EDITORIAL

No se empieza bien; el INE, opaco y omiso

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Oficialmente, entramos al proceso electoral federal de 2027, en el que se llevará a cabo la elección intermedia y se elegirán 500 diputaciones federales y 19 mil 609 cargos locales, entre ellos 17 gubernaturas. A la elección del 6 de junio de 2027 están convocados a las urnas 101 millones de mexicanos.

Toda una odisea en la que estará en juego la legalidad y la correcta operación del Instituto Nacional Electoral (INE). La gran pregunta es si Guadalupe Taddei, presidenta del INE, seguirá sumisa a las órdenes del gobierno o si, en verdad, su actuación será parcial.

En el evento inaugural estuvo presente la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, un hecho relevante porque, desde hace 26 años, ninguna autoridad de esa dependencia había acudido a un acto de esta naturaleza. ¿Significa esto que la presencia de la secretaria tiene como propósito ejercer presión y dejar claro: “Aquí estamos, vigilantes”?

Se trata de una situación tendenciosa y, hasta cierto punto, motivo de reflexión, porque la operatividad del INE, en teoría, es autónoma.

También acudieron al arranque oficial el presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Gilberto Bátiz, y los magistrados Felipe de la Mata y Alfredo Fuentes. Se entiende que su actuación será vital en las resoluciones de las querellas que se presenten, pero eso tampoco significa que exista una garantía de equilibrio, sobre todo si se parte de que en el Consejo General del INE existe una mayoría a favor de las “causas” del gobierno. En ese sentido, se podría anticipar que no habrá equilibrio en las decisiones. Pero, bueno, así es la democracia.

Y eso no lo decimos nosotros, sino el magistrado Arturo Castillo, quien asegura que “no será un proceso electoral equitativo; el INE es un árbitro opaco y omiso”.

Como ejemplo, señala que hay aspirantes que presumen llevar 75 días de campaña, fuera de los tiempos legales, y el INE no ha tomado acciones. Lo que es lo mismo: estaría sumiso a lo que diga y ordene el gobierno federal. Por tanto, la presencia de Rodríguez no sería más que una forma de ejercer presión.

Además, en los hechos predomina la inequidad, dado que los partidos políticos, sobre todo Morena, el Partido Verde y el Partido del Trabajo, decidieron no cumplir con las reglas electorales.

Una sola voz se escuchó fuerte, pero sus efectos podrían apagarse porque, para eso, está la maquinaria gubernamental.

En los hechos, también los partidos y el propio INE echan por tierra el discurso de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien, en sus buenos deseos, llama a eliminar el “odio”. Es más lamentable que ella misma reconozca que “la mayoría de los partidos no están dispuestos a sujetarse a las leyes electorales” y que han transferido al INE la responsabilidad de su propio comportamiento, al adelantar sus actividades electorales pese a la autorregulación que se impusieron desde 2007.

Es muy delicado cómo comienza el proceso electoral, si se toma en cuenta que el otro gran problema es la intervención del crimen organizado, cuya presencia mantiene en jaque al gobierno, pese a los buenos resultados que ha tenido la Policía en las últimas semanas.

Y no exagera el consejero Castillo cuando afirma que algunos partidos están configurando una campaña que bordea el límite de la calumnia y, al mismo tiempo, reprochan al INE limitar la libertad de expresión.

El INE tiene una gran tarea por delante, y esta será una oportunidad para que su presidenta, Guadalupe Taddei, demuestre que está con el pueblo y no sometida a la presión de los partidos mayoritarios, del Poder Legislativo y del Ejecutivo.

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