Razones

Drones, laser y cooperación militar

Jorge Fernández Menéndez

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La relación militar entre México y Estados Unidos pasa por un muy buen momento de colaboración a tráves del Comando Norte, lo que ha permitido un control estrecho de buena parte de la frontera común de ambos países y, con mucha menos difusión, la implementación de una serie de mecanismos de colaboración que van de la inteligencia al control aéreo y que son mucho más sofisticados de lo que se cree.

La noche del 25 al 26 de agosto, en el Valle del Río Grande, Texas, tres drones fueron derribados por fuerzas militares y se convirtieron en una señal política, militar y criminal. Fueron detectados y neutralizados por fuerzas estadounidenses mediante un láser de alta energía: no con fusiles, misiles o inhibidores de señal, sino con el sistema Army Multipurpose High Energy Laser, conocido como AMP-HEL.

Lo importante es el mensaje: la frontera México-Estados Unidos se está consolidando como un escenario donde organizaciones criminales, traficantes de personas, fuerzas militares y agencias civiles disputan información, movilidad y control territorial también desde el aire y las fuerzas militares de México y Estados Unidos están decididas a disputarles esos espacios.

La versión oficial estadounidense sostuvo que los sistemas no tripulados fueron considerados adversarios porque apoyaban actividades que representaban una amenaza física para militares y agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). La Secretaría de la Defensa mexicana precisó después que se trataba de drones comerciales empleados por traficantes de personas para vigilar los movimientos de las autoridades, y que la intervención ocurrió del lado estadounidense.

La operación fue ejecutada por personal de la Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur de Estados Unidos (Joint Task Force–Southern Border, JTF-SB), una estructura militar subordinada al Comando Norte.

En el plano de mando militar, el episodio involucró además al Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte, NORAD, que junto con el Comando Norte informó públicamente del uso del láser. El jefe de la JTF-SB, mayor general Curtis Taylor, presentó la operación como una demostración de preparación y superioridad tecnológica frente a redes criminales que utilizan aeronaves no tripuladas para apoyar el tráfico ilícito de personas y vigilar a militares y policías fronterizos.

Del lado mexicano, el vínculo formal se estableció mediante la Comandancia de la Octava Zona Militar, con sede en Reynosa, Tamaulipas. La Defensa informó que la JTF-SB notificó a esa comandancia sobre la detección e inhabilitación de los aparatos. El derribo se realizó en Texas y cada fuerza permaneció dentro de su jurisdicción nacional.

La JTF-SB no es una patrulla fronteriza con uniforme militar. Es una fuerza de tareas militar creada para apoyar la misión de control de la frontera sur estadounidense y opera desde Fort Bliss, Texas. Desde que asumió esa misión en marzo de 2025 ha desplegado aproximadamente 8 mil elementos. México tiene desplegados unos 27 mil elementos militares. La fuerza de tareas lo que hace es aportar capacidades que las agencias civiles no siempre tienen en la misma escala: personal, movilidad, vigilancia persistente, observación aérea, infraestructura, ingeniería, análisis y ahora sistemas de defensa contra drones.

Para México, la importancia pasa por los llamados operativos concurrentes o “espejo”, establecidos desde el 5 de febrero de 2025 entre las Fuerzas Armadas mexicanas y las estadounidenses, junto con agencias de seguridad de Estados Unidos. La operación “espejo” con comunicación en tiempo real de ambos lados de la frontera activa la presencia y vigilancia del otro, y coordina operaciones sin que un país intervenga en el territorio del vecino.

La frontera no es una línea abstracta: es un conjunto de ríos, brechas, ciudades, rancherías, puentes, pasos irregulares, instalaciones aduanales, rutas de migración y corredores logísticos. Los grupos criminales emplean los drones, principalmente, para cuatro fines: vigilar patrullas, retenes, caminos rurales y puntos de revisión; identificar rutas de cruce con menor presencia de autoridades; coordinar el traslado de migrantes, drogas o vehículos entre observadores y operadores en tierra; y anticipar incursiones o movimientos de fuerzas de seguridad y advertir a sus redes.

La respuesta estadounidense fue mostrar que volar sobre la frontera también tendrá defensa activa, mediante contramedidas escalonadas y sistemas de energía dirigida. El AMP-HEL representa una respuesta relevante. A diferencia de la munición convencional, un láser busca inutilizar el aparato mediante energía concentrada, evitando en teoría algunos de los riesgos de disparar proyectiles en una zona poblada, urbana o cercana a infraestructura crítica.

Para el ejército mexicano, el reto no es sólo acompañar los mecanismos de cooperación fronteriza sino también consolidar capacidades propias de detección, identificación y neutralización de drones, en áreas fronterizas donde el crimen organizado ya usa esa tecnologías con fines tácticos.

Eso involucra mucho más que destruir unos drones. El desafío es complementar esas acciones con inteligencia e información, con investigación financiera y la persecución de las redes que organizan y protegen el tráfico de drogas, armas y personas. Más allá de destruir equipo de vigilancia criminal, la clave está en identificar al operador, al financiador, al coordinador territorial y al grupo que se beneficia de la operación, es desarticula la estructura. Acabar, como se insiste, en los beneficiarios.

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