Letras Desnudas

Mario Caballero

El legado de Carlos Morales

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Tal como se anticipaba, el pasado jueves Carlos Morales Vázquez presentó su renuncia a la Oficina de Representación de la Conafor para buscar la candidatura de Morena a la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez.

Lo anunció a través de un video de apenas un minuto de duración, en el que dijo que ese puesto le “permitió seguir trabajando por Chiapas y por nuestro medioambiente”, que quiere “poner la experiencia acumulada al servicio de la gente”, además de “fortalecer la vida democrática al generar opciones a la ciudadanía”. En una crítica hacia la actual gestión municipal asegura que “Tuxtla merece trabajo, experiencia y compromiso” y que él está dispuesto a “seguir trabajando por nuestra ciudad” y “por un Tuxtla mejor”.

Eso, en castellano, se llama cinismo.

En países como Dinamarca, Noruega y Suecia, donde existe una alta percepción de integridad pública gracias a la fuerte tradición de acceso a la información y fiscalización institucional, Carlos Morales hubiera sido obligado a transparentar su desempeño antes de salir a saciar sus ambiciones políticas. Pero como el hubiera no existe, y en nuestro país la rendición de cuentas es más un anhelo que una realidad, puede hacer lo que le venga en gana.

Sin embargo, nosotros, los ciudadanos, sí podemos cuestionar ¿dónde están los resultados de su trabajo por Chiapas y el medioambiente? ¿Su “experiencia acumulada” es en verdad digna para ponerla al servicio de la gente? ¿Su aspiración por la alcaldía es una opción confiable para la ciudadanía? Y, ¿a qué llama “seguir trabajando por nuestra ciudad” si el balance de los seis años de su gobierno arroja los peores números?

En menos palabras, ¿cuál fue su legado como alcalde de Tuxtla y a favor de la protección del ecosistema chiapaneco?

LA VERDADERA HERENCIA

Como titular de la Conafor en Chiapas fue un fraude, puesto que cobró un sustancioso sueldo prácticamente sin trabajar.

Durante los veinte meses que ostentó el cargo no se le reconoce una sola acción en cuanto a gestión territorial, promoción del manejo forestal comunitario o despliegue de programas de apoyos económicos y forestales en el estado.

Por el contrario, el tres de septiembre de este mismo año un ciudadano presentó una denuncia en su contra ante la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno por utilizar recursos humanos, materiales y financieros de la Conafor para impulsar sus aspiraciones a la presidencia municipal.

En marzo, varias fuentes revelaron que Jorge Enrique Zapata Nieto, delegado de la Profepa en Chiapas y nombrado en junio pasado coordinador Nacional de las Oficinas de Representación, imponía multas excesivas a los hoteleros y restauranteros de Puerto Arista que iban desde los 200 mil hasta más de un millón de pesos, por supuestas anomalías detectadas en las inspecciones.

Dichos empresarios denunciaron que el personal de inspección imponía las multas y clausuras para después pedirles “arreglos” económicos. También dijeron que Zapata Nieto contaba con la complicidad y protección de Carlos Morales, de quien fue consejero jurídico en el Ayuntamiento capitalino.

Para eso le sirvió la Conafor, de trampolín político y presunto financiamiento a través de la extorsión.

Por otra parte, ¿con qué cara sale a decir que tras esta responsabilidad pública reafirmó su compromiso con el medioambiente? Él menos que nadie puede hablar de compromiso cuando nunca lo ha tenido.

Durante su desempeño como secretario de Medio Ambiente e Historia Natural en el gobierno de Manuel Velasco Coello, enfrentó señalamientos por corrupción, desvío de recursos públicos, abuso de autoridad y ejercicio indebido de funciones.

En mayo de 2014, por ejemplo, militantes y consejeros del extinto PRD en Chiapas emitieron un extrañamiento público en su contra por el desvío de recursos financieros y humanos de la SEMAHN para promover y apoyar de forma ilegal la candidatura de Carlos Sotelo a la dirigencia nacional de dicho partido político.

En octubre de 2013, fue denunciado públicamente por el presunto delito de despojo e intimidación. Una comerciante que operaba desde hacía varios años un local en el interior del Zoológico Miguel Álvarez del Toro —dependiente de la SEMAHN— lo acusó de instrumentar acoso laboral y amenazas mediante subordinados para despojarla del negocio con el que sustentaba a su familia.

De acuerdo con la denuncia, Carlos Morales quería quitarle la concesión del establecimiento comercial para dársela a su hermano Jorge.

En el colmo del nepotismo, colocó en puestos clave a sus familiares. Su sobrino Enrique Morales fue director de Protección Ambiental; su primo Pablo Morales, asesor; Junior Germán Morales, también su sobrino, jefe del Área de Desarrollo de Sistemas, y su yerno René Alcocer estuvo adscrito al despacho principal de la secretaría.

De igual manera, fue acusado de venta ilegal de especies exóticas y despojo de terrenos. Como el perpetrado en 2014 con la complicidad del entonces titular de la Profepa, Jorge Constantino Kanter, de más de cuatro mil metros cuadrados de los fraccionamientos Monte Real y Villa Tziscao, con un valor superior a los 15 millones de pesos, donde fueron colocadas tuberías de drenaje y agua potable sin los debidos permisos, más el derribo de árboles, acciones que provocaron graves daños al entorno natural de la zona.

No es todo. No hizo nada para sancionar y exigir el cierre de Cales y Morteros del Grijalva, empresa que ha sido responsabilizada de miles de casos de enfermedades respiratorias en personas por la extracción de materiales pétreos en las laderas del Cañón del Sumidero. Peor todavía, en su momento se mencionó un supuesto pacto entre los directivos y Carlos Morales, en el que éste se comprometía a detener las denuncias o emitir multas mínimas en contra del consorcio a cambio de importantes sumas de dinero.

En este puesto, fue un férreo crítico de Veolia, antes Proactiva. Inclusive, le solicitaba el alcalde en turno, Fernando Castellanos, que revisara el convenio y lo cancelara debido a la contaminación provocada por la empresa a ríos y afluentes.

Pero antes de que fuera candidato a la presidencia municipal en 2018, se terminaron abruptamente los cuestionamientos. ¿Por qué? Se dijo que Veolia le había ofrecido pagarle la campaña de ese año con tal de que dejara de perseguirla.

ATOLE CON EL DEDO

En realidad, a Carlos Morales jamás le ha interesado el cuidado del medioambiente, sino sólo tomarlo de carnada para obtener beneficios personales. Lo anterior es testimonio de ello y su único legado.

Nadie debe ser llamado a engaño. Lo que pretende fingiendo un compromiso irreal o presumiendo logros que no están por ninguna parte, es darle atole con el dedo a los tuxtlecos.

Los dos trienios pasados dan muestra de su falta de capacidad para gobernar y proponer el desarrollo de la ciudad, y de su habilidad para enriquecerse y satisfacer sus más bajos instintos.

Dejó un Tuxtla endeudado, en el quinto lugar en percepción de inseguridad y saqueado. Nada más en el año 2024, el último de su segundo periodo, provocó un presunto desfalco superior a los 220 millones de pesos, según la Auditoría Superior del Estado.

yomariocaballero@mail.com

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