Lenia, la «ministra del pueblo» que impulsa fregar al pueblo
Cuando decides tener una familia eres consciente de que tu presente y tu futuro dependen de lo que hagas productivamente, del esfuerzo que dediques a tu vida para construir y garantizar el porvenir de tus hijos e, incluso, de tus nietos.
Por lo menos, el sistema económico mexicano, impulsado por las políticas públicas desde hace un siglo, ha brindado cierta garantía —quizá a medias— para que los padres de familia tengan solvencia económica durante el resto de sus años y, en su caso, puedan heredar el patrimonio que construyeron con sudor y lágrimas.
Hoy vemos que eso también lo quiere eliminar la Cuarta Transformación, bajo las siglas de operación del partido Morena. Aunque es cierto que en los años sesenta existía un cobro relacionado con las herencias, posteriormente fue eliminado todo lo concerniente al pago de impuestos por herencias y legados.
¿En qué cabeza cabe que un padre de familia trabaje 50 años de manera continua, desde el alba hasta entrada la noche, si bien le va? Pagó impuestos durante toda su vida laboral. La empresa para la que trabajó le descontó lo correspondiente; pagó el famoso IVA, las cuotas sindicales, la tenencia, el impuesto a la gasolina, las aportaciones al Seguro Social o al ISSSTE. Si compró una casa, también pagó al fisco. Pues sí, adivinó: la propuesta surge de la ministra autonombrada, ya con su registro en mano, como «ministra del pueblo», Lenia Batres Guadarrama.
La integrante de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la misma que dice «luchar por su México querido», ahora sostiene que existe una injusticia porque millones de hijos e hijas heredan los beneficios económicos que sus padres construyeron. Según su argumento, lo justo sería que ese dinero se quedara en manos del gobierno.
No cabe duda de que el poder de sometimiento de quienes abrazan la camiseta de Morena anda perdido en el espacio, confundiendo el «gimnasio con la magnesia». Pero eso no es lo peor; lo verdaderamente grave es que, sin el menor remordimiento, una propuesta de esa naturaleza haya llegado a una sesión del Pleno de la Corte.
El tema no es para dejarlo archivado. Lo que propone Lenia Batres, que las herencias y los legados deban pagar impuestos, ni siquiera debería discutirse, pues el trabajador ya se partió el lomo durante toda su vida como para que ahora salgan con esta cantaleta.
Además, la señora ministra defendió que los recursos de las cuentas individuales de las Afores entregados a los beneficiarios de trabajadores fallecidos no deben quedar exentos del Impuesto Sobre la Renta (ISR) por decisión judicial.
La semana pasada, afortunadamente, la Corte rechazó un proyecto que buscaba establecer el cobro de ese gravamen. No, pues sí está en chino lo que les espera a los mexicanos si hasta los muertos, antes de entregar el equipo, tienen que dejar pagados sus impuestos.
Por lo menos, la mayoría de los integrantes del Pleno de la SCJN consideró que el retiro de esos recursos es equiparable a una herencia o un legado y, por lo tanto, no debe pagar ISR. La votación fue de seis votos en contra del proyecto y tres a favor. Respaldaron la propuesta la propia Lenia Batres, así como las ministras Sara Irene Herrerías Guerra y María Estela Ríos González. El ministro Giovanni Figueroa Mejía inicialmente manifestó su respaldo al proyecto, pero posteriormente modificó su postura y votó en contra.
Si otros países aplican ese criterio, como dice la ministra, que así lo hagan, pero no en México, donde ahora el sistema pretende recuperar, mediante impuestos, parte de lo que antes otorgó. ¿Será entonces que en realidad ya no hay dinero con tanta beca y tantos programas del bienestar que se entregan desde la infancia hasta la vejez?
La distribución de la riqueza, que no pertenece ni a los políticos ni a los funcionarios, debe plantearse mediante propuestas viables, no con iniciativas cuya finalidad sea perjudicar al prójimo.
Los recursos acumulados en las Afores no fueron un regalo para millones de hombres y mujeres mexicanos. Son producto del trabajo de cada persona y, si ésta fallece, ¿por qué esa maldita propuesta pretende que quienes los hereden también paguen Impuesto Sobre la Renta?
Cree Lenia Batres «que lo injusto es que no se graven las herencias y los legados, porque una persona recibe un recurso que no provino de su esfuerzo y que, en estricto sentido, reproduce desigualdades sociales». La pregunta entonces es simple: ¿para qué trabajarían los mexicanos en el futuro si sus ahorros, prestaciones y demás bienes terminarán gravados para beneficiar al gobierno? No, pues sí que vamos camino a la dictadura perfecta, como ya lo habían señalado.
Seguramente el tema será retomado en el Poder Legislativo y, si ahí lo convierten en ley, más vale que vayamos pensando en que nuestra calidad de vida podría ser incluso peor que la de los cubanos.




