EDITORIAL

A Inzunza lo llaman cínico, sinvergüenza y él como si nada

Enrique Inzunza salió bravucón, es un “cara dura”, como se dice en el argot popular. Le valió un cacahuate la sugerencia de la presienta Claudia Sheinbaum, de que separara del cargo para con ello llevar sin ninguna atadura las investigaciones que hay en su contra por el Departamento de Justicia por sus posibles nexos con el crimen organizado.

Es más, no sólo no escuchó la sugerencia, sino que con el cinismo que le caracteriza, se dijo inocente, limpio. Si es así, que poca con las autoridades de los Estados Unidos que lo acusan sin razón, y eso en México, no se tolera. ¿Cómo manchar la imagen de un político pulcro, transparente, productivo? Por favor, no se vale injuriar.

Eso de parte de la justicia norteamericana porque a la fecha no ha entregado pruebas que lo incriminen y si en un principio las exigió, hoy su tono fue más reflexivo al decir que sugería renunciara para ayudar al Movimiento de Regeneración Nacional.

Pero al parecer todo fue dientes para afuera, por que llegó al Senado y quiso dar cátedra de un hombre incólume, cuando en realidad todo México sabe que su integridad está por los suelos. Las denuncias de acoso sexual que pesan sobre él cuando fungió como presidente del Tribunal de Justicia de Sonora, están ahí, presentes, sin avanzar por el control de la justicia en Sinaloa sigue siendo del gobierno en el poder: Morena.

Sus adversarios políticos lo desnudaron y echaron por cara su dizque no participación con el crimen organizado.

Carolina Viggano, secretaria general del Partido Revolucionario Institucional y senadora, no lo bajó de sinvergüenza, con una actitud de simulación absoluta. Dijo que, si se dice transparente y limpio de cualquier delito, por qué no llegó a las sesiones de la Comisión Permanente. Durante más de tres meses todo fue una burla, pero nos enseñó que Morena, aun metido en nexos con la delincuencia organizada, no da su brazo a torcer.

Su regreso lo resumió con una frase brutalmente política: un independiente que continúa votando a favor de Morena, “representa lo peor de Morena”. Y cuestionó la razón de declararse independiente si, en los hechos, mantiene una línea política cercana al partido oficial.

La crítica de Viggiano no apunta únicamente a Inzunza. También plantea una pregunta incómoda para Morena: ¿qué significa realmente la independencia política cuando un legislador abandona formalmente una bancada, pero conserva coincidencias sistemáticas con ella?

El priista Manuel Añorve fue más allá. Cuestionó que Inzunza haya regresado al Senado después de los señalamientos relacionados con el Cártel de Sinaloa y consideró que, como mínimo, debería perder la presidencia de la Comisión de Estudios Legislativos.

No se trata de cualquier comisión. Desde esa posición, Inzunza participó en trabajos legislativos de enorme trascendencia, entre ellos la reforma judicial. Por eso, mantenerlo al frente de esa instancia, pese a los cuestionamientos que pesan sobre él, representa para sus adversarios un problema de confianza institucional.

Luis Armando Melgar, senador del Partido Verde, utilizó quizá el lenguaje más duro: calificó de “cínico” el regreso de Inzunza y sostuvo que su reincorporación habría sido avalada desde Palenque. Incluso pidió no solamente retirarle la presidencia de la comisión, sino llevar el caso hasta sus últimas consecuencias políticas y jurídicas: desafuero y expulsión del Senado.

Melgar lanzó además una acusación políticamente explosiva al afirmar que Inzunza “no representa a la República”, sino a intereses vinculados con un cártel y con políticos de Morena.

Si las acusaciones son falsas, la respuesta debería ser contundente: transparencia, documentos, investigación y claridad pública. Si existen investigaciones formales, entonces corresponde explicar su alcance, qué autoridades las realizan y cuál es la situación jurídica del senador. Pero en este caso, nada, no hay una solo investigación judicial y si la hay está parada. Así de simple.

El regreso de Inzunza no solamente afecta su propia imagen. También coloca a Morena frente a un problema de credibilidad. El partido que durante años hizo de la lucha contra la corrupción, los privilegios y las complicidades una de sus principales banderas tiene ahora que responder por uno de sus legisladores más cuestionados.

Y para la oposición, el caso representa una oportunidad evidente: convertir a Inzunza en símbolo de aquello que acusa como una contradicción del régimen. Un senador que formalmente se declara independiente, pero que —según sus críticos— continúa respaldando las posiciones de Morena; un legislador cuestionado que vuelve a ocupar una posición de poder; y una dirigencia que, hasta ahora, debe explicar por qué considera conveniente mantenerlo en una comisión estratégica.

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