Editorial

El cuidado de las especies es vital para los ecosistemas

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No cabe duda, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es un neófito y safio en lo que respecta al cuidado del medio ambiente y su negativa a aplicar políticas ecoamigables −tampoco es un cínico y sinvergüenza que recurre al greenwashing−: previamente, en su primer mandato, allá en 2017, anunció que su nación abandonaría el Acuerdo de París; para 2025, la abandonó formalmente, y en ese mismo año fue aún más lejos: salirse de dos organismos internaciones que buscan combatir este problema, como lo son la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

Esto significó un punto de quiebre, ya que esa nación es una de las más contaminantes y su abdicación, representó un revés a la reducción del dióxido de carbono (CO2) que afecta a la atmosfera.

Si este acto hace ya hace casi una década representa una inconciencia e ignorancia del mandatario, sus declaraciones sobre el problema del cambio climático como que es “la mayor estafa de la humanidad” y ha sido crítico con los ecologistas al tacharlos de ser enemigos de la economía; lo anterior, reafirman su brutalidad, poca empatía e indiferencia a un problema que ya está generando estragos.

Ahora bien, con lo ya mencionado su acción más reciente: retirar la protección al lobo mexicano y al lobo gris, causo molestia entre conservacionistas y defensores de los animales, al considerar esta acción deliberada.

De acuerdo a medios internacionales, el pasado 4 de septiembre el mandatario mandó una orden ejecutiva al Departamento del Interior a determinar en un plazo de 90 días, si dichas especies cumplen con las características necesarias para poder reducir su categoría de protección o retirarlas de la lista de especies en peligro de extinción.

Lo anterior, está justificado como una “medida necesaria” y “apoyará a los ganaderos” de ese país, ya que depredan al ganado, generando perdidas a los que se dedican a ese negocio.

Como tal, esta medida no es oficial, pero dejar sin protección a dos especies de carnívoros alfa, que son vitales en sus respectivos ecosistemas para mantener poblaciones controladas: peor aún, ambos ejemplares de canes hasta hace unos años estaban a punto de desaparecer y en varios foros sobre conservación se reiteró que era necesario evitar la deforestación y su cacería, para que su población no colapsara.

Precisamente, la expansión de la mancha urbana, la reducción de su hábitat y en consecuencia al estar limitados, recurrieron a la endogamia, lo que facilitó su reducción significativa a finales del siglo XX y parte del XXI. Por ello, de acuerdo a datos sobre su población, la población del lobo mexicano para 1970 tan sólo quedaban siete ejemplares: hoy en día existen alrededor 319, por lo que eliminar esa protección causaría su extinción definitiva.

Por su parte, la presidente de México, Claudia Sheinbaum, pidió coordinar con las autoridades del vecino país la conservación de esa especie; asimismo, fue reiterativa al recordar que dicha existen protocolos internacionales para la preservación de las especies, más aún que la responsabilidad de preservarla corresponde a ambos países, ya que por su naturaleza es una especie transfronteriza, por ello un decreto a la ligera pondría en peligro los ecosistemas de ambos países.

Entonces, más allá de las ideologías y los sesgos políticos que tanto afectan a las naciones, la preservación de la fauna y flora no debe tomarse a la ligera, ni emitir declaraciones que denoten la barbarie humana, de la cual en nada beneficia a la propia naturaleza y preservación del propio género humano.

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