EDITORIAL

Mala aplicación de la ley empieza a pagar factura a la Cuarta Transformación

En política, las victorias contundentes suelen generar la ilusión de que el respaldo ciudadano es inagotable. Sin embargo, la historia demuestra que ningún partido es inmune al desgaste del poder. Los datos de la encuesta del Pew Research Center, publicados el 16 de julio de 2026, parecen confirmar que Morena ha entrado en esa etapa.

El descenso de 78 a 61 por ciento en opinión favorable entre 2024 y 2025 no es un simple ajuste estadístico. Se trata de una caída de 17 puntos porcentuales en apenas un año, un retroceso que obliga a preguntarse si el llamado movimiento de la Cuarta Transformación comienza a enfrentar el costo de gobernar.

Durante años, Morena construyó su fortaleza política sobre la promesa de acabar con la corrupción, transformar las instituciones y colocar al pueblo en el centro de las decisiones. Esa narrativa le permitió convertirse en la principal fuerza política del país y alcanzar niveles de aprobación que ningún otro partido había conseguido en mucho tiempo. Pero gobernar implica mucho más que mantener un discurso: exige resultados tangibles en seguridad, salud, economía, infraestructura y combate a la impunidad.

Aunque Morena sigue siendo el partido mejor evaluado, la encuesta revela un fenómeno que no debe minimizarse: la simpatía ciudadana ya no parece ser un cheque en blanco. El desgaste es una constante en cualquier gobierno que permanece varios años en el poder, especialmente cuando las expectativas generadas fueron tan altas.

Lo interesante es que el resto de los partidos tampoco logra capitalizar plenamente ese desgaste. Movimiento Ciudadano prácticamente se mantiene estancado; el PAN apenas registra una ligera recuperación y el PRI continúa muy lejos de los niveles que alguna vez tuvo. Esto refleja que la pérdida de respaldo hacia Morena no necesariamente se está traduciendo en un fortalecimiento de la oposición, sino en una ciudadanía más crítica y menos identificada con los partidos tradicionales.

La lectura política es clara: Morena continúa siendo la primera fuerza nacional, pero ya no goza del nivel de simpatía que registraba hace apenas un año. Cuando un partido pierde 17 puntos de aceptación, el mensaje ciudadano difícilmente puede interpretarse como una fluctuación menor.

Toda administración enfrenta el desgaste natural del ejercicio del poder. La diferencia radica en cómo responde a ese desgaste. Ignorar las señales bajo el argumento de que aún se conserva una amplia ventaja puede convertirse en un error estratégico. La soberbia política ha sido, históricamente, el inicio del declive de muchos proyectos que parecían invencibles.

Al mismo tiempo, la oposición tampoco puede asumir que la caída en la popularidad del partido gobernante representa automáticamente una oportunidad electoral. Las cifras muestran que la desconfianza hacia los partidos tradicionales persiste y que el electorado continúa sin encontrar una alternativa que despierte un entusiasmo similar.

Las encuestas no deciden elecciones, pero sí retratan el estado de ánimo de una sociedad en un momento determinado. Y este retrato parece enviar un mensaje inequívoco: el respaldo popular no es permanente.

En democracia, la confianza ciudadana debe renovarse todos los días con resultados, no con discursos. El verdadero desafío para Morena no será ganar la siguiente elección, sino demostrar que la transformación prometida sigue convenciendo a una ciudadanía que comienza a mostrarse más exigente que complaciente.

La forma en que ha gobernado la Cuarta Transformación para resolver problemas torales como el narcotráfico, las ligas de presuntos funcionarios con la delincuencia organizada, la tapadera que aplica con los personajes acusados por Estados Unidos y el martillazo que asesta a la oposición para dejar de estar criticando a la gobernadora de Baja California, que supuestamente anda negociando su “libertad” con la justicia norteamericana, son algunos de los temas que le han restado popularidad al gobierno de la República.

Ahora que en los próximos meses empezará oficialmente el proceso electoral rumbo al 2027, se verá realmente si la oposición y los nuevos partidos políticos le restan posiciones políticas a Morena o si el partido oficial vuelve a hacer de las suyas para ganar con trampas en las urnas, como lo hizo en la pasada elección judicial, donde los que ganaron fueron los “acordeones”. Habrá que estar atentos a lo que va registrando la política.

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