Estrictamente Personal

¿Cuánto vale Andy?

Raymundo Riva Palacio

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¿Cuánto vale Andy? Es una persona que, hasta donde se conoce públicamente, nunca tuvo un trabajo formal. El único empleo, relativamente formal, fue como secretario de Organización de Morena. Personalmente no ha hecho algo que pueda presumir en su vida pública, y políticamente nunca ha sido nada -el cargo en Morena se lo debe a su padre- y tiene, en función de sus logros conocidos, la densidad de una pluma de ganso. Y sin embargo, hay mucho escándalo por su revelación que se quedó sin visa, porque el destinatario del mensaje era el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Estados Unidos, sembraron la semilla en el imaginario mexican, le tiene puesto el ojo justiciero.

Andy vale solamente porque es la luz que ilumina la oscuridad que se le viene a López Obrador, no mañana, ni pasado, quizás tampoco el año próximo o lo que reste del sexenio, pero el mensaje es claro: no lo olvidarán en Washington, como no lo hicieron durante más de una década con Nicolás Maduro, el expresidente venezolano que extrajeron de su guarida en Caracas. Vale también porque es la expresión pública más dura de Estados Unidos por el encubrimiento de un bloque importante de políticos de Morena, sobre quienes han pedido al gobierno mexicano que los procese por su presunta vinculación con el crimen organizado.

¿Vale un momento como el que se dio ayer en Palacio Nacional cuando se problematizó la contradicción que produjo haber revelado la cancelación de su visa? Es un asunto político, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum, aunque también dijo que el tema de la visa no era entre Estados, sino entre un individuo y un gobierno. Entonces, la preguntó la aguda reportera de Proceso, Dalila Escobar, ¿por qué si es un asunto particular, se le trata como una violación a la soberanía? Touché. La respuesta era difícil, pero estuvo peor. Es una persona políticamente expuesta, respondió con un concepto que no se usa fuera del ámbito financiero para cerrar la puerta a créditos -y a escándalos- a quienes tienen el servicio público en su hoja de vida.

Andy no vale nada en términos individuales, en el contexto de la política, pero sirve para la reflexión política, si es que piensan en Palacio Nacional que deba discutirse una nueva estrategia para reducir las crecientes presiones -como el tema de los inspectores de aguacate en Michoacán y los drones contra cárteles que le impusieron a la Secretaría de la Defensa-, y encontrar la válvula de escape para la tensión que se ha experimentado desde finales de abril cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó al gobernador Rubén Rocha Moya y a otros nueve servidores públicos de Sinaloa, de una relación orgánica con el Cártel de Sinaloa. Desde entonces ha habido una especie de infierno en Palacio Nacional por el creciente mal humor presidencial.

Es momento de recuperar una discusión cerrada desde hace unas cinco semanas que se dio en el gabinete de seguridad. Uno de los secretarios de Estado presentes propuso que una vía que podría contribuir a ese propósito sería aplicar el Tratado de Extradición bilateral con Rocha Moya -que ha exigido Washington- y enviarlo a Estados Unidos junto con otras dos figuras de Morena de alto perfil. A cambio, explicó, será la prerrogativa para México de investigar y eventualmente juzgar a políticos con presuntos vínculos con el crimen organizado, sin que sean extraditados.

La propuesta fue vista con desaprobación. La racional es la misma que ha expresado la presidenta en diversas reuniones: son insaciables; si damos uno, querrán más. Tiene razón. Estados Unidos, bajo el presidente Donald Trump, se ha vuelto insaciable y sin márgenes para el pataleo, como lo han venido padeciendo ella y su gabinete. Pero igualmente, si no hay sacrificios, continuarán apretando y desgastando a la 4T, a la clase política de Morena y, sobre todo, al gobierno de la presidenta Sheinbaum. 

Los políticos con ligas al crimen organizado son un cáncer que está subiendo por su pierna y tiene que amputar. Hacerlo con un político o gobernador de la oposición, o un lote de alcaldes de todos los partidos, no es suficiente y le traería nuevos rendimientos decrecientes y continuación de una pérdida de credibilidad. Esa posibilidad se evaporó hace casi un año. La sangre que quieren ver en Washington es morena, acepten o no esta realidad, les guste o no. La propuesta hecha en el gabinete de seguridad, en el momento actual, tiene todo el sentido.

El problema a resolver sería López Obrador, que ha sido intransigente a que se toque a cualquier figura de Morena. Derivado de su presión y amenazas de marchar en defensa de la soberanía si ve flaquear a la presidenta, ha resultado el encubrimiento para Rocha Moya y otras figuras como el senador Adán Augusto López, muy señalado por las autoridades estadounidenses. Pero la cancelación de la visa de Andy lleva la discusión a otro nivel, y no es buscando la cohesión del movimiento y obligando con ello a la presidenta -como sucedió con la publicación de la carta de su hijo- como se blindará, sino aceptando el sacrificio de uno de los suyos.

En el núcleo del poder bicéfalo de la 4T temen que, si envían a Rocha Moya o a otra figura de Morena con acceso a información, terminará inculpando a López Obrador. Quizás deberían tener claro que no será mucho más de lo que ya saben en Washington que pudieran enterarse por ellos, a quienes fundamentalmente necesitan para llenar algunos hoyos negros de información y poder mapear con precisión cómo operó la red de protección institucional. En Washington tienen abundante información judicializada en al menos tres carpetas de investigación sobre López Obrador, con testimonios de criminales, políticos vigentes y exfuncionarios.

No hay mucho más en este tema que pueda arrojar novedades sobre su gobierno, por lo que debe calcular qué es lo mejor para él, si la entrega de viejos camaradas leales, o salvar a sus hijos y a él mismo. En este disyuntiva, lo ayuda su falta de escrúpulos. Un cambio en el pensamiento de López Obrador también reducirá la presión sobre la presidenta y facilitará un control de daños futuro, si el gobierno de Estados Unidos aceptara la propuesta. Pero para que se llegue a eso, López Obrador y Sheinbaum son quienes deberán escoger la ruta a seguir ante el gobierno de Trump.

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