PUNTOS FISCALES

Chihuahua: la marcha, el poder y la disputa por el norte

Por: José Luis León Robles                         

dj_drdead@hotmail.com 

La reciente marcha de Morena en Chihuahua no puede analizarse únicamente como un evento partidista más dentro del calendario político nacional. Sería simplificar demasiado un fenómeno que refleja tensiones históricas, cambios culturales, disputas territoriales y una transformación profunda en la relación entre el poder y la ciudadanía en México. Lo ocurrido en las calles chihuahuenses tiene un significado mucho mayor: representa la batalla simbólica por el norte del país y, al mismo tiempo, evidencia la manera en que Morena ha entendido la política contemporánea como una combinación de gobierno, narrativa y movilización permanente. Durante décadas, Chihuahua fue considerado un territorio difícil para la izquierda mexicana. No solamente por razones electorales, sino por cuestiones culturales y económicas profundamente arraigadas. La entidad construyó una identidad ligada al empresariado, a la industria maquiladora, al regionalismo norteño y a una visión política más cercana al federalismo y a la autonomía económica que a los proyectos centralizadores provenientes del centro del país. Desde los años ochenta, Chihuahua fue además un símbolo de resistencia política frente al viejo sistema priista. Ahí germinaron importantes movimientos ciudadanos que exigían elecciones limpias, alternancia y democracia electoral. Por eso, observar a Morena movilizando miles de personas en el estado tiene una carga política enorme. No se trata solamente de una concentración multitudinaria. Se trata de la evidencia de que el movimiento gobernante ha logrado penetrar regiones donde antes parecía ajeno o incluso rechazado. El partido fundado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador entendió desde hace tiempo que para consolidar un proyecto nacional debía conquistar no sólo el centro y el sur del país, sino también el norte industrial y fronterizo. La marcha en Chihuahua representa precisamente ese esfuerzo: la intención de demostrar que Morena ya no es únicamente un fenómeno político del sur popular y urbano, sino una maquinaria nacional con capacidad de operar en territorios históricamente dominados por otras fuerzas políticas. Sin embargo, las marchas políticas en México nunca son inocentes ni espontáneas en un sentido absoluto. Toda movilización masiva implica organización, recursos, logística y operación política. Eso no significa necesariamente que carezcan de legitimidad. Significa, más bien, que la política moderna funciona mediante estructuras capaces de convertir simpatía en presencia física y presencia física en percepción pública. La marcha en Chihuahua fue, en esencia, una escenificación del poder político. Pero no debe entenderse “escenificación” como algo falso. Toda política democrática tiene una dimensión teatral. Los actos públicos, los informes de gobierno, las campañas electorales, las conferencias y las marchas son representaciones destinadas a construir una percepción colectiva. El problema comienza cuando la representación sustituye completamente a la realidad. Y ahí aparece una de las principales interrogantes sobre Morena como fuerza gobernante: ¿la movilización sigue siendo un instrumento de participación popular o se ha convertido en una estrategia permanente de validación política. Hoy Morena ya no es oposición. Es el grupo político dominante en México. Controla la Presidencia, posee mayoría en numerosos congresos estatales, gobierna gran parte del país y tiene una enorme influencia en la agenda pública nacional. En consecuencia, las marchas adquieren un significado distinto. Ya no son solamente expresiones de resistencia; son también demostraciones de capacidad de control político y territorial. En Chihuahua esto adquiere una dimensión especial porque el estado representa uno de los espacios donde la disputa ideológica sigue abierta. A diferencia de otras regiones donde Morena ha consolidado hegemonías casi absolutas, en Chihuahua persiste una cultura política crítica hacia el centralismo federal y hacia ciertas políticas del oficialismo. Espero que este tema haya sido de su total agrado, y si el creador nos lo permite, nos estaremos leyendo la siguiente semana en esta su columna.

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