La “Curva del Diablo” en Huixtla, trampa mortal


• El peligroso tramo carretero acumula entre 300 y 400 volcaduras de tráileres; accidentes que, además de dejar víctimas y millonarias pérdidas, suelen ser aprovechados para la rapiña.

Amílcar García
Huixtla. – Tras la construcción de la carretera 200, que comunica a los municipios de la zona Costa de Chiapas, en el tramo Arriaga-Tapachula, hace ya tres décadas, la llamada “Curva del Diablo” se ha consolidado como uno de los puntos más peligrosos de esta vía, debido al elevado número de accidentes registrados, principalmente protagonizados por tráileres de carga pesada.
La llamada Curva del Diablo, ubicada sobre la vía Huixtla-Tapachula, es considerada por las autoridades de tránsito como uno de los puntos más peligrosos de los más de 240 kilómetros del tramo carretero Arriaga-Tapachula.
Durante más de 30 años de operación de esta carretera que enlaza con la frontera sur, las estadísticas reportan entre 300 y 400 volcaduras de tráileres provenientes del norte y centro del país, que transportan diversos productos hacia Tapachula y la frontera con Guatemala, en Centroamérica.
Sin embargo, la falta de conocimiento de los operadores de estas unidades del Servicio Público Federal, aunada al exceso de velocidad con el que circulan al llegar a esta curva, provoca que en ocasiones pierdan el control del volante. A ello se suma el peso de la mercancía que transportan, factores que han contribuido a que se registren constantes volcaduras.
Estos accidentes han dejado personas sin vida, lesionados de gravedad y cuantiosos daños materiales, con pérdidas que ascienden a millones de pesos.
Julio César Flores, socio activo del Colegio de Arquitectos de la Costa, calificó como preocupante que los accidentes continúen registrándose en este tramo, pese a que el problema ha sido expuesto ante diversas instancias. Lamentó la falta de atención de las autoridades y de las instituciones encargadas de las vialidades, particularmente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).
Apuntó que este tramo carretero se encuentra en buenas condiciones; sin embargo, consideró que hace falta mayor interés por parte de las autoridades para instalar más señalamientos preventivos. Explicó que, a escaso un kilómetro de la curva, únicamente se encuentra un señalamiento que advierte sobre “precaución” y “curva peligrosa”, mientras que el tramo carece de señalización continua y de medidas preventivas que ayuden a reducir la velocidad de los vehículos.
Por ello, consideró que el exceso de velocidad ha sido uno de los principales factores que contribuyen a los accidentes registrados en este punto.

LA RAPIÑA
«Aquí cada tráiler que es una fiesta, es un negocio de diferentes instituciones de gobierno, no sé si les convenga que caigan a cada rato, es un negocio para todo mundo, se tiene que prevenir accidentes que registren más muertes, por eso le llaman la Curva del Diablo, y en la que la rapiña se ha llevado la mercancía bajo el argumento que lo que transportan está asegurado, y esto ha afectado a inversionistas porque aquí ha caído todo tipo de mercancía», dijo.
Señaló que existen dos vías de acceso a este punto: una que proviene del libramiento y otra que llega desde Huixtla. Sin embargo, ambas carecen de reductores de velocidad y de señalización preventiva adecuada, por lo que los automovilistas suelen circular a gran velocidad, lo que incrementa el riesgo de accidentes.
Ante esta situación, señaló que como profesionistas y ciudadanos buscan que en el municipio de Tuzantán, que colinda con Huixtla, se implementen medidas de prevención y seguridad vial que permitan reducir los riesgos para quienes transitan por esta zona.
Por otra parte, trascendió que en la Delegación de Gobierno de Huixtla existen documentos firmados por administraciones anteriores, mediante los cuales se ha solicitado a la residencia de la SCT atender las condiciones de este tramo carretero y reforzar la señalización preventiva.
De acuerdo con estos documentos, los señalamientos deberían colocarse con una anticipación de entre dos y tres kilómetros antes de llegar a la llamada Curva del Diablo, con el objetivo de alertar a los conductores y reducir el riesgo de accidentes.

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