Mario Caballero
La paz desde la raíz
El pasado jueves, el gobernador Eduardo Ramírez puso en marcha la segunda etapa de la estrategia de seguridad en el estado, y lo hizo mediante la instalación del Comité Técnico Estatal de Atención Humanista de las Causas y Prevención Social de la Violencia y los Delitos.
Hablemos de esta estrategia que promete lograr una transformación profunda en Chiapas.
COMBATE
Desde siempre, se ha idealizado que la única manera de combatir la violencia y el crimen organizado es con el estruendo de las armas y el despliegue de la fuerza pública.
Sin embargo, quienes nos dedicamos a observar la realidad desde la crítica periodística y el análisis desapasionado comprendemos que la tarea de la seguridad pública no se limita a la exhibición de equipo policial, patrullas impresionantes, ni en el uso de tecnología.
Quizá ahí empieza, pero analistas de seguridad, criminólogos y sociólogos defienden que el combate a la inseguridad requiere de la combinación del uso de la fuerza con la reconstrucción del tejido social. Entre ellos, Eduardo Guerrero, quien destaca de manera puntual la importancia de intervenir con programas sociales profundos en los municipios donde los cárteles ejercen el control social para romper el arraigo criminal, sumando acciones de inteligencia policial.
Es decir, en esta lucha no basta con el despliegue de la fuerza bruta y mano dura, sino hay que agregarle inteligencia, sensibilidad y fondo social.
Ahí la razón de que en muchos estados de la República esta lucha sea una guerra perdida o siga sin dar avances. Pues sus políticas se reducen al simplismo burocrático de contar con patrullas, presumir armamento o saturar las calles con discursos de ser implacables contra el crimen, cosas que al final del día de nada han servido.
Lo que propone el gobernador Ramírez Aguilar con la instalación de dicho comité técnico es romper con esa inercia estéril e inaugurar un histórico cambio de paradigma. Esto es, entender que la paz verdadera no se impone a punta de balazos, sino atendiendo el tejido social que la marginación y el olvido gubernamental de otros sexenios terminó por fracturar.
LA REACCIÓN
Nadie puede negar que la primera fase de la estrategia contra la inseguridad y el crimen organizado se enfocó en contener la violencia, recuperar la legalidad y coordinar con firmeza el trabajo de las fuerzas del orden federal y estatal.
En los números que reporta de manera constante el Diario de Chiapas reflejan una tendencia a la baja en delitos de alto impacto y en delitos generales, lo cual coloca al estado no sólo en una situación de percepción civil mucho más favorable que en años anteriores, sino como el segundo más seguro del país.
Ahora se puede transitar por las carreteras de la región sin el temor de ser asaltados, se dejaron de escuchar noticias de descabezados y embolsados, municipios antes bajo el control del crimen organizado hoy disfrutan de estabilidad social, las actividades comerciales se reanudaron en distintas localidades que se vieron paralizadas por la violencia criminal y, no menor en importancia, cientos de familias han vuelto a sus hogares después de ser desplazados por las amenazas de la delincuencia.
El avance es perceptible e incuestionable.
Desde luego, no podemos pedir tasa cero en delitos. En casos, o mejor dicho, en materia de educación o salud es posible levantar bandera blanca si se logra acabar con el analfabetismo o alcanzar la cobertura universal de salud, pero no en seguridad. Ahí donde una banda criminal es desarticulada, nace otra; si se destruye un narcolaboratorio, aparece otro en otra parte; si un líder criminal es aprehendido, surge uno nuevo, etcétera.
No obstante, como lo ha advertido el gobernador con lucidez política: “el fuego no se apaga con fuego”.
Si durante la primera etapa de la estrategia se obtuvieron importantes resultados, ahora toca combatir el fenómeno de la inseguridad desde la raíz. Si lo primero fue detener la hemorragia, lo segundo para sanar el cuerpo social es recetar medicina preventiva.
Esta medicina es el Comité Técnico de Atención Humanista, diseñado como un mecanismo para articular todas las dependencias del gabinete estatal, desde la educación y la cultura hasta el desarrollo rural y la infraestructura, buscando entre distintas acciones un solo objetivo: atacar las causas estructurales que empujan a nuestros jóvenes, mujeres y niños hacia los márgenes de la violencia y el crimen.
HUMANISMO COMO POLÍTICA DE ESTADO
En tal sentido, esta nueva estrategia arranca con el fortalecimiento directo de 58 programas estatales enfocados en la prevención social del delito.
¿De qué se trata?
Simple, significa que el Estado dejará de esperar a que se cometa un delito o se presente una denuncia para intervenir. Eso –dijimos- ya se hizo.
El enfoque ahora es trasladar las acciones, programas y estrategias a las aulas de clases, a los barrios con mayores índices de vulnerabilidad, a las familias que enfrentan violencia de género o intrafamiliar y, por supuesto, a los municipios que desde el sexenio pasado (ese que le abrió de par en par las puertas del estado a los grupos delictivos) registran las cifras rojas.
Es de reconocer el compromiso mostrado por el alcalde Ángel Torres Culebro, quien ha actuado en la misma sintonía que el Gobierno del Estado: impulsando la prevención con la iluminación de calles, rescatando parques públicos, fomentando el deporte y abriendo espacios de expresión artística para que los jóvenes se mantengan cada vez más alejados de las garras del crimen.
A través de estos programas se entregarán apoyos directos a la economía familiar, como insumos básicos a bajo costo o la instalación de comedores comunitarios en colonias marginadas para garantizar comidas completas a infantes, mujeres y personas adultas mayores.
Asimismo, se lanzarán unidades de salud móvil y brigadas médicas de proximidad para el otorgamiento de consultas gratuitas y entrega de medicamentos. Se regularizará a los comerciantes informales y trabajadores independientes para que gocen de seguridad social y orientación jurídica.
Habrá entrega de becas escolares para estudiantes de bajos recursos, priorizando que los jóvenes permanezcan en las aulas y no sean reclutados por la delincuencia organizada. En este aspecto, se hará una inversión importante en la rehabilitación de canchas deportivas, alumbrado público, parques y escuelas con el propósito de reconstruir el entorno habitacional.
Por otra parte, con la instalación de Comités de Prevención integrados por vecinos organizados que recibirán capacitación para vigilar, reportar conductas de riesgo y coordinar la mediación pacífica de conflictos, se fortalecerá la seguridad en los barrios.
Esto por mencionar algo.
ENHORABUENA
La apuesta del gobernador Eduardo Ramírez es sumamente alta y difícil, pero hay que aplaudirla. De ahora en adelante la métrica del éxito de la seguridad pública en Chiapas ya no será por cuántos delincuentes son capturados, sino por cuántas escuelas han sido fortalecidas, cuántas familias se cohesionaron o cuántas cadenas de violencia comunitaria se lograron romper.
Enhorabuena por el gobernador que, como lo he mencionado antes, está haciendo cosas diferentes para obtener resultados diferentes.
yomariocaballero@gmail.com




