los delitos de ejercicio abusivo de funciones y abuso de autoridad.

De acuerdo con la carpeta de investigación, intervino en la promoción, selección y definición de proveedores. Es decir, con o sin el consentimiento del exsecretario Gómez Cruz, él decidía qué empresas se contrataban y asignaba los convenios de manera directa, violando la Ley de Adquisiciones del Estado.

Aparte, investigaciones locales lo ligan a un esquema de corrupción en la que participaron varias empresas y altos mandos de dicha secretaría en el desvío de millones de pesos, utilizando facturación inflada.

Uno de los documentos bajo investigación es un acta de fallo del Comité de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Instituto de Salud por servicios de mantenimiento de equipos electromecánicos en unidades médicas que nunca se realizaron, pero por los que se pagó un monto superior a un millón 650 mil pesos.

Aunque la Fiscalía Anticorrupción y las auditorías de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno han mantenido bajo reserva jurídica los nombres de varias empresas señaladas en la carpeta de investigación, se conocen algunas razones sociales que podrían haber sido utilizadas en el desvío de recursos.

Una de ellas es “JAOP Servicios y Suministros”, ligada a un tal Jorge Alberto Osorio Pérez, compañía que recibió por adjudicación directa un contrato por 20 millones de pesos para labores de fumigación en centros de salud. La auditoría realizada detectó costos inflados y reportes falsificados por realizar sólo tres fumigaciones mensuales por sitio para justificar el altísimo cobro.

No es todo. investigaciones de la Fiscalía indagan un esquema de extorsión a proveedores de la administración pasada a quienes por órdenes de Sergio Carrillo se les retenían los pagos y se les condicionaba el cobro a cambio de un moche importante o una comisión que podía alcanzar hasta el 40% del monto total de la factura.

Uno de esos casos documentados asciende a 53 millones de pesos.

El dinero del moche o la comisión era triangulado a empresas fachada para evitar dejar rastros.

Fuentes a este columnista refieren que Carrillo Pérez, después de ser un empleado irrelevante, de tercer nivel, pasó a ser un poderoso funcionario que en poco más de año y medio se hizo hasta socio de un hospital privado que se encuentra en construcción en la ciudad de Tapachula.

TODO EL PESO DE LA LEY

¿Cuánto dinero realmente fue desviado o malversado por Sergio Esteban Carrillo? No lo sabemos todavía. Esperemos que las investigaciones lo aclaren con detalle.

Lo que revuelve el estómago en este caso es el pozo de miseria moral en el que habita ese hombre. Si se demuestra su culpa, que quede claro: él no se robó el cambio de unos dulces ni el presupuesto de un par de camillas. Se robó la vida de los enfermos. Se quedó con el dinero que debió comprar el oxígeno, las quimioterapias y la última esperanza de miles de familias chiapanecas.

Eso no es corrupción; es una sentencia de muerte firmada con el bolígrafo de oro de un funcionario miserable.

Y la cárcel no basta. La justicia sólo estará completa cuando haya una estricta reparación del daño, cuando Sergio Carrillo y todos los involucrados sean obligados a devolverle al pueblo lo que le robaron.                                                          yomariocaballero@gmail.com

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