“La pelota no se mancha”; el Mundial y sus contradicciones
La despedida de Diego Armando Maradona en La Bombonera, casa de Boca Juniors en aquel lejano 2001, dejó una de las frases más memorables: “La pelota no se mancha”, donde el ex astro de la albiceleste dejó en claro que ninguna situación extracancha o política debe arruinar el fútbol, haciendo alusión a su propia vida descontrolada e inmoral, pero los acontecimientos suscitados previos a la justa mundialista, deja en claro que el balón ya está muy contaminado.
En primer lugar, la designación de tres sedes para esta emisión abarcaría una logística titánica, aunado a que estiman que el aumento de 32 a 48 participantes, haría de la fase de grupos un torneo cansado y aburrido, ya que muchos de los países en los grupos ya tienen prácticamente el boleto a los dieciseisavos de final.
Eso sin tener en cuenta que dos de los países anfitriones carecen de espíritu futbolero, siendo otros deportes de interés, como es el caso de Estados Unidos y Canadá; esto ya se está notando en el ambiente en las ciudades sedes de ambos países del norte del continente americano; en cambio, México, a pesar de que sólo tres ciudades serán sedes, la mayoría de las calles de todas las ciudades, pueblos y municipios, ya se siente el espíritu mundialista; tan solo con asomarse a los centros, supermercados, Oxxos, plazas y demás establecimientos.
No obstante, a pesar de que la afición más numerosa de esta justa tendrá en casa el Mundial, parece ser que su propia gente no está invitada: los altos costos de las entradas −eso sin tener en cuenta los altos costos de bebidas o alimentos−, las restricciones a los propios dueños de los palcos, las restricciones al público en general en el perímetro de los estadios y la gentrificación que se intensificó tras organizarse este torneo en la Ciudad de México. Tampoco descartemos las restricciones a establecimientos que transmitan de manera “no autorizada” los enfrentamientos del torneo, lo que ha despertado un odio entre los internautas.
Eso sin tener en cuenta, el contexto político en que se recibe el torneo: las protestas de la CNTE, las madres buscadoras y el descontento social a esta administración; al parecer, todo indica que a la presidenta de México será pitada, al igual que Gustavo Díaz Ordaz en el 70 y Miguel De la Madrid en el 86, o recientemente le pasó a Vilma Russell en Brasil 2014.
Si bien se puede presumir que México es anfitrión por tercera vez y ya tiene experiencia en hacer dos de las ediciones más memorables, sobre todo por encumbrar como campeones a dos pesos pesados: Pelé y Maradona, y al menos con la lista de cracks que llegan, se espera que en esta edición otro mito del fútbol se encumbre; pero, en el caso de Estados Unidos, la cosa se complica.
Si en las emisiones anteriores se criticó con lupa y de manera mordaz la designación de Rusia y Qatar para disputar los mundiales anteriores; por no tener una tradición futbolística (a excepción de Rusia) y sobre todo en el tema de los derechos humanos: ambas naciones, en sus leyes castigan a la comunidad LGBTQ+ y en el caso de Qatar, las mujeres estuvieron limitadas, eso sin contar que en la edición del 2022, se cambió de manera drástica el calendario y se abrieron zonas exclusivas para que se pudieran ingerir bebidas alcohólicas; en este sentido, ambos países y la propia FIFA llegaron acuerdos para que esas ediciones fueran memorables, a pesar de las polémicas en sus sedes, misma que llevó al FIFAGATE y a que Estados Unidos a regañadientes compartiera sede en el país azteca.
Ahora bien, regresando al asunto de que “la pelota no se mancha”, los temas extra canchas y políticos están a la orden del día, como mencionamos, los dos anfitriones anteriores a pesar de sus leyes y una cultura arcaica para nuestros días, se mostraron flexibles, Estados Unidos está demostrando con creces que es un pésimo anfitrión: las hostilidades hacia ciertas selecciones de África y Asia, respectivamente, las deportaciones al staff de estas y árbitros que la misma FIFA designó, pero lo más denigrante le tocó a Irán, quien usará a Tijuana como base y solo podrá acceder a territorio estadounidense para disputar el partido, pero solo debe permanecer 24 horas.
Recordemos que, con el conflicto entre Rusia y Ucrania, el propio organismo de fútbol vetó a los rusos de todo certamen y fueron descalificados de manera automática: entonces ¿Por qué la FIFA no le quitó la sede a Estados Unidos? Peor aún, cuando esta generó un conflicto armado con Irán, por lo tanto, queda claro que no se usan los mismos criterios.
Respecto a las rencillas de Estados Unidos con Medio Oriente, hay que recordar un capítulo suscitado en el Mundial de Francia 98, donde los actuales anfitriones se enfrentaron con Irán en la fase de grupos: ese encuentro, más allá del resultado deportivo, se destacó por la muestra de “fairplay” de ambas escuadras, donde se dieron rosas, se tomaron una foto y disputaron el encuentro de manera limpia.
En fin, al menos para este certamen se espera que México logré superar fantasmas de mundiales pasadas y tenga una actuación memorable.




