Mario Caballero
El elefante en la habitación
Hay un elefante en la habitación que casi nadie ha querido ver, pero ahí está.
Es un elefante enorme, gigante, de gran dimensión y peligroso. Lo difícil es no verlo. Todos, ciudadanos, autoridades, medios de comunicación, organizaciones civiles, etcétera, fingimos no verlo, aunque a nuestro paso tenemos que esquivarlo, rodearlo y burlarlo para no tropezar con él.
Ahí está en medio del cuarto, estorbando, complicando el avance, ocupando un espacio inmenso, ocasionando estragos, gastos y preocupaciones. Sonará ridículo, pero dormimos todos los días a su lado, pegaditos, sintiendo sus hedores, corriendo el riesgo de morir aplastados bajo su peso y, aun así, unos lo niegan, otros aseguran no verlo y una gran mayoría se esfuerza por querer ignorar su existencia.
Ese elefante es el deterioro de la democracia en México.
HAY QUE HABLAR
Por desgracia, a muchos les parece que hablar de democracia es perder el tiempo. Y se les comprende, sobre todo considerando esa sensación casi generalizada de que el sistema no resuelve los problemas diarios de la sociedad, como la pobreza, la salud y la inseguridad. Las crisis económicas y la corrupción generan una gran desconfianza en los políticos y las leyes, llevando a la apatía electoral.
Sin embargo, es necesario hablar de la democracia en nuestro país. Debatir sus pormenores. Cuestionar cómo va, hacia dónde se dirige y cuál es su salud actual. Analizar con información confiable y verificable si está avanzando o va para atrás.
La democracia es clave para evitar que se pierdan los derechos, libertades y el equilibrio de poderes logrados.
Si la sociedad mexicana no discute este tema, lo que viene es que las instituciones de contrapeso se debiliten, aumente la corrupción, la desigualdad y la vulnerabilidad frente a poderes fácticos como el crimen organizado.
Pero hay una buena noticia.
Mientras en nuestro país muchos se resisten a hablar del asunto, otros lo hacen por ellos. Durante la última reunión de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina (COPPPAL), que reúne a varias decenas de partidos democráticos de la mayoría de los países de nuestro subcontinente, llevada a cabo a inicios de esta semana en la Ciudad de México, hubo un consenso de que México dejó de ser un régimen político democrático para convertirse en un “régimen híbrido”.
RADIOGRAFÍA DEL DETERIORO
Jesús Zambrano Grijalva, exdirigente nacional del desaparecido Partido de la Revolución Democrática, publicó un minucioso artículo acerca de qué ha sido de nuestra democracia en los últimos años, cómo es vista desde otras latitudes del mundo y cuál es el deterioro que presenta en la actualidad para que México sea considerado un régimen híbrido.
Lo cito palabra por palabra para no deformar su análisis:
“Dicho de otra manera, no somos una dictadura en el sentido clásico porque todavía tenemos formalmente elecciones y una división de poderes en la letra de las leyes y la Constitución, pero todo está controlado por el poder ejecutivo, por la Presidencia de la República. Peor aún, ahora señalado este régimen político como un narcoestado debido a sus alianzas con el crimen organizado”.
(Sería muy torpe no aceptar este argumento. México tiene división de poderes, pero sólo en el papel. Tanto el Legislativo como el Judicial están bajo el control del partido gobernante. Por eso, no yerra el viejo perredista al afirmar que las funciones y atribuciones de ambos órganos constitucionales obedecen a los caprichos y apetencias de la Presidencia de la República. Prueba de ello son las sentencias por consigna o la aprobación de leyes y reformas fast track).
Continúa:
“En México ya no están vigentes los preceptos básicos de la gobernanza y la gobernabilidad democráticas -cuyo sustento es el respeto al Estado de Derecho, a la pluralidad política y la libertad de pensamiento- ni el derecho al voto libre e informado, el acceso a la información pública, como tampoco la división de poderes ni el control constitucional de ningún órgano autónomo sobre los actos y excesos del gobierno.
“Esas libertades, que fueron conquistadas gracias al esfuerzo de varias generaciones hasta lograr la transición democrática, han dejado de existir en los hechos, aunque formalmente pareciera que nada ha cambiado. Paulatinamente, uno tras otro, nos han ido arrebatando derechos. Grado tras grado, la temperatura autoritaria de corte dictatorial ha ido subiendo para que la sociedad “no se queje” y que vaya creyendo que esto no va a empeorar, que no llegaremos a ser como la Venezuela de Chávez y después Maduro.
“Pero resulta que ya estamos en eso. Mucha gente piensa que, como tenemos medios de comunicación que funcionan, una conferencia mañanera presidencial diariamente y que como no tenemos a los militares patrullando las calles, como en los gobiernos dictatoriales, no hay motivos para preocuparse. Pero eso es mera fachada. No caigamos en los engañamos con las “postverdades” gubernamentales, que no son otra cosa que la tergiversación de la realidad para decirnos que lo que es negro es blanco, que ya no hay inseguridad ni corrupción, que no hay inflación ni desempleo, ni desabasto de medicinas, ni abandono de la educación, ni estancamiento económico, ni nada de eso, sino que “vamos muy bien” y que por eso la gente más necesitada sigue recibiendo sus programas sociales.
“Estas postverdades gubernamentales ocultan, para engañar, que a los militares ya los tenemos hasta en la sopa y ahora hasta en las cervezas del Tren Maya. Y bajo el demagógico discurso de la defensa de la soberanía, ante las exigencias del gobierno de los Estados Unidos de que el de México cumpla con los tratados de extradición y detenga a Rocha Moya, se oculta la inmoral y condenable alianza del obradorismo (con Morena y Claudia Sheinbaum a la cabeza) con el crimen organizado para ganar elecciones a cambio de entregarles casi la mitad del territorio nacional.
“Estas son algunas muestras del por qué en México tenemos una “gobernabilidad autoritaria”, un régimen político híbrido, como lo consideran en la mayoría de los países latinoamericanos y del mundo. Esto nos avergüenza. Y no debiera continuar”.
PENSÁNDOLO BIEN
Es cierto, en materia de democracia, México ha dado no un paso sino un salto monumental hacia atrás.
Al ser eliminados los organismos autónomos, se le cerró la puerta a la transparencia, la rendición de cuentas y el escrutinio público. Al ser colocada una persona afín al partido oficialista al frente del INE, el árbitro electoral perdió credibilidad en toda su actuación. Al hacer una interpretación sesgada de la norma electoral para inflar una mayoría legislativa espuria, irreal, que no fue ganada en las urnas, le dio al Gobierno Federal la capacidad de aprobar, eliminar y destruir lo que le venga en gana y sin necesidad de negociar con la oposición. Y al reformar la Constitución para elegir a los jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial mediante un proceso electoral sucio y con el uso de “acordeones”, la 4T se adueñó de la justicia.
Algo similar sucedió en Venezuela.
Pensándolo bien, no es correcto calificar esto como un deterioro de la democracia. Lo correcto –supongo- es nombrarlo por lo que es en los hechos: una devastación democrática.
yomariocaballero@gmail.com




