• Varias estructuras se han venido abajo debido al fuerte impacto de las olas, que no cesan en el litoral chiapaneco
José Cancino
La palapa del Tigre, una de las más antiguas en el corredor gastronómico de playa San Benito, se cae a pedazos y no hay poder humano que pueda frenar la intromisión del mar.
La mañana de esta martes 9 de junio, uno de las estructuras soltó un sórdido crujido y todos los trabajadores se echaron a correr. Sabían que por debajo de los cimientos los brazos de agua salina sacudirían el concreto y lo echarían abajo. Y así ocurrió.
Al menos ocho palapas de este sitio turístico han quedado reducidas a escombros. La división de tierra y mar ya no se distingue y enormes piedras, revueltas con estructuras que servían para detener el golpeteo del océano Pacífico, han cedido y quedado en añicos por doquier.
Una mujer, de origen extranjero, ha relatado cómo cree que funciona el fenómeno de mar de fondo. “Primero el agua se revuelve por las corrientes marinas alteradas, después busca salir hacia la superficie y no pega directo, va rascando por debajo, por eso se ve así”, afirma.
El impacto de las olas ha propiciado una alerta generalizada entre habitantes de este poblado pegado al mar, que no es la primera vez que resiente el reclamo de la inmensidad marina.
Desde hace una década, los golpes a sus viviendas y establecimientos ha sido una constante de forma anual, pero en esta ocasión, a decir de los afectados, el “mar sí se puso más bravo”.
Lugareños han solicitado la pronta intervención de las autoridades estatales y federales, ya que el trabajo podría ser descomunal para la administración municipal en un hecho que, ahora sí, ha dañado hasta las entrañas de la comunidad de Puerto Madero.




