El impacto negativo de las madres buscadoras
La revolución que ha causado el pato Merlín en México ha sido un ejemplo de cómo los mexicanos se las ingenian para llamar la atención. Ahora, con las redes sociales, acontecimientos atípicos, sensacionalistas y, al mismo tiempo, con cierto espíritu “nacionalista”, brotan como la espuma.
Para quienes ya no son tan jóvenes, durante el Mundial de 1986, celebrado en México, resurgió y retumbó como una sensación la aparición de la chica “Chiquitibum”, una joven de apenas 20 años que participó en un comercial de cerveza. Aunque apareció en las gradas durante apenas unos segundos, su fama se inmortalizó y se convirtió en la protagonista de aquella fiesta futbolera.
Mar Castro era su nombre. Modelo y actriz española, se encumbró como la “Novia del Mundial de 1986”. Desde entonces, el Estadio Azteca fue el escenario perfecto que la televisión mexicana inmortalizó.
Cuarenta años después, quien roba cámara es el ya famoso vigilante y vendedor ambulante de la Ciudad de México: el pato Merlín. El viernes pasado fue invitado por la presidenta a la conferencia mañanera y este lunes, durante 15 minutos, Claudia Sheinbaum atendió de manera pronta y expedita este caso que calificó como un acto de humanismo. Explicó que sus dueños, una familia que forma parte de la economía informal, como millones de personas en el país, lucha día a día y a brazo partido por sobrevivir.
Sin embargo, la atención que la presidenta brindó al pato Merlín ha resultado contradictoria. Por una parte, continúan las críticas hacia la mandataria por buscar capitalizar una fama que incluso ya ha trascendido fronteras.
En este contexto, los críticos de la Cuarta Transformación se han encargado de cuestionar esta acción de la presidenta de México, pues consideran que dedica tiempo al fenómeno mediático, pero no abre espacios para escuchar los reclamos de los colectivos de madres buscadoras del país.
Se trata de un sector que sufre la desaparición de sus hijos e hijas y que, de acuerdo con las estadísticas oficiales más recientes, suma casi 132 mil 500 personas no localizadas.
En las constantes denuncias de colectivos y madres que, por separado, exigen ser atendidas por la presidenta, se expresa una profunda inconformidad por la falta de seguimiento a los casos denunciados. Su grito desesperado ha resonado en las redacciones de los medios de comunicación, que documentan estas exigencias y la percepción de que la presidenta no les responde.
Afirman que se trata de un problema sistémico e integral, en el que las autoridades no las han acompañado como debieran, las mujeres que no saben nada del paradero de sus hijos e hijas, claman un poco de sensibilidad por parte de la mandataria.
En respuesta, la mañana del martes, la presidenta se encargó de aclarar su postura y refutar las críticas a su forma de gobernar. Señaló que no tiene la obligación de informar públicamente a quiénes recibe y atiende, y aseguró que son muchas las personas con las que se reúne, tanto en su oficina como durante las giras que realiza los fines de semana por las entidades del país.
Fue tan contundente que aseguró: “Sí he recibido a las madres buscadoras, pero no lo hago mediático”. Esa tarea, dijo, la desempeña muy bien la titular de la Secretaría de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, mientras que ella (la presidenta) atiende únicamente los casos más delicados.
Claro que podemos creer en lo que afirma la mandataria; sin embargo, también habría que reconocer que su postura puede resultar contraproducente. Le generaría mayor confianza y simpatía si atendiera públicamente a los colectivos y fueran ellos mismos quienes difundieran que fueron recibidos y escuchados.
Se entiende que el tema de las personas desaparecidas es tan escabroso como compleja la tarea de encontrarlas con vida. No necesariamente porque no exista voluntad para lograrlo, sino porque la violencia y los métodos utilizados por los grupos criminales hacen casi imposible localizar con vida a muchas de ellas o, en su caso, recuperar los restos de miles de personas dispersas en todo el territorio nacional.
En resumen, pareciera que la presidenta está siendo mal asesorada, pues no es lo mismo la vida de un pato que la de un ser humano. Los significados se contraponen y, por mucho, quienes disfrutan de la fama de Merlín y de la fiesta futbolera seguramente no han sufrido la pérdida de un familiar o un amigo a manos de los grupos armados que operan en distintas regiones del país.
La fiesta futbolera concluirá en menos de un mes. Después de ello, ¿qué seguirá? La situación podría agravarse. Por eso, la sugerencia es acercar el diálogo entre las madres buscadoras y la presidenta de México. Aunque no se encuentren respuestas concretas en el corto plazo, de antemano se sabe que se trata de una problemática sumamente difícil de resolver, incluso cuando exista toda la voluntad por parte de las autoridades gubernamentales.




