¡Bienvenida la reconciliación!
No deja de llamar la atención que, después de más de una década, Juan Sabines Guerrero haya reconocido públicamente que la familia Toledo Coutiño le abrió las puertas de su hogar, le brindó asilo, cobijo y lo acogió como parte de su entorno familiar cuando llegó a tierras chiapanecas.
Este gesto, aunque tardío, merece destacarse, porque la justicia humana debe prevalecer sobre los agravios del pasado. Nadie tiene la razón absoluta sobre hechos que pudieron trastocar conciencias, dañar reputaciones o simplemente, arrinconar los derechos intrínsecos de quien actúa sin dolo, sin ventaja. Cuando se actúa para ayudar al prójimo debe hacerse sin esperar nada a cambio.
Una de las máximas del cristianismo enseña que no basta con perdonar o pedir perdón una, dos o tres veces, sino cuantas sean necesarias, hasta que desaparezcan el rencor, la afrenta o las malas interpretaciones. Solo así puede alcanzarse la paz interior y comprender que la indulgencia es el camino más propicio para superar las diferencias, reconciliarse y vivir en armonía con uno mismo.
El exgobernador de Chiapas hizo público el reconocimiento al respaldo que recibió de Jorge, Gerardo y Rogelio Toledo Coutiño. Fue explícito al afirmar que esta familia le tendió la mano, le abrió las puertas de su casa y confió en él cuando el futuro aún era incierto.
Y lo que son las cosas, Gerardo, el más joven de la dinastía Toledo Coutiño, fue el primero al que conoció Juan Sabines Guerrero y quien a su vez lo vinculó con su familia, particularmente con Jorge. Además, que el propio ex gobernador reconozca que el hermano mayor le tenía y demostraba un especial cariño a Gerardo, refleja lo adentrado que estaba en este hogar de chiapanecos que han destacado en la vida pública.
Es del conocimiento público que esta casa editorial ha sostenido su labor bajo los principios de la transparencia y la honestidad. Exponer irregularidades ha sido siempre el eje de su trabajo periodístico, lo que la ha convertido en un espacio donde la ciudadanía encuentra una ventana para conocer los hechos y formarse un criterio propio.
Como el propio Sabines reconoce, nunca tuvo conocimiento de la forma incorrecta en que actuó quien entonces era su procurador de Justicia, Mariano Herrán Salvatti, responsable de encarcelar a Rogelio Toledo Coutiño.
En sus palabras, fueron «momentos difíciles. Sin mi conocimiento ni autorización, una actuación indebida de autoridades encargadas de procurar justicia generó una situación que nunca debió presentarse para Rogelio. En cuanto tuve conocimiento de lo ocurrido, dice en su texto, intervine de inmediato y dejé claro que en mi gobierno no habría espacio para encarcelar a periodistas, editores o directores de medios por el ejercicio de su labor».
Ello abre paso a dos posibles interpretaciones: o sus propios funcionarios lo mantenían al margen de decisiones de gran trascendencia, o el entonces mandatario no tenía pleno conocimiento de asuntos fundamentales de la administración pública. En cualquier caso, resulta positivo que, pese al tiempo transcurrido, hoy tenga la disposición de reconocer esos hechos y ofrecer una disculpa por situaciones que pudieron haber cambiado la vida de varias personas.
Reconocer, además, que la línea editorial crítica de Diario de Chiapas formaba parte del ejercicio legítimo de la libertad de expresión —un derecho que afirma haber defendido siempre— también constituye un paso importante. La rendición de cuentas siempre encontrará un espacio para explicar decisiones, asumir responsabilidades y reconocer tanto los aciertos como los errores.
La reconciliación que Sabines afirma retomar con humildad no implica, necesariamente, que no se pueda otorgar una segunda oportunidad sin borrar el pasado. En lo que hoy es Diario Media Group no se actúa con dolo ni con ánimo de venganza. Se analizan las circunstancias de cada momento y se informa sobre la realidad vigente con responsabilidad periodística.
Por ello, también merece destacarse la respuesta de Gerardo Toledo Coutiño a esa petición de reconciliación. Lo hace con mesura, elegancia y firmeza, dejando constancia de lo que la vida le ha enseñado durante más de 25 años de trayectoria en el servicio público y en la iniciativa privada.
Aceptar las disculpas de quien en algún momento causó agravios también es un acto de grandeza. Buscar la redención por las ofensas del pasado fortalece el sentido humanista que ha distinguido a la familia Toledo Coutiño. Y eso, sencillamente, no está sujeto a discusión. ¡Bienvenida la reconciliación!




