Juan Pablo Zárate Izquierdo
Hay algo que cambia en una institución cuando se detiene a preguntarse cómo quiere que la vean. Y eso es justo lo que está haciendo ahora la Unicach: emitió una convocatoria a una consulta a su propia gente: estudiantes, maestros, egresados, personal, en cómo imaginan una nueva imagen para la universidad. Y en esta nueva identidad visual, obviamente no está en juego solamente el logotipo o los colores, sino algo más de fondo: qué quiere representar la Unicach de aquí en adelante.
Y bien vale la pena decir algo con claridad: un escudo, un color institucional, una tipografía, no son adornos meramente; son la forma en que una comunidad entera comunica a sí misma hacia afuera. Ahí se guarda, sin que casi nadie lo note, todo el prestigio que una institución ha construido con los años. Por eso tocar esos símbolos nunca es un asunto menor, aunque a primera vista parezca solo estética.
Sin embargo, ahí mismo está la oportunidad, pues renovar una imagen institucional no tiene por qué entenderse como borrar el pasado, sino como la posibilidad de decidir, con la participación de todos, qué parte de esa historia se quiere seguir contando y qué elementos nuevos merecen sumarse al relato de una nueva realidad. Una universidad que crece, que cambia de generaciones, que amplía su matrícula y su presencia en el estado, tiene sentido que también actualice la manera en que se presenta ante Chiapas y ante el país.
Lo más rescatable de este ejercicio es precisamente que no vino impuesto desde una oficina de comunicación o de direccion, decidido a puerta cerrada. Se abrió la conversación a quienes hacen la universidad todos los días, con la confianza de que esa participación puede enriquecer el resultado final más que cualquier decisión tomada unilateralmente. Una consulta así reconoce algo sencillo pero importante: la identidad de una institución no le pertenece únicamente a quien la dirige en un momento dado, sino a toda la comunidad que la habita y que la ha construido con el paso de los años.
Conviene recordar, además, que la Unicach de hoy ya no es la misma de hace quince o veinte años. Ha sumado nuevas licenciaturas, ha abierto Sedes en distintas regiones del estado, ha formado generaciones enteras de profesionistas chiapanecos que ahora trabajan en el gobierno, en el sector privado, en la docencia, en la investigación. Ese crecimiento, por sí solo, puede justificar la pregunta de fondo: si la universidad ha cambiado tanto en su tamaño y en su alcance, resulta conveniente revisar cómo se presenta ante el exterior.
Ahí es donde el ejercicio de consulta cobra un valor especial, ya que no se trata únicamente de escoger un color más vistoso o un diseño más actual, sino de aprovechar el momento para que la comunidad universitaria piense colectivamente en su propio futuro. Cada aportación, cada comentario en esa consulta, es en el fondo una manera de decir qué se quiere conservar y qué se está dispuesto a dejar atrás, y eso convierte al ejercicio en algo más que un simple rediseño gráfico.
Es momento también de pensar en lo que representa hacia afuera. Una identidad visual renovada, construida con la participación de la propia comunidad, puede convertirse en una carta de presentación más sólida frente a otras instituciones educativas del país, frente a posibles convenios, frente a estudiantes que están decidiendo dónde estudiar. La forma en que una universidad se nombra a sí misma también incide en cómo la perciben quienes todavía no forman parte de ella, y eso tiene un peso que va más allá de lo estético.
Por eso ahora, este ejercicio, puede leerse como una oportunidad seria de fortalecimiento institucional. Aunque las consultas pueden quedarse en gesto vacío si no se toman en serio, esto no debe ser visto como un simple cambio de imagen, sino como un ejercicio que obliga a la universidad a mirarse a sí misma, a reconocer su trayectoria y a proyectar, con la participación de todos, hacia dónde quiere caminar en los próximos años.
En las máximas casas de estudio como la Unicach, y con la etapa de crecimiento que vive actualmente, tiene sentido preguntarse qué la identifica, qué se ha construido hasta ahora y qué se quiere proyectar de aquí en adelante. Es una pregunta que acompaña de forma natural a cualquier institución que no se conforma con quedarse igual, sino que busca seguir evolucionando sin perder aquello que la hace reconocible.
Los ejercicios de las consultas, con todos sus riesgos, pueden ofrecer mejor resultados y la Unicach ha mostrado que quiere aprovechar este ejercicio con la propuesta que está por construir.
Al final, una nueva imagen institucional no se resuelve solamente con un buen diseño gráfico. Se resuelve cuando una comunidad logra ponerse de acuerdo sobre lo que quiere seguir siendo mientras avanza, donde ese acuerdo, por sí mismo, ya es una forma de fortalecer a la institución y ojalá esta consulta sirva para eso: para que la Unicach salga a la luz con una imagen que de verdad sienta suya toda su comunidad, no solo la oficina que la diseñó.
Muy bien por este ejercicio.




