J. Eduardo Pineda Arenas
6,547 CARACTERES
*Un territorio no comienza de cero cada mañana. Lo que aprendió ayer, los errores que corrigió y las capacidades que logró conservar determinan buena parte de lo que será capaz de hacer mañana. *
*SEXTA LEY DEL LIDERAZGO ESTRATÉGICO TERRITORIAL*
*Un territorio que conserva y utiliza lo que aprende acumula una ventaja que el dinero, por sí solo, no puede comprar. *
Normalmente pensamos en la memoria como una facultad de las personas.
Recordamos experiencias.
Aprendemos de los errores.
Perfeccionamos habilidades.
Y utilizamos lo aprendido para tomar mejores decisiones la próxima vez.
Una persona que tuviera que aprender nuevamente cada mañana todo lo que descubrió el día anterior difícilmente podría avanzar.
Con los territorios ocurre algo parecido.
También aprenden.
También olvidan.
También desarrollan habilidades.
También repiten errores.
Y también pueden convertir su experiencia acumulada en una ventaja.
La diferencia es que la memoria de un territorio no está guardada en un solo cerebro.
Está distribuida.
Vive en sus trabajadores.
En sus empresarios.
En las universidades.
En los productores.
En las instituciones.
En los técnicos.
En las familias.
En las empresas.
En los procedimientos.
En las relaciones construidas durante años.
Incluso en los errores que una sociedad aprendió a no repetir.
Esa memoria colectiva constituye un patrimonio que rara vez aparece en los balances.
Pero tiene enorme valor.
Pensemos en una región cafetalera.
Su riqueza no está solamente en la tierra donde crece el café.
Está también en generaciones de productores que aprendieron cuándo sembrar, cómo seleccionar, cómo beneficiar el grano, cómo reconocer una enfermedad, cómo mejorar calidad y cómo responder a un mercado cambiante.
Eso es memoria territorial.
Lo mismo ocurre en una región industrial.
Una fábrica puede cerrar.
Pero los trabajadores que aprendieron a operar maquinaria, los técnicos que resolvieron problemas, los proveedores que desarrollaron especificaciones y los empresarios que aprendieron a competir pueden permanecer.
La empresa desapareció. Pero,
Una parte de su conocimiento quedó en el territorio.
Y ese conocimiento puede convertirse en la base de algo nuevo.
Ahí aparece una diferencia fundamental entre tener recursos y tener capacidades.
Los recursos pueden comprarse.
La experiencia necesita tiempo.
Podemos comprar una máquina mañana.
No podemos comprar veinte años de experiencia para operarla mañana mismo.
Podemos construir un puerto.
No podemos decretar por presupuesto la cultura logística, empresarial y comercial necesaria para aprovecharlo plenamente.
Podemos inaugurar una universidad.
Pero formar una comunidad de investigadores, profesores, empresarios y estudiantes capaces de producir innovación requiere años de aprendizaje compartido.
Por eso el tiempo también produce riqueza.
No solamente porque permite construir cosas.
Sino porque permite aprender a utilizarlas.
**El tiempo se convierte en riqueza cuando la experiencia de una generación reduce los errores que tendrá que cometer la siguiente. **
Aquí está la diferencia entre memoria y simple antigüedad.
Pasar muchos años haciendo lo mismo no significa necesariamente haber aprendido.
La memoria territorial solo tiene valor cuando la experiencia se conserva, se transmite y modifica las decisiones futuras.
Un fracaso puede ser una pérdida absoluta.
O puede convertirse en conocimiento.
Depende de si entendemos por qué ocurrió.
Un proyecto productivo que no funcionó puede enseñarnos que faltó mercado, escala, organización, materia prima, financiamiento o capacidad administrativa.
Si documentamos esa experiencia, el siguiente proyecto comienza con una ventaja.
Si la olvidamos, probablemente cometeremos exactamente el mismo error.
Y volveremos a pagarlo.
Por eso un territorio inteligente no debería conservar únicamente la historia de sus éxitos.
También debería conservar la memoria de sus fracasos.
¿Qué intentamos?
¿Qué funcionó?
¿Qué no funcionó?
¿Por qué?
¿Qué aprendimos?
¿Qué haríamos diferente?
Parecen preguntas elementales.
Sin embargo, pensemos cuántas veces hemos visto en Chiapas proyectos semejantes aparecer años después como si nadie los hubiera intentado antes.
Volvemos a diagnosticar.
Volvemos a experimentar.
Volvemos a descubrir obstáculos conocidos.
Y muchas veces volvemos a fracasar por razones sorprendentemente parecidas.
No siempre nos falta inteligencia.
Con frecuencia nos falta memoria organizada.
Pero existe otra dimensión todavía más importante.
La memoria territorial no debe permanecer solamente en archivos gubernamentales.
Debe circular.
El conocimiento del productor debe encontrarse con el de la universidad.
La experiencia empresarial debe dialogar con las políticas públicas.
Los errores de un municipio deberían servir para que otro no los repita.
Los proyectos que funcionaron deberían convertirse en modelos que puedan adaptarse, no simplemente en anécdotas.
Cuando el conocimiento circula, el territorio aprende.
Cuando permanece encerrado en instituciones, personas o documentos que nadie consulta, existe información, pero no existe verdadera inteligencia colectiva.
Eso nos lleva a una conclusión incómoda.
Quizá una parte del rezago de nuestros territorios no provenga solamente de aquello que todavía no sabemos.
Puede provenir también de **todo aquello que alguna vez aprendimos y después olvidamos**.
Y entonces la discusión sobre desarrollo cambia.
Ya no basta preguntar cuánto dinero necesitamos.
También debemos preguntar cuánto conocimiento poseemos y cuánto de ese conocimiento estamos utilizando.
Porque cada generación recibe dos herencias.
Una material: carreteras, edificios, empresas, tierras, infraestructura.
Y otra invisible: experiencia, conocimientos, relaciones, métodos, aciertos y errores acumulados.
Desperdiciar cualquiera de las dos empobrece.
Pero desperdiciar la segunda puede ser todavía más grave, porque obliga a comprar nuevamente algo que solo el tiempo puede producir.
Por eso un territorio que quiere construir futuro necesita aprender a recordar.
No para quedarse atrapado en el pasado.
Precisamente para lo contrario.
Para comenzar cada nueva etapa un poco más adelante.
Para cometer errores nuevos, si es inevitable cometerlos, pero no vivir repitiendo eternamente los mismos.
Para transformar experiencia en conocimiento.
Conocimiento en decisiones.
Decisiones en capacidades.
Y capacidades en desarrollo.
La verdadera memoria territorial no consiste en recordar lo que ocurrió.
Consiste en lograr que **lo aprendido ayer mejore lo que decidamos mañana**
**Un territorio comienza realmente a aprender cuando deja de pagar dos veces por la misma lección. **




