Mario Caballero
Por una universidad con alma
Leí y me gustó el artículo reciente del rector Oswaldo Chacón Rojas, y por varias razones.
La primera, nos invita a reflexionar acerca de los riesgos que implica el avance de la Inteligencia Artificial (IA) en la formación de las nuevas generaciones de estudiantes. Segunda, pone sobre la mesa el papel que deben desempeñar las universidades en esta época donde la tecnología dicta el ritmo de la innovación.
Tercera, y no menor en importancia, pondera ajustar los modelos educativos de tal manera que al final de su preparación, los estudiantes no sólo sean capaces de desarrollar habilidades y competencias mediante el uso de la digitalización, sino también de sentir, crear y ser empáticos. En otras palabras, una formación integral, pero con sentido humano.
LA PREMISA
El título del artículo es “Una educación superior con alma” y parte de la premisa profundamente arraigada en las cosmovisiones de nuestros pueblos originarios.
Dice: “En los Altos de Chiapas, los ancianos tzotziles y tzeltales suelen enseñar que el ser humano no nace solo, nace con un ch’ulel -esa fuerza vital que los antropólogos llaman “alma”-, que se va formando, nutriendo y completando a lo largo de la vida, en el aprendizaje constante. En la pedagogía indígena maya de la región, se tiene claro que el aprendizaje no es solo acumular información, sino sobre todo nutrir y completar ese ch’ulel a lo largo de la vida. Se busca formar un ser humano completo, lo cual incluye a la mente, el corazón, el cuerpo y el alma”.
Es cierto, el ch’ulel, por su misma etimología, se interpreta como algo que no es estático, sino que crece, alimenta y completa a lo largo de la existencia mediante el aprendizaje constante. Bajo esa perspectiva –infiere Chacón Rojas- la educación no puede reducirse a la fría y maquínica acumulación de conocimiento e información. El aprendizaje debe ser, asimismo, un vehículo para nutrir el espíritu, forjar el carácter y desarrollar la empatía.
LA IA Y EL VACÍO EDUCATIVO
Si la aparición de las redes sociales vino a acelerar el flujo de la información, acercarnos, mejorar la manera en que nos comunicamos y modificar las técnicas, herramientas y medios de comunicación, el avance vertiginoso de la inteligencia artificial ha transformado el ecosistema del conocimiento.
Hoy en día, la IA puede realizar tareas cognitivas complejas, procesar datos masivos, personalizar rutas de aprendizaje y automatizar procesos que antes tomaban años de investigación. Es claramente un avance para la humanidad.
Sin embargo, esta herramienta plantea un riesgo latente: la tentación de delegar en las máquinas el trabajo intelectual, lo que podría llevar a las universidades no a formar sino a fabricar estudiantes altamente capacitados, pero carentes de conciencia social, sentido ético y profundidad humana.
Por lo mismo, el rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas cuestiona lo siguiente:
“¿Qué tipo de ser humano estamos formando en este nuevo entorno tecnológico? ¿Estamos formando personas con alma (pensamiento crítico profundo, resiliencia emocional, creatividad auténtica) o solo profesionales altamente productivos? ¿Estamos dispuestos a aceptar una educación sin alma solo porque es más eficiente? ¿Puede existir una educación superior sin alma en un contexto de profundas desigualdades? ¿Qué riesgos representa que la IA realice las tareas cognitivas mientras dejamos de cultivar la conciencia, la empatía y el sentido ético? ¿Qué cambios estructurales (curriculares, pedagógicos, evaluativos) serían necesarios para humanizar la educación superior?”.
Hay en estas preguntas una gran encrucijada para las universidades. Pues bien lo advierte el rector Oswaldo Chacón sobre que una educación superior sin alma no es sinónimo de progreso, sino de vacío. Y es que si las universidades se limitan a ser fábricas de habilidades técnicas, corremos el peligro de perder lo más valioso que posee la humanidad. Esto es, el pensamiento crítico, la capacidad de cuidar el uno del otro y la creatividad auténtica.
Es verdad, muchos estudiantes, no sólo universitarios sino de diferentes niveles, se apoyan en la IA para realizar sus tareas, investigaciones y hasta los más simples cálculos aritméticos. Se están volviendo hábiles en hacer trampa y están volviéndose flojos y provocándose un daño en su propio desarrollo intelectual. Quizá parezca un comentario maniqueo, pero la IA está logrando acelerar los resultados pero a costa del aprendizaje real y la deshumanización del conocimiento.
Frente a esta situación, el verdadero reto institucional no es decirle “no” a la tecnología, prohibirla o ignorarla, sino en saber integrarla sin abdicar a nuestra raíz humana.
EL ch’ulel EN LAS AULAS
No se puede poner en duda que el ecosistema inteligente es un aliado extraordinario para democratizar el conocimiento. El peligro, refiere Chacón Rojas, es si “permitimos que la tecnología dicte el centro de la educación […]. Y debemos ser claros, la IA no tiene ch’ulel, ni lo alimenta. No puede fortalecer el sentido de pertenencia comunitaria de un alumno, ni despertar esa conciencia crítica que nos permite cuestionar el mundo y transformarlo. Esa aún es tarea de maestros y maestras en el aula de clases”.
Para hacerle frente a esto, el rector propone avanzar con la IA pero sin perder el alma y lo humano, que las universidades revisen y ajusten sus modelos educativos para lograr que estén orientados a completar el ch’ulel de sus estudiantes, promover la capacidad de sembrar conocimiento para el éxito profesional, pero cuidando el crecimiento del alma de cada alumno, buscando cosechar ciudadanos conscientes, solidarios y comprometidos con el bienestar de la sociedad a la que pertenecen.
Al final del artículo, Oswaldo Chacón lanza una reflexión que merece ser reproducida textualmente:
“Rescatar la filosofía del ch’ulel implica situar en el corazón de la educación superior aquello que ninguna máquina podrá jamás replicar, como la capacidad de sentir o de cuidar. No se trata de elegir entre tradición y modernidad, sino de reconocer que esta es la única vía posible si aspiramos a que la universidad siga siendo un bien público esencial y un verdadero motor de transformación social. Porque, en última instancia, lo que el mundo necesita no son solo algoritmos perfectos, sino jóvenes capaces de soñar con audacia, de resistir con dignidad y de construir un futuro genuinamente humano.”
UNA GRAN VENTAJA
Es fundamental destacar de este artículo que el pensamiento de Oswaldo Chacón sobre este tema representa una gran ventaja para la UNACH. Porque clarifica su visión sobre lo que quiere alcanzar para la máxima casa de estudios de Chiapas: una institución de educación superior de vanguardia, moderna, adentrada a la realidad tecnológica que nos ha tocado vivir, pero sin perder nunca de vista el sentido humano que debe permanecer en las aulas, la enseñanza, los docentes y los planes de estudio.
Pues la universidad debe ser un motor de transformación social, donde sus líderes promuevan un modelo humanista, y esto implica garantizar la inclusión y utilizar la modernidad tecnológica para enaltecer la dignidad humana y el servicio social, tal como el hoy rector de la Benemérita UNACH lo propone.
yomariocaballero@gmail.com




