Dr. Jorge Antonio Orozco Zuart
Secretario General de la Barra Chiapaneca de Abogados
Con el mayor respeto, saludo a los integrantes de las barras y colegios de abogados; a los distinguidos juristas; a las autoridades que nos acompañan; a los jóvenes estudiantes de derecho y a todas las personas presentes.
Nos reúne una fecha profundamente significativa: el día del abogado.
Celebramos una profesión cuya misión no consiste únicamente en conocer las leyes, sino en poner el conocimiento jurídico al servicio de la libertad, la justicia y la dignidad humana.
Esta conmemoración fue instituida en México el 12 de julio de 1960, en recuerdo de la primera cátedra de derecho impartida el 12 de julio de 1553 en la real y pontificia Universidad de México.
Desde entonces, esta fecha representa un homenaje a quienes han dedicado su vida a la defensa de los derechos, a la construcción de instituciones y al fortalecimiento del estado de derecho.
La historia demuestra que ninguna nación puede alcanzar la paz sin justicia, y que ninguna justicia puede consolidarse sin abogados libres, preparados, independientes y éticamente comprometidos.
Por ello, hoy recordamos a grandes juristas que transformaron nuestro país. A Ignacio l. Vallarta, quien contribuyó a consolidar el juicio de amparo como instrumento protector de las libertades. A Emilio Rabasa Estebanell, orgullo de Chiapas, cuya obra trascendió nuestras fronteras y enriqueció profundamente el constitucionalismo mexicano. A Gabino Fraga, cuya doctrina administrativa continúa formando generaciones de abogados y al inolvidable ministro Juventino V. Castro y Castro, quien nos enseñó que el derecho solamente adquiere sentido cuando protege verdaderamente a la persona.
Todos ellos comprendieron que el abogado no es únicamente intérprete de la ley. Es constructor de instituciones, defensor de la constitución y guardián permanente de la dignidad humana.
Para nosotros, los abogados barristas chiapanecos, existe además un legado que nos distingue. Hace más de cuatro décadas, 45 años, nació la barra chiapaneca de abogados, gracias a la visión, la convicción y el compromiso del Licenciado Servando Cruz Solís.
Él comprendió que una barra debía ser mucho más que una organización gremial. Debía convertirse en conciencia jurídica de Chiapas. Su vida fue ejemplo de independencia, valentía y compromiso social.
Cuando estuvo en riesgo la integridad territorial de nuestro estado, levantó la voz con argumentos jurídicos sólidos, convencido de que la soberanía de Chiapas debía defenderse con inteligencia, dignidad y derecho. Ese legado continúa vivo. Porque la barra chiapaneca de abogados no nació para guardar silencio.
Nació para defender la justicia.
Nació para defender la constitución.
Nació para defender a Chiapas.
Así debe actuar el abogado.
Con firmeza, pero sin soberbia.
Con conocimiento, pero también con humildad.
Con valentía, pero siempre dentro de la ley.
Porque nuestra fuerza no proviene de la violencia.
Proviene de la razón jurídica, de la constitución, de los tratados internacionales y sobre todo, proviene de la ética.
Compañeras y compañeros barristas:
La historia no se construye únicamente recordando el pasado.
También se construye decidiendo y desde hoy, construyendo el futuro.
Por eso debemos preguntarnos:
¿qué sigue para la barra chiapaneca de abogados?
Sigue mantener viva la defensa jurídica de Chiapas.
La barra no concluyó su lucha con la resolución emitida en el conflicto de límites entre Chiapas y Oaxaca.
Convencida de que el derecho ofrece instrumentos legítimos para la protección de la justicia y la soberanía, promovió la aclaración de sentencia ante la suprema corte de justicia de la nación y después, acudió a la presentación de una queja internacional ante la comisión interamericana de derechos humanos.
Porque la defensa de un pueblo no necesariamente termina con una resolución judicial. Continúa mientras existan vías jurídicas legítimas para hacer valer sus derechos. Ese ejemplo nos recuerda que el abogado nunca debe rendirse cuando la razón, la ley y la justicia respaldan su causa.
Pero también debemos preguntarnos:
¿qué sigue para la abogacía mexicana, chiapaneca y para la barra.?
Vivimos una época de profundas transformaciones.
El código nacional de procedimientos civiles y familiares está modificando la manera de litigar, argumentar y resolver los conflictos civiles y familiares en nuestro país.
La oralidad, la justicia digital, la gestión judicial electrónica, los mecanismos alternativos de solución de controversias y la protección reforzada de los derechos humanos exigirán abogados cada vez más preparados. Ya no será suficiente conocer los códigos.
Será indispensable cambiar nuestra forma de comprender y ejercer el derecho. Deberemos dominar la argumentación oral tematizada: penal, civil, familiar, laboral, fiscal. Comprender la tecnología.
Conocer los sistemas digitales de justicia. Capacitarnos permanentemente y brindar a la sociedad una defensa técnica de verdadera excelencia.
A estos desafíos se suma una de las transformaciones más importantes de nuestro tiempo: la inteligencia artificial.
La inteligencia artificial no debe ser vista como una amenaza.
Debe entenderse como una herramienta extraordinaria para investigar, organizar información, analizar precedentes, comparar legislaciones y fortalecer el trabajo jurídico. Pero nunca deberá sustituir el juicio ético, la independencia intelectual ni la responsabilidad profesional del abogado. El riesgo no está en utilizar la inteligencia artificial.
El verdadero riesgo consiste en abusar de ella y delegar en un algoritmo decisiones que solamente corresponden a la conciencia, la experiencia y la responsabilidad humana.
La tecnología debe fortalecer al abogado. Nunca reemplazarlo.
Porque detrás de cada expediente existe una familia. De cada juicio existe una historia, de cada sentencia existe una vida.
Y el derecho jamás debe perder su rostro humano.
Precisamente por ello cobra especial relevancia la especialización y capacitación permanente de quienes intervienen en los procesos familiares.
Más que una exigencia normativa, la preparación profesional constituye un compromiso ético con la sociedad.
Los barristas debemos asumir desde ahora ese reto. Capacitarnos permanentemente. Dominar la oralidad. Comprender la justicia digital.
Utilizar responsablemente la inteligencia artificial. Fortalecer nuestra argumentación jurídica. Y mantenernos siempre actualizados para ofrecer una defensa técnica, humana y profesional.
Porque la mejor manera de honrar el legado del licenciado servando cruz solís no consiste únicamente en recordarlo. Consiste en prepararnos todos los días para ser mejores abogados. Que nuestra barra continúe distinguiéndose por el estudio, la ética, la independencia, el humanismo y la excelencia profesional.
Compañeras y compañeros abogados:
Hoy renovemos nuestro juramento.
Que jamás utilicemos el derecho para oprimir.
Que jamás callemos frente a la injusticia.
Que jamás abandonemos a quien necesita nuestra defensa.
Que nunca subordinemos nuestra conciencia a intereses contrarios a la ley y que nunca olvidemos que la toga, el birrete o el título profesional solamente adquieren valor cuando quien los porta posee honor.
Mientras exista una injusticia, habrá un abogado dispuesto a combatirla.
Mientras exista un derecho vulnerado, habrá una voz que lo defienda.
Mientras exista una causa legítima, habrá una conciencia jurídica dispuesta a sostenerla.
Y mientras exista un barrista chiapaneco, seguirá rugiendo el espíritu del jaguar: custodio de la justicia, de la libertad, de la dignidad humana y de la soberanía de nuestro estado.
Ese debe ser nuestro compromiso.
Ese debe ser nuestro camino y ese, compañeras y compañeros, es el futuro que hoy comienza.
¡feliz día del abogado!
Nota: el grupo 100 en una agrupación nacional de abogados presentes en todas y cada una de las entidades federativas del país, con acento en la defensa de los derechos humanos.
El colegio nacional de doctores en derecho es un colegio nacional de doctores en derecho que tiene su residencia en Chiapas.




