EDITORIAL

Fugas de agua, un cuento de nunca acabar

Para nadie es un secreto que el abandono de la red de agua potable y drenaje en la capital chiapaneca no es un problema reciente. Se trata de una situación que se arrastra desde hace décadas, durante las cuales diversas administraciones municipales fueron omisas en atender una problemática que, injustificadamente, suele considerarse poco rentable en términos políticos porque no se traduce en votos.

Han pasado más de 50 años y gran parte de la tubería que cruza la ciudad prácticamente ha llegado al final de su vida útil. No hay día en que Tuxtla Gutiérrez no registre alguna fuga de agua, problema que se agrava durante la temporada de lluvias, cuando el sistema rebasa su capacidad, las tuberías colapsan y las fugas de aguas negras afloran en distintas vialidades.

Juan José Rodrigo Jess Poo, director de Ciudadanos por la Acción Territorial en la Cuenca del Valle del Jovel, pone el dedo en la llaga al señalar que las pérdidas de agua alcanzan hasta el 70 por ciento del volumen que se bombea para abastecer a la ciudad.

Sin duda, se trata de un enorme reto para las autoridades. Aunque se destinaran todos los recursos disponibles para sustituir la infraestructura hidráulica, difícilmente podría resolverse el problema en el transcurso de la próxima década.

La estimación no resulta exagerada si se considera la millonaria inversión que requeriría un proyecto de esta magnitud, recursos con los que actualmente no se cuenta. A ello se suma el deterioro de los túneles subterráneos construidos hace décadas, cuya fragilidad representa un riesgo para la población. De acuerdo con especialistas entrevistados por Diario Media Group en el programa Reporteros en el Estudio, lluvias intensas y prolongadas podrían provocar el colapso de estas estructuras.

Que el 70 por ciento de la red de distribución presente daños no es un dato menor. Esto significa que una parte considerable del agua potable se pierde antes de llegar a los hogares. A ello se añade el problema de las tomas clandestinas y las conexiones irregulares, prácticas que afectan tanto el suministro como la recaudación por el pago del servicio.

Pese a ello, las autoridades no han logrado atender de fondo esta problemática, en parte porque carecen de la capacidad financiera para renovar la infraestructura, especialmente en los asentamientos ubicados en las zonas altas o de difícil acceso de la ciudad.

Jess Poo recuerda que cada litro de agua que llega a la red implica una inversión en extracción, energía eléctrica, conducción, potabilización y desinfección, sobre todo porque el líquido debe ser bombeado desde las márgenes del río Grijalva, ubicadas a un nivel considerablemente inferior al de la capital chiapaneca.

Por ello, resulta absurdo que más de la mitad del agua termine desperdiciándose en el subsuelo o en las alcantarillas debido a las fugas, pues representa una pérdida económica y ambiental para el sistema de abastecimiento.

El Programa de Medidas Preventivas y de Mitigación de la Sequía para Tuxtla Gutiérrez, elaborado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua), confirma la gravedad del problema al señalar que el 61 por ciento del agua potable se desperdicia debido a fugas, tomas clandestinas, conexiones irregulares y deficiencias en la infraestructura hidráulica. El documento agrega que el sistema municipal apenas alcanza una eficiencia física del 39 por ciento, lo que significa que más de la mitad del agua que ingresa a la ciudad nunca llega a los usuarios.

Frente a esta realidad, es indispensable actuar cuanto antes. De lo contrario, los problemas continuarán agravándose, especialmente si persiste la falta de transparencia y de capacidad de respuesta por parte del organismo operador cuando se reportan fugas.

Como ejemplo basta mencionar la fuga localizada sobre el Libramiento Sur, entre la Tercera y Segunda Oriente, la cual lleva más de dos años sin ser reparada. Cada vez que se distribuye el agua potable, el líquido corre por la vialidad hasta inundar parte de la avenida, sin que exista una solución definitiva.

Otro caso emblemático es la fuga ubicada en la zona conocida como El Pañuelo Rojo, sobre la pendiente que comunica a la Central de Abastos con el fraccionamiento Vida Mejor. Paradójicamente, hace apenas unos meses fue inaugurada una vialidad de concreto hidráulico en ese punto; sin embargo, la fuga continúa apareciendo cada tercer día, cuando entra en operación la red de distribución.

De hecho, este desperdicio de agua comenzó desde un año antes de concluir la administración municipal encabezada por Carlos Morales Vázquez. Hoy, la fuga forma parte del paisaje cotidiano y se repite tres veces por semana, sin que las constantes denuncias ciudadanas hayan sido suficientes para que la autoridad repare la tubería y evite la pérdida de cientos de miles de litros de agua potable.

La ciudadanía no demanda promesas ni discursos. Exige soluciones eficaces e inmediatas a un problema que, por la indiferencia de sucesivas administraciones, se ha convertido en lo que muchos califican como un cuento de nunca acabar.

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