EDITORIAL

Ahí están los resultados de los caprichos de la 4T

4,625 CARACTERES

¿Por qué será que, a Mario Delgado, secretario de Educación Pública, no le salen las cuentas en cada proyecto que presenta desde el centro del país? ¿Será que su pasado no lo deja pensar de manera correcta?

Justo este martes, tras presumir los logros del programa La Nueva Escuela Mexicana, se dieron a conocer los resultados de la prueba PISA, y estos no son nada halagadores: los estudiantes mexicanos cayeron siete puntos en lectura y matemáticas.

Una barbaridad que vuelve a poner en el ojo del huracán a la Secretaría de Educación Pública y a su titular. Claro, también habría que decir que se registró un avance de cuatro puntos en ciencias, aunque México sigue por debajo de los 419 puntos logrados en 2018.

Ante ello, Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, admitió que el panorama es “obviamente grave”.

Sería otro error garrafal que no se admitiera o reconociera el resultado negativo obtenido por México en la evaluación del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) 2025.

Las cifras son abismales. El gobierno de la Cuarta Transformación enfrenta una caída de 21 puntos desde la llegada de Morena al gobierno en 2018. Si a estas cifras se les pretende restar importancia argumentando que se tienen “otros datos”, entonces sí que se está transitando por el camino equivocado.

Según el informe publicado este martes, México obtuvo 388 puntos en matemáticas. Con ello, retrocedió siete puntos respecto de los 395 registrados en 2022 y acumula más resultados negativos.

Se entiende que una política educativa fallida no es responsabilidad de los estudiantes, sino de la irresponsable negativa de la 4T, que se ha negado a participar de manera adecuada en los procesos de formación. Y estos son los resultados: en lectura, los estudiantes lograron 408 puntos, siete menos que en 2022, cuando registraron 415. En los ocho años de la Cuarta Transformación, México ya arrastra una disminución de 12 puntos en este rubro.

El más reciente reporte del organismo muestra que 41.8 por ciento de los alumnos se ubicó por debajo del nivel 2 en las tres materias, más del doble del promedio de la OCDE, que es de 19.7 por ciento.

Que el director de Educación y Competencias de la OCDE haya admitido que el panorama es “obviamente grave”, al abordar si podría considerarse una crisis, debería ser motivo suficiente para que las autoridades educativas prendieran las alertas, aunque Schleicher también señaló que el fenómeno rebasa a México.

Solo el 50 por ciento de los estudiantes alcanzó al menos el nivel básico en ciencias, frente al 74 por ciento de la OCDE; el 30 por ciento lo consiguió en matemáticas, contra el 65 por ciento del promedio, y el 50 por ciento en lectura, frente al 69 por ciento.

El reporte muestra que el 72.6 por ciento estudia en centros con tutorías entre compañeros y el 36.7 por ciento en escuelas sin escasez docente, pero solo el 29.5 por ciento asiste a planteles sin carencias materiales.

Lo preocupante es que los niños superaron a las niñas por 13 puntos en ciencias y por 16 en matemáticas, mientras que ellas obtuvieron 12 puntos más en lectura.

El dato curioso es que Schleicher dijo estar “sorprendido” por el uso de la inteligencia artificial (IA) y advirtió que quienes no la utilizan obtienen mejores resultados.

La SEP y los estados tienen que recomponer el camino y evitar que las políticas diseñadas desde el centro del país terminen afectando a los estudiantes, particularmente en entidades como Chiapas, donde no necesariamente existen condiciones comparables entre una entidad y otra.

Esperemos que Chiapas dé a conocer los resultados obtenidos, porque de lo contrario se corre el riesgo de que se ensucien los resultados que se presumen en el programa de alfabetización Chiapas Puede.

Y no hay que olvidar que la necedad del expresidente Andrés Manuel López Obrador de no participar, en años anteriores, en las pruebas PISA hoy nos da una bofetada con guante blanco con estos resultados negativos.

No se explica uno los caprichos del exmandatario, aunque, con el paso de los años y a la luz de sus propias declaraciones, quizá resulte más entendible aquella negativa a participar en estas evaluaciones. En algún momento llegó a sostener que a México no le interesaba seguir esos parámetros y que el país no necesitaba ese tipo de mediciones.

Hoy, los resultados están ahí. Y difícilmente pueden ocultarse detrás de discursos, programas o “otros datos”. La realidad educativa termina imponiéndose: si los estudiantes están retrocediendo, quienes diseñan y conducen la política educativa tienen que asumir su responsabilidad y corregir el rumbo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *